viernes, 6 de mayo de 2011

Robert Johnson y el pacto con el diablo



El pacto del aspirante a guitarrista que vende su alma al diablo a cambio de un talento sobrenatural para el blues no sólo figura en la leyenda de Robert Johnson, forma parte también de la propaganda turística del estado de Mississippi. Este asunto mefistofélico del que no se sabe realmente gran cosa se ha convertido en uno de los episodios más famosos en la saga del Delta. Ted Gioia, autor de uno de los dos mejores libros sobre el blues que existen, sostiene que pudo haber sido el mismo Johnson el que inventó y difundió el relato de su negociación con Lucifer, aunque la leyenda no se hiciese realmente popular hasta los años sesenta en que la gente se preguntaba si aquel al que algunos llamaban «el abuelo del rock and roll» era el que había hecho tratos con el Averno en un cruce de caminos.

Si en la historia de Robert Johnson sale a colación el diablo, la presencia de Dios ayudaría a explicarla. El Todopoderoso dedicó seis días a la creación, y al séptimo descansó. Johnson grabó en cinco el disco que cambió la historia de la música y los otros dos los pasó entre la cárcel y los brazos de quienes le acogían. Para comprenderlo hay que tener en cuenta que la América de la Gran Depresión no era el Edén de la Biblia.

Estados Unidos se prepara para celebrar el centenario del nacimiento del negro que más influyó en las generaciones venideras de músicos. Verdaderamente en lo único en que los historiadores están de acuerdo es en la fecha en que Johnson vino al mundo: 8 de mayo de 1911. El resto es un caos. Por no hablar de su muerte, en 1938 a los veintisiete años, recordada como un maldito y oscuro thriller.

Se ha dicho que a Robert Johnson lo asesinó un marido celoso para vengar la traición de su esposa. También que fue envenenado por una de sus amantes abandonadas. Muchas de las grandes canciones que escribió Johnson -Come on my kitchen, Kindhearted woman blues o Love in vain- están inspiradas en mujeres; él solía frecuentar a las más feas para evitar los riesgos de tener que enfrentarse a sus posibles novios agraviados. Cuentan que murió al instante, después de haber doblado las rodillas y de ladrar como un perro. Sin embargo, hay quienes sostienen que entregó su alma tras una larga agonía mientras ardía lentamente en whisky. «Nunca se supo la verdad», recordó Johnny Shines, que compartió con él los polvorientos caminos, de un lugar a otro, como si fuesen personajes de Twain.

En el Delta por aquellos años había muchos Robert Johnson y algunos de ellos tocaban el blues, pero ninguno con esa capacidad de arrullar e insinuar; tampoco que haya vendido más discos, gustado o influido de la misma manera que él. Dylan, Eric Clapton, Keith Richards, Neil Young, Jeff Beck y decenas de estrellas del rock se consideran deudores de su música, de aquella forma incomparable de rasguear la guitarra, emitir aullidos o susurros. Ni Son House, que tanto le gustaba al joven Robert Leroy, ni Charley Patton, tuvieron tantos adeptos ni éxito póstumo.

Cien años después de su nacimiento se sabe que en su pacto con el diablo estaba incluida la inmortalidad.

LUIS M. ALONSO

3 comentarios:

  1. Aguante Robert!!!!!!!!!

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  2. prefiero el blues mas moderno, el eléctrico. BB King, Wolf, etc.

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  3. Perdón Jorgitooooo, se de tu amor por el viejo blues.

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