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jueves, 1 de julio de 2010

Ay Roger ...


Nada es eterno en el deporte, siempre aparece alguien que es mejor que nosotros por lo menos ese día, pero si a eso lo ayudamos, damos demasiadas ventajas. Cuando tentamos al destino, la derrota es casi segura.
El tiempo pasa para todos y con el pasado no podemos ganar siempre, a nuestras virtudes y cualidades siempre tenemos que agregarle, trabajo y sacrificio.
A reflexionar y a darnos cuenta que con el prestigio no se juega... son cosas que pasan y que por suerte (y con trabajo) se puede recuperar. Seguís siendo el mas grande de la historia.

Por la vuelta...

domingo, 31 de enero de 2010

Nada mal ...


Hoy, en el Rod Laver Arena, fue un triunfo claro para el mejor de todos los tiempos ante el escocés, por 6-3, 6-4 y 7-6 (11), en 2 horas y 41 minutos.
Tan consistente fue lo de Federer que no se relajó ni cuando, estando dos sets arriba y definiendo el tercero en el tie break, su rival tuvo cinco sets points a favor.
Sabía que ese instante era único y que, más allá de la ventaja que tenía, no podía estirar la definición. Entonces, luchó como si fuera un match point en contra de la primera final de su carrera y, luego, su talento hizo el resto.

La desazón de Murray, tras no encontrarle nunca la vuelta al juego de Federer, era enorme.
Y había motivos para que fuera así. El escocés estaba ante la gran chance de ganar su primer Grand Slam y, además, de transformarse en el primer británico desde Fred Perry en 1936 en lograrlo. Los números de Federer, en cambio, no dejan de impresionar. Este fue su 16° título en 22 finales de Grand Slam. Nada mal, ¿no?



http://www.clarin.com


martes, 15 de septiembre de 2009

Del Potro: Tenía dos sueños, ganar el torneo y ser como Federer

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Juan Martín del Potro, que ganó el primer Grand Slam de su carrera tras batir en la final del Abierto de Estados Unidos al suizo Roger Federer, número uno del mundo, reconoció que el esfuerzo le recompensó con el cumplimiento de un sueño.

"Es el mejor momento de toda mi vida. Cumplí el sueño de mi vida, ganar este torneo y ni más ni menos que ante Roger. Aún no puedo explicar lo que siento porque ni yo sé lo que está pasando. Estoy más que feliz", indicó el tenista de Tandil, que no pudo conciliar el sueño en la noche antes del juego.

"Anoche fue terrible. Pedí a mis amigos que me entretuvieran porque no pude dormir. No sabía si pensar en el partido de Rafa o en la final. Y vine pronto al club y eso me ayudó a tratar de relajarme y disfrutar del momento", apuntó.

"El mal comienzo fue por los nervios. Iba a ser difícil entrar con tranquilidad. En mi torneo favorito y con el mejor jugador de la historia. Pero luego me pude centrar y terminé logrando lo que siempre quise", explicó el tenista sudamericano.

"Creo que cuando le rompí por primera vez fue la clave. Estaba sintiendo que él ya no estaba tan seguro y me acordé de los errores de la final de París. Sabía cual era la táctica para ganarle pero arranqué mal. Sentí luego que le partido podía ser para cualquiera de los dos. Aunque tuve que remontar en dos ocasiones. Hice todo lo que tenía que hacer", añadió.

Del Potro considera que Argentina será una fiesta: "Seguro que están festejando. Estarán todos locos sin entender lo que está pasando. Es un momento feliz porque saben lo que esto supone para mí. Ansiosos de vernos y festejarlo", apuntó el tenista argentino, que terminó llevándose el apoyo de la gente.

"Veía el reloj y el tiempo que llevábamos jugando pero no en como celebrar la victoria. Sólo disfrutaba de cada punto e intentaba ganar cada punto que estaba en juego. No quería ponerme nervioso. Sabía que estaba cerca del triunfo", aventuró el tenista argentino.

"No sé como va a seguir todo esto. El Abierto de Estados Unidos era mi sueño. Ser número uno es otro. Creo que voy por el camino correcto", añadió.

"No podía creer el ánimo de la gente porque Roger donde juegue es ídolo. Empezar a sentir que por momentos la gente se ponía de mi lado y disfrutaba del esfuerzo que hacía me ayudó mucho. Gracias a eso y a su respeto pude ganar", añadió.

EFE

lunes, 14 de septiembre de 2009

Grande entre los grandes: Del Potro logró la hazaña en Nueva York

Se consagró campeón del US Open al vencer a Roger Federer por 3-6, 7-6 (5), 4-6, 7-6 (4) y 6-2; ganó el Grand Slam que había conseguido Vilas, en 1977, y Sabatini, en 1990; luchó y se hizo fuerte para lograr el séptimo Major para el tenis argentino


NUEVA YORK.- No entra tanta alegría en ese envase de 1,98 metros. Juan Martín del Potro acaba de lograr algo muy grande, que, a sus 20 años, lo mete en la historia del tenis argentino. Esta ciudad fue testigo de una consagración inolvidable. El tandilense es el campeón del US Open, el último Grand Slam del año, ese título que, en 1977, ganó Guillermo Vilas, esa corona que también fue de Gabriela Sabatini, en 1990.

Nunca se dio por vencido Del Potro para vencer a la leyenda que ya es Roger Federer por 3-6, 7-6 (5), 4-6, 7-6 (4) y 6-2, en cuatro horas y 6 minutos de juego. Un partido inolvidable, en el que el argentino empezó mal, pero tuvo las armas para levantarse y lograr ese grito que siempre soñó, justo ante el N° 1 del mundo, quien no pudo lograr su sexto título consecutivo en Flushing Meadows. Fue como ganarle al dueño de casa, el hombre que más torneos de Grand Slam consiguió en la historia (15).

http://www.canchallena.com

domingo, 23 de agosto de 2009

Federer nunca se detiene


Parecía que la insólita y temprana eliminación en Montreal, tras ir ganándole 5 a 1 en el set definitivo a Tsonga, hablaba de una lógica relajación de parte del número 1 del mundo ya que recientemente había superado el récord de Pete Sampras y se había convertido en padre primerizo. Pero no, otra vez Federer echó por tierra todos los pronósticos, y se adjudicó el Master 1000 de Cincinnati.

El suizo, sin bien tuvo partidos complicados durante el torneo, por momentos se mostró muy superior a sus rivales en las instancias decisivas. De hecho, a Andy Murray y Novak Djokovic (semifinalista y finalista, respectivamente) los despachó en dos sets. Además, a ambos les ganó con facilidad la primera manga. Todos datos que lo muestran como el claro y merecido triunfador del campeonato que se jugó en cemento en Ohio, EEUU.

Ahora parece un mal recuerdo la final perdida en Wimbledon 2008, el bajón tenístico y anímico, y las lágrimas derramadas tras perder la final de Australia frente a Nadal. Federer nunca se detiene, es una máquina de ganar. A propósito, en una semana comienza el Abierto de Estados Unidos, el cuarto torneo de Grand Slam del año. En ese certamen el expreso viene de salir triunfante en sus últimas cinco ediciones. ¿Querrá seguir rompiendo récords?

http://www.fanaticos.com/
http://www.mepongodepie.com/


lunes, 6 de julio de 2009

Solo es cuestión de talento


La historia la escriben los grandes, dice la frase. Y el día soleado en la Catedral del tenis no estuvo ajeno a la afirmación. La historia se escribió a puño y letra del quizá mejor jugador de la historia del deporte de la raquetita aún vigente, en el Grand Slam más antiguo y prestigioso de todos.


El suizo, el mejor del mundo, el más ganador de Grand Slam, el interminable quebrador de récords, festejó con un grito el punto final de este histórico torneo y demostró una vez más que tiene sangre en las venas, y que todo es cuestión de talento.


http://www.ole.clarin.com
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domingo, 5 de julio de 2009

Federer puede con todos: Roddick, Sampras, Nadal...

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Victoria para Federer. Hace casi un año que abandonó el número uno de la ATP y otra vez está en la cima. La ausencia de Rafa Nadal en el torneo londinense ha brindado al suizo una oportunidad de oro que ha sabido aprovechar. Lejos queda la imagen del Federer rompiendo a llorar en Australia después de perder otra final contra el español; recordará esta temporada por convertirse en el tenista con más Grand Slam y también por haber conseguido, hace unas semanas, quitarse la espinita de Roland Garros.

Federer vuelve a ser el mejor. El suizo ha ganado su sexto Wimbledon y, con esta victoria, recupera el número uno de la ATP y se convierte en el mejor tenista de la historia.

De nuevo, Federer le ha vuelto a aguar la fiesta a Roddick. Ésta era la tercera final del estadounidense en Wimbledon y las tres veces se ha enfrentado al suizo aunque ésta ha sido la ocasión en la que ha estado más cerca de alcanzar el título.

http://www.soitu.es


Federer bate sus propios registros tras anotarse 50 "aces" en la final de hoy


El medio centenar de "aces" conseguido por el desde hoy tenista con más Grand Slam de la historia, Roger Federer, es un nuevo récord en los registros particulares del suizo, que nunca antes había conseguido tantos puntos de saque directo.

Su marca anterior se situaba en 39 "aces", una marca que logró en el Open de Australia del año 2008, cuando se enfrentó al serbio Janko Tipsarevic en tercera ronda del torneo y necesitó de cinco sets para deshacerse de él.

Federer se quedó a punto de batir el récord de "aces" en Wimbledon, un registro que está en manos del croata Ivo Karlovic, quien consiguió 51 y que posee el récord de saques directos con 55 en el último Roland Garros.

No te des por vencido ni aún vencido .....

Febrero 2009
Julio 2009


Pura alegría para mí..........

Federer, el más grande: campeón en Wimbledon y otra vez número 1

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En una final cargada de emoción le ganó al estadounidense Andy Roddick por 5-7, 7-6, 7-6, 3-6 y 16-14 y se convirtió en el máximo ganador de torneos de Grand Slam de la historia, con 15. Fue su sexto título en el pasto inglés.


El suizo Roger Federer reescribió hoy la historia del tenis al convertirse en el único jugador en ganar 15 títulos de Grand Slam después de derrotar al estadounidense Andy Roddick por 5-7, 7-6 (8-6), 7-6 (7-5), 3-6 y 16-14 en la final del torneo de Wimbledon. Federer rompió así el empate a 14 que mantenía con el estadounidense Pete Sampras, heptacampeón en el pasto de Londres y presente hoy en la histórica cita del 5 de julio de 2009.

A las 18:27 horas de Londres y tras 4:16 horas, Federer, de 27 años, se convirtió en el tenista más exitoso en los cuatro grandes torneos al ganar su sexto Wimbledon, y además recuperó el número uno del ranking mundial desplazando al español Rafael Nadal, campeón el año pasado y que hoy vio la final desde su casa, mientras se recupera de la lesión en las rodillas que le impidió defender el título.

Con dos aces y dos saques ganadores se apuntó Roddick el primer juego del partido. Una señal inequívoca de lo que iba a ser el partido del estadounidense, con el servicio bien armado durante todo el torneo. Hoy no iba a ser una excepción. Federer no sufría tampoco con el saque. Pero ambos eran mucho más que el servicio. Acertadas subidas a la red, buen juego de fondo, letales passings. Un equilibrio absoluto. Roddick no era un mero invitado a la cita con la historia de Federer. Conforme se acercó el final del set, el suizo presionó el saque de su oponente. Con 5-5 dispuso de los primeros puntos de quiebre, hasta cuatro, todos salvados por Roddick con ayuda de servicios a 220 kilómetros por hora. Roddick sobrevivió con su saque y con 6-5 aprovechó su oportunidad de quiebre para llevarse la manga. La fiesta de Federer, amenazada.

En el palco real, Sampras, con síntomas visible de jet-lag por su viaje desde Los Angeles, se preguntaba quizás: "¨Para qué hice tantas horas de vuelo?" A su lado, el español Manolo Santana, el mítico australiano Rod Laver -ganador dos veces del Grand Slam- y el sueco Bjorn Borg. Cuarenta Grand Slams juntos en una fila. La historia viva del tenis no se quería perder un acontecimiento que, por aquel momento, no era tal. Roddick, inabordable en el saque, llevó el segundo set, tensa, equilibrada hasta el tie-break. Con 6-2 y cuatro puntos de quiebre, tuvo a Federer caído, entre las cuerdas, sangrando. Pero con una mala volea alta de revés desperdició el último set point y Federer se levantó para ganar el parcial.

En cinco minutos, el suizo había pasado de estar al borde del precipicio a respirar, a estar vivo. Por eso lo festejó con un grito de ánimo, un "come on!" (¡vamos!) mirando a su mujer, embarazada, sufriente, atenuado por la ovación de las 15.000 personas de la central, que querían el triunfo de Federer para poder decir: "Yo estuve allí el 5 de julio de 2009, el día que Federer reescribió los libros de historia del tenis". El tercer set fue igual: una sucesión de juegos hasta el tie-break decisivo. Federer, el rey del desempate, lo volvió a ganar, más cómodamente que antes. Federer estaba a un set de la gloria. Pero el renovado Roddick no estaba dispuesto a ponerse a aplaudir, y quebró al suizo para ponerse 3-1 arriba en el cuarto. La final no iba a ser quizás tan dramática como la de Nadal y Federer hace un año, pero iba a estar cerca. Ni el viento ni el sol querían perderse el momento: el triunfo de Federer o el gran golpe de Roddick, ansioso de recuperar para sí los focos del mundo del tenis como en 2003, una concesión entre la era Sampras y la era Federer. Con un saque ganador y el puño en alto, Roddick, de 26 años y sexto jugador mundial, llevó la final al quinto set.

En las dos anteriores en las que habían chocado en el césped del All England Club, en 2004 y 2005, el estadounidense había perdido en cuatro y tres sets, respectivamente. Ya no iba a haber tie-break en el quinto. Federer había sido incapaz de quebrar el saque de Roddick en todo el partido. Debería hacerlo al menos una vez si quería ganar el número 15. El partido era ya una disimulada guerra de nervios entre ambos, firmes con el saque. Roddick estaba ante el partido de su vida. El también podía pasar a la historia si ganaba así su segundo Grand Slam. Con 8-8 Federer cedió dos puntos de quiebre. Se asomó a la cornisa, pero el estadounidense no lo empujó.

El actor Russell Crowe y el director de cine Woody Allen, presentes en la "Catedral" del tenis, hacía tiempo que no veían tanto suspenso. Los aces, 50, mantenían al suizo en el partido. Y con 15-14 llegó su oportunidad de quiebre, de partido, de título, de ganar el 15. Un error no forzado de Roddick le dio la gloria a Federer.



lunes, 8 de junio de 2009

Soy leyenda

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Es el día. Llegó. La devolución de Soderling queda en la red. El deseo es realidad. La historia le hace una reverencia. El hombre fluye. Se deja caer. Sus rodillas tocan ese polvo de ladrillo tan esquivo. La raqueta, compañera de emociones, rebota a un costado. Las manos buscan a esos ojos llorosos, los tapan, los liberan, los ayudan a ver. Todo sucede en cámara lenta. Hay, cómo explicarlo, un silencio ensordecedor que envuelve a Roger Federer, una cápsula que lo aísla de la explosión que acaba de vivir el Philippe Chatrier, del griterío, de todo.

Es él y su momento. El y su diálogo íntimo con la eternidad. Shockeado, se para, saluda a Soderling, al juez. Chau vincha. Alza sus brazos. Mira hacia el cielo, ese cielo que es suyo y que lo saluda, lo venera y lo recibe con lágrimas de emoción. Porque para hacer más épica la conquista, llueve. Bienvenido al paraíso."Todo el tiempo mi mente se hacía preguntas durante el partido, volaba. ¿Qué pasa si...? ¿Qué pasa si gano el torneo? ¿Qué significaría?".Significa que el limbo le da un pase libre para la eternidad. El suizo acaba de ganar, por fin, Roland Garros. Póker.


Conmocionado, se sienta en su silla, pero enseguida se para y vuelve a saludar, como para chequear que sí, que aunque todo sea demasiado perfecto, es real. Andre Agassi, el último en conseguir los cuatro títulos de Grand Slam (además, en esa elite están Fred Perry, Donald Budge, Roy Emerson y Rod Laver), le entrega el trofeo, la Copa de los Mosqueteros está en buenas manos, y el suizo la acaricia, la besa, la acurruca. Suena el himno suizo y llora, una vez más, lágrimas de campeón. Ya alcanzó a Pete Sampras y sus 14 conquistas, en apenas seis años, la mitad del tiempo que le tomó al yanqui, pero en todas las superficies, y va por más.


Empieza a sonar un punchi que el público acompaña con las palmas. En las pantallas gigantes se muestra un video. Roger lo mira de reojo. ¡Aparece Vilas, con remera blanca y vincha negra! También Noah, Guga y Nadal. Y un instante después, Federer se hipnotiza con el rostro que se impone en el final del clip. No, no está parado frente a un espejo. Es él ante su destino. Habla, agradece, sonríe, llora. Cada vez llueve más fuerte. Fotito por acá, con todos, solito, besando el trofeo, sentado. Si de él dependiera, podría pasar la noche entera ahí mismo."Siempre, incluso después de perder una semifinal y tres finales, creí que podía ganar aquí", explicaría luego en la conferencia de prensa, vestido con una campera blanca con el 14 en la espalda. Ese concepto es lo que hace la diferencia, en definitiva, entre los muy buenos y los grandes. Así encaró el duelo decisivo ante Soderling. En la noche anterior observó en su habitación los DVDs de los últimos dos choques con el sueco, pidió servicio de cuarto, cenó con Mirka y leyó un poco. Como cualquier mortal. Horas después, barrió a su rival, lo hizo parecer descoordinado, como si esos palazos potentes con los que había mandado a casa a Nadal no fueran más que cebitas para el suizo. Drops burbujeantes, que encendieron aún más a la gente.


Un primer set aplastante. Buenos ángulos y decisión en la red. Soderling revivió, empezó a bancar el ritmo. Federer se fue un poco de la cancha cuando un intruso se metió. Hubo tie -break. "El mejor que jugué en mi vida", contó Roger, que clavó cuatro aces para el 7-1. En el tercero alternó ratos de tensión con salidas lúcidas, exquisitas.Pero llegó ese saque ganador, ese drive imperfecto de Soderling, ese 6-1, 7-6 (1) y 6-4 que le abrió las puertas del cielo... Y que lo hizo inmortal. Leyenda.




domingo, 7 de junio de 2009

Lo único que faltaba



Lloraba como un niño Federer. No era para menos. Acababa de adueñarse del torneo que tan esquivo le había sido. Y, además, de abrazarse al récord que mantenía la duda sobre su condición de mejor jugador de la historia. La leyenda de Pete Sampras ya no estará por encima suyo, al menos en cuestión estadística, claro. Pero ni las lágrimas, ni la emoción, ni todo lo que lo envolvió después de esta histórica consagración le impidieron mantener su caballerosidad: se acercó a Soderling, su último escollo al que venció por 6-1, 7-6 (1) y 6-4, y lo felicitó con énfasis. Es que el sueco no fue un rival más: significó su decimocuarta víctima en finales de Grand Slam, luego de haber sido el verdugo de su principal obstáculo, Rafael Nadal.



"Lo del público ha sido estupendo. Sin ellos sería imposible", dijo Federer, emocionado, antes de levantar el trofeo. Y tiene razón, Federer. La gente jugó a su favor hoy. Porque desde que pisó la cancha le dejó en claro que iba a apoyarlo incondicionalmente. La gran mayoría del Philippe Chatrier quería verlo ganador, convertido definitivamente en leyenda. Y Soderling, en cambio, alentado por un pequeño grupo de compatriotas sintió esa presión. Tan sólo 23 minutos alcanzaron para que el suizo se hiciera con el primer set por un contundente 6-1.



En el segundo set, Soderling levantó su nivel y lo complicó mucho a Federer con su servicio. Pero ni la reacción del sueco, ni la irrupción en la cancha de un hincha con una remera de Suiza y una bandera de Barcelona que intentó ponerle un gorra tradicional catalana le hicieron perder la calma a Federer. En el tie-break metió cuatro aces y derrumbó la ilusión de su rival. Estaba a sólo un set. Como cuando se consagró Gaudio, en el Philippe Chatrier se volvió a ver la ola. Y, al igual que al Gato, esto le sirvió para terminar de sacarse la presión de encima y jugar relajado el tercer set. Soderling, entonces, se rindió y no lo molestó más: para el sueco también ya era hora de pararse a ver el festejo del mejor de la historia en su partido más importante. "No sé si me lo merezco. Pero ya no volveré a oír que nunca he ganado Roland Garros", dijo Federer, con una sonrisa como pocas veces se le vio. El debate, inevitable, volverá a resurgir. ¿Es el mejor de la historia? Seguramente no todos coincidirán por una cuestión de gustos. Pero, al menos desde las estadísticas, ya no quedan dudas.