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domingo, 25 de julio de 2010

La vida


La vida canta en nuestros silencios y sueña en nuestro sopor. Aún cuando estamos vencidos y tristes, la Vida está entronizada en lo alto. Y cuando lloramos, la Vida sonríe a la luz del día, y es libre aún cuando arrastramos nuestras cadenas. Muchas veces la nombramos con nombres amargos, pero sólo cuando nos sentimos amargos y oscuros.
Y la juzgamos inútil y vacía, pero sólo cuando el alma vaga por lugares desolados y el corazón esta ebrio de excesiva preocupación por sí mismo.La Vida es profunda y alta y distante; y aunque vuestra vasta visión apenas alcance a sus pies, ella está cerca; y aunque sólo el aliento de vuestro aliento llegue a su corazón, la sombra de vuestra sombra cruza su rostro y el eco del más débil de vuestros gritos se convierte en su pecho en otoño y primavera.
Y la vida está velada y oculta, así como está oculto y velado vuestro ser más íntimo. Pero cuando la Vida habla, todos los vientos se vuelven palabras; y cuando vuelve a hablar, las sonrisas en nuestros labios y las lágrimas en nuestros ojos se hacen palabras también. Cuando ella canta, los sordos oyen y quedan cautivados; y cuando viene andando, los ciegos la ven y se quedan pasmados, y la siguen maravillados y atónitos.
Khalil gibran.

lunes, 26 de octubre de 2009

Las puertas del paraíso

Un samurai se presentó delante del Maestro Zen Hakuin y le preguntó:
-¿Existen realmente el infierno y el paraíso?
-¿Quién eres tú? - Preguntó el Maestro.
-Soy el samurai...
-¡Tú, un guerrero! - Exclamó Hakuin.
Pero mírate bien¿qué señor va a querer tenerte a su servicio. Pareces un mendigo.
La cólera se apoderó del samurai. Aferró su sable y lo desenvainó. Hakuin continuó:
-¡Ha, incluso tienes un sable! - Pero seguramente eres muy torpe para cortarme la cabeza.
Fuera de sí, el samurai levantó su sable dispuesto a golpear al maestro. En ese momento éste dijo:
-Aquí se abren las puertas del infierno.
Sorprendido por la seguridad tranquila del Monje, el samurai envainó el sable y se inclinó respetuosamente.
-¡Aquí se abren las puertas del paraíso!

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Ansioso por conocer la madera de sándalo

Muchas veces el aspirante procede respecto a la verdad tan ignorantemente como el hombre de esta historia. No conocía la madera de sándalo, pero había escuchado mucho sobre sus excelencias. Nació así en él un fuerte deseo por conocer esa clase de madera tan ponderada y entonces decidió escribir a sus mejores amigos para pedirles un pedazo de esa clase de madera.De ese modo, escribió numerosas cartas a sus amigos y en todas ellas hacia la misma petición: Y un día, de repente, descubrió que el lápiz con el que llevaba meses escribiendo aquellas cartas eran precisamente de la olorosa madera de sándalo. El ser humano busca la felicidad fuera de él, cuando la verdadera y estable felicidad se halla en su interior. Pide lo que ya tiene, busca lo que nunca perdió.

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viernes, 11 de septiembre de 2009

EL VALIOSO TIEMPO

Me siento como aquel chico que ganó un paquete de golosinas: las primeras las comió con agrado, pero cuando percibió que quedaban pocas, comenzó a saborearlas profundamente.
.
Ya no tengo tiempo para reuniones interminables, donde se discuten estatutos, normas, procedimientos y reglamentos internos, sabiendo que no se va a lograr nada.

Ya no tengo tiempo para soportar absurdas personas que, a pesar de su edad cronológica, no han crecido.
Ya no tengo tiempo para lidiar con mediocridades.
No quiero estar en reuniones donde desfilan egos inflados.
No tolero a maniobreros y ventajeros.
Me molestan los envidiosos, que tratan de desacreditar a los más capaces, para apropiarse de sus lugares, talentos y logros.
Detesto, si soy testigo, de los defectos que genera la lucha por un majestuoso cargo.
Las personas no discuten contenidos, apenas los títulos.
Mi tiempo es escaso como para discutir títulos.
Quiero la esencia, mi alma tiene prisa... Sin muchas golosinas en el paquete...
Quiero vivir al lado de gente humana, muy humana.
Que sepa reír, de sus errores.
Que no se envanezca, con sus triunfos.
Que no se considere electa, antes de hora.
Que no huya, de sus responsabilidades.
Que defienda, la dignidad humana.
Y que desee tan sólo andar del lado de la verdad y la honradez.
Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena.
Quiero rodearme de gente, que sepa tocar el corazón de las personas…
Gente a quien los golpes duros de la vida, le enseñaron a crecer con toques suaves en el alma.
Sí… tengo prisa… por vivir con la intensidad que sólo la madurez puede dar.
Pretendo no desperdiciar parte alguna de las golosinas que me quedan…
Estoy seguro que serán más exquisitas que las que hasta ahora he comido.
Mi meta es llegar al final satisfecho y en paz con mis seres queridos y con mi conciencia.
Espero que la tuya sea la misma, porque de cualquier manera llegarás..."

De Mario de Andrade
Poeta, novelista, ensayista y musicólogo brasileño.-

viernes, 4 de septiembre de 2009

CAMINO A LA LIBERTAD


Libertad es la capacidad de visualizar un futuro mejor y concentrar nuestra atención, nuestra pasión y nuestras decisiones en ese futuro.
Es dominar nuestros pensamientos, sentimientos y acciones y dirigirlos correctamente.Es poder sacrificar lo inmediato y lo cómodo por algo mayor y mejor.
Es decidir hacer lo necesario para que el futuro exista.

Libertad es crecer pero no a expensas de otro. Es crecer en paciencia, en perseverancia, en amor, en fe, en confianza, en seguridad, y en la capacidad de producir resultados a través de una vida dirigida, por uno mismo, hacia objetivos dignos.
Si la libertad de uno o de unos, produce opresión en otros, entonces no es libertad, sino un capricho egocentrista.Este capricho lleva a irrespetar, dominar y controlar la vida de otros trayendo destrucción y violando los principios de la vida.
La libertad real produce respeto a la vida, y es regida y gobernada por principios y leyes. Es por esto, que las personas más libres son las que más se conocen y más se sujetan a producir resultados en sus vidas conforme a sus propósitos y sus razones de ser.
Entendemos hoy a los héroes, que se levantan cada día cumpliendo con sus metas, negándose a sí mismos en pro de sus propósitos, sabiendo que Dios es el protector y determinante del futuro de los que deciden vivir la libertad de ser lo que nacieron para ser.
Decisiones contundentes se están tomando en los corazones; decisiones que determinan el futuro.
Es tiempo de crear un camino nuevo hacia un futuro posible, es tiempo de saber que cada uno de nosotros puede hacer la diferencia.
La libertad sin sacrificio y esfuerzo no existe. Los errores del pasado crean el temple y el carácter necesarios para construir algo mejor. Nuestras decisiones diarias determinan ese futuro.

Si hoy decidimos respetar, amar, dar gracias y luchar por lo que creemos, mañana será diferente. Haremos tangible la verdad, la justicia y la libertad para nosotros y para una nueva generación.
Tu vida cambia en el momento que tomas una decisión integra, acorde y comprometida. La fuerza y el poder de una decisión y de sus consecuencias residen dentro de ti.
En otras palabras, ya la posees. Cuando decides lo que quieres encontrarás un camino, estarás determinando el éxito de tu decisión.

Tomar una decisión es comprometerte con el resultado, sin vacilación, sin pensar en otra posibilidad. Mientras más tomas decisiones, más habilidad tendrás en tomar decisiones acertadas. La repetición conduce a la habilidad: sé consistente y perseverante con tu decisión.

http://www.leonismoargentino.com.ar


domingo, 12 de julio de 2009

El triunfador



Iba con su coche de dieciséis válvulas
desplazándose sobre el asfalto,
con sus zapatos italianos
desplazándose sobre el parqué de su oficina…
y desnudo con un carísimo traje a medida
desplazándose por la soledad.


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sábado, 11 de julio de 2009

Mundano observador


Me pasa que voy caminando errante por las calles y me fijo en las gentes, imaginando y tratando de adivinarles, de advertir sus vidas en el más nimio gesto que profesen, en el más leve suspiro que de sus labios emanen, incluso en el más ligero ademán que se les escape en acto de saludo o tímido adiós. Me escondo de la contaminación acústica de la urbe para dejarme arrastrar por otra de un modo más melódico, la del mp3 en modo shuffle que tapona mis oídos y quizá me invita al cine mudo en tres dimensiones. Suenan Los Delincuentes, la próxima quizá sea La Excepción, es lo que llevo ahora, mezclando ritmos latinos con versos agudos, apuñalando con lengua viperina la calma sociedad y dando aliento con canciones a aquellas almas que buscan asirse a cualquiera que les diga que todo va bien y que puede mejorar. De falsas esperanzas todos se han cansado, pero resurge la fe en lo verdadero, en lo realizable, porque la esperanza en sí invita a una espera y ya iba siendo hora de dejarla a un lado y tirar el muro invisible que ésta siempre impone reteniéndote y evitando que realices aquello que anhelas. Todo llega, es cierto, pero si al mismo tiempo vas avanzando el camino se hace más llevadero, más animoso y enriquecedor.

Como decía, trato de adivinar los secretos más ocultos y las patrañas más sublimes de cada uno de los transeúntes con los que me cruzo y, a veces, quizá con demasiada frecuencia, me quedo embelesado mirando a lo lejos, al otro lado de la calle y agudizo los sentidos que aún me permiten intuir en lo que veo alguna historia. Caminando hacia el centro en busca de un autobús miro a mi derecha, hay cuatro carriles que me separan de una pareja. Ella se adelanta con paso enérgico y al tiempo meloso, él se queda atrás. Una pareja de ancianos adelantan la escena que los muchachos provocan a su diestra. Los veo venir mientras sigo andando y pronto tendré que parar o girar la cabeza para seguir el juego de los jóvenes ya recién acabada su adolescencia. La chica seria mantiene firme su paso y el chico no duda en quedarse unos metros atrás para acercarse como una fiera rápidamente y cogerla del brazo izquierdo. Ella no le mira de primeras, pero él le ofrece un beso en el cuello que no es más que el previo que le avisa de la accesibilidad de la fémina. Ella se vuelve y toma los labios del chico entre la carne de los suyos. Muy leve. Avanzan juntos. Imagino que acaban de despertar, no más de media hora atrás. Ella aún tiene el pelo algo enmarañado. Noche loca, no es muy temprano, el reloj roza las once. La chica, aturdida y ayunada corre llegando tarde a algún sitio.

Quizá a casa de sus padres, tal vez alguna cita con la esthéticienne. De cualquier manera huye con prisa, y es probable incluso que huya del muchacho que la acompaña, casi persiguiéndola por entre la gente que se cruza con ellos. Antes mencioné a una pareja de ancianos que les adelantaban por la acera, ellos también evocan en mi imaginación algunas miles de historias y no siempre con final feliz, pues la vida al avanzar la edad parece que nos dice que nuestro tiempo pasa y otros vienen detrás, los tiempos se hacen distantes, extraños y, en ocasiones, nos sorprendemos mirando con esa misma extrañeza a nuestro alrededor, como buscando retales del pasado, recuerdos olvidados en cualquier esquina o portón. Miramos a veces más allá y nos arremete como un soplido cálido una imagen del parque que tenemos frente a nosotros, el arrumaco que le dimos a aquella chica entre la vigorosa maleza de sus entresijos intentando rozar algo más que sus labios o su cara, adentrándonos con timidez por entre los pliegos de su ropa, advirtiendo esas arruguitas que nos decían un sí y no, que al mismo tiempo forzados, nos confundían.
Miramos la puerta de aquella gran iglesia en la gran vía y pensamos en la tienda que hay detrás y aún persiste, aquella en la que siempre parabas cuando tus pasos te llevaban a esa zona y la música que antes era parte de tu alma te arrastraba al más profundo de sus orígenes, los instrumentos que la ejecutaban. Muchos recuerdos que asocias irremisiblemente a todos esos viandantes que se aman entre ellos, que alzan un brazo para que a lo lejos se les identifique, el mendigo que pide dinero con su mal alfabeto desdibujado en el lateral de una cajita de cartón. A mi me pasa eso, que pienso mucho cuando me muevo de un sitio a otro, observo e imagino. Ahora entro en un gran centro comercial, me dirijo a la sección de libros, los nuevos son muy caros e interesado en el contenido más que en el continente me acerco a los de bolsillo ávido de nuevas aventuras y misterios desvelados.
Un hombre que se acerca a la jubilación prepara sus tardes de soledad cargando con clásicos de misterio e intriga. Mira con desgana los títulos pensando que le vale cualquiera con tal de dar relleno a ese tiempo que se le come, con tal de ver pasar el día de hora en hora en lugar de contar los segundos. Se coloca bien las gafas y al instante las baja un poco para mirar por encima de los cristales el libro que tiene ahora entre las manos. Isaac Asimov, el Hombre Bicentenario, que no él sino uno de sus personajes incluso llevados al cine, es la obra que tantea. Es barato leer aquellos que sobre una mesa allí se encuentran, pero su sueldo, imagino, hace que todo sea menos económico de lo que a simple vista pudiera parecer y mecido entre dudas lo vuelve a dejar en la pila y se dirige a la caja para pagar los cuatro que ya tenía y que estaban en oferta. Supongo que habrá pensado que la feria del libro está a la vuelta de la esquina y allí la cultura se regala a precio de puta como algunos suelen decir, respetando por supuesto lo relativo a esta profesión de tan antiguo ejercicio.
Antes comenté que iba a coger el autobús, finalmente me arrepentí y preferí echar a andar con paso calmo y disfrutar así de una mañana soleada entre las gentes y sus historias inconscientemente regaladas. Antes de decir adiós a aquel mundo de fantasía existente únicamente allí de donde brota el cuello y el resto de mi cuerpo, observo a una muchacha joven, no más de veintipocos años y advierto que ella también me observa a mi. Veo en ella el reflejo de lo que soy, un voyeur secreto, oculto entre la fauna urbana. Me sonríe y entonces le devuelvo con gratitud un guiño. Identificados el uno por el otro sigo mi camino mientras ella sigue el suyo, ciertamente no estoy solo. Hay más como yo, pienso. Luego existo, luego sigo caminando, divagando entre las sábanas de mi propia imaginación. Muchas vueltas después llego a casa, desconecto la música. Regreso al mundo real o, tal vez, a la ficción de otros.



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