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miércoles, 1 de junio de 2022
martes, 15 de enero de 2019
jueves, 8 de noviembre de 2018
sábado, 22 de septiembre de 2018
Tolstoy
La vida de Tolstoy no tiene muchos secretos ya que él mismo
dejó testimonio de su biografía en tres títulos: “Infancia”, “Adolescencia” y
“Juventud”. Nace el 9 de septiembre de 1828 en una finca agrícola propiedad de
su familia al sur de Moscú. A los 9 años se queda huérfano y se marcha a vivir
a casa de unos parientes.
Tras abandonar los estudios decide enrolarse en el ejército
ruso. De ahí surge la inspiración para su novela “Los cosacos”. Participa en
varias batallas –como la de Sebastopol- y, aunque admira el espíritu militar,
no soporta la idea de la guerra. De hecho, en sus novelas se reflejará esa
repulsa hacia las batallas y cualquier tipo de enfrentamiento violento como los
duelos por amor.
Sus ideas sobre la necesidad de un cambio pacífico en la
sociedad rusa y en la educación de las clases más desfavorecidas le llevan a
fundar una escuela para los campesinos en sus propiedades. Durante un tiempo se
encarga personalmente de la educación de sus jornaleros. Después, viaja por
Europa para conocer experiencias similares. De esta forma, Tolstoy busca la
manera de solucionar los problemas de la educación pública en Rusia donde la
mayoría de los campesinos son analfabetos. Tolstoy entendió desde el principio
que no podía darse el progreso de Rusia sin la alfabetización de las clases
populares y, de hecho, sus novelas son fiel reflejo de su voluntad en el cambio
que condujese a una mejora de la sociedad rusa (Lenin se encontraba entre sus
más fieles lectores).
En 1862 se casa con Sonia Andréievna Bers, hija de una buena
familia de Moscú. Con ella tendrá varios hijos y vivirá en su hacienda de
Yasnaia Polaina, donde escribirá sus principales novelas: “Guerra y Paz” y “Ana
Karenina”.
“Guerra y Paz” es una extensa narración con más de 500
personajes ambientada en la Rusia inmediatamente anterior a la invasión
napoleónica. A través de la historia de varias familias de la aristocracia,
Tolstoy refleja toda una época de la sociedad rusa con sus éxitos, miserias y
contradicciones.
“Ana Karenina” narra la pasión adúltera entre Karenina y el
capitán Vronsky. Paralelamente, conocemos la historia de Kitty y Levin, dos
jóvenes cuyas vidas contrastarán completamente con la de los primeros. Mientras
que a Karenina y Vronsky les espera el drama del amor vivido fuera de las
normas sociales, Kitty y Levin conseguirán la felicidad a través de la vida en
el campo, el trabajo y la familia.
De hecho, vemos muchos rasgos del propio Tolstoy en el
personaje de Levin. Su estima por la vida sencilla, al aire libre, su rechazo a
la intelectualidad y sofisticación de la ciudad, sus ganas de mejorar la vida
de los campesinos y de incorporar la racionalidad a la explotación agrícola,
etc.
En uno de los pasajes de la obra, Levin sufre la
incomprensión de sus mujiks cuando decide unirse a ellos en la tarea de sembrar
un campo. En la vida real, Tolstoy también debió sufrir esta incomprensión en
las numerosas ocasiones en las que intentó aplicar sus ideas de progreso y
libertad a los campesinos de su finca.
Como en toda su obra, los personajes de Tolstoy están
perfectamente dibujados tanto física como psicológicamente. Su brillante
dominio de la prosa le permite retratar con verdadera minuciosidad los paisajes
de su Rusia amada así como a sus gentes: desde los campesinos hasta los más
destacados aristócratas.
Tras estas novelas, vendrán las de carácter más moralizante
y religioso: “Confesión”, “La muerte de Iván Illich” o “Resurrección”.
A los 82 años decide escaparse de casa por las profundas
desavenencias con su esposa. Con el tiempo, la relación del matrimonio se había
convertido en insoportable y, junto a su médico personal, se marcha sin saber
muy bien a dónde quería ir. Días después de su huída, Tolstoy muere en
Ostapovo.
miércoles, 31 de enero de 2018
Narradores y poetas contemporáneos de Islandia, Suecia, Finlandia, Noruega y Dinamarca - Parte 6
Arnaldur Indridason (Islandia, 1961)
Cuando en 2006 se publicó en España Las marismas, de Arnaldur Indridason, no se había
producido aún la moda nórdica desatada por los libros de Stieg Larsson. Pero fue La mujer de verde (2008) la que le lanzó a la fama. Le
siguió La voz(2010). El escritor se distingue por dos
características. Primero, estas novelas narran historias que suceden en el
pasado y estallan en el presente. En Las marismas, la
exhumación del cadáver de una niña muerta hace 40 años provoca el regreso de
viejos fantasmas.
En La mujer de verde, el
descubrimiento de un cadáver enterrado hace al menos 50 años sacará a la luz un
hecho aterrador. EnLa voz, la tragedia de un niño prodigio que
perdió la voz con la adolescencia. La segunda es un auténtico hallazgo: el
viejo inspector Erlendur, un hombre honesto, solitario, que no juzga sino que
escucha y trata de comprender. R. M.
Sjón (Islandia,
1962)
Bajo el seudónimo Sjón se esconde Sigurjón B. Sigurðsson,
una figura central del panorama cultural de Reikiavik, agitador surrealista y
polifacético que publicó su primer libro de poemas cuando tenía 15 años y desde
entonces no ha parado: además de una decena de poemarios, siete novelas y tres
libros infantiles, ha compuesto canciones y vídeos musicales para Björk,
pasajes de banda sonora para Lars von Trier o el guión de una parodia de las
películas de terror ambientada en un ballenero. Hace algo más de un año
irrumpió en España con la novela El zorro ártico (Skugga-Baldur, Nórdica
Libros), una historia excepcional inspirada en las sagas y merecedora del
Premio del Consejo Nórdico de 2005. Su buena acogida por la crítica
internacional explica que ya haya sido traducida a casi una veintena de
idiomas. S. R. P.
Narradores y poetas contemporáneos de Islandia, Suecia, Finlandia, Noruega y Dinamarca - Parte 5
Jostein Gaarder (Oslo, 1952)
Arrasó en 1991 con una novela pedagógica: El mundo de Sofía, que lo convirtió en una celebridad.
Casi todas las narraciones de Jostein Gaarder tienden a ser pedagógicas, y ya
antes de su éxito, en su novela El misterio del solitario, Gaarder quería ser pedagógico al
narrarnos el viaje de un muchacho a Grecia lleno de reflexiones sobre el
misterio de la vida. Las intenciones pedagógicas se perciben igualmente en El enigma del espejo, Los niños de Sukhavati y, por supuesto, El libro de las religiones, su última obra narrativo-pedagógica
hasta el momento.
Sin negar sus habilidades como fabulador y tejedor de tramas
deslumbrantes, el problema reside en el vínculo tan tenaz que Gaarder ha
establecido entre pedagogía y literatura, sobre todo si pensamos que ya desde
el siglo XIX literatura y pedagogía conforman mundos bastante excluyentes. J. F.
Stieg Larsson (Suecia,
1954-2004)
La trilogía Millennium es
una historia transversal de esas que gustan a todo tipo de lectores. Los hombres que no amaban a las
mujeres, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de airetienen
todos los elementos para hacerlas explosivas. Dos protagonistas fabulosos,
Mikael Blomkvist y Lisbeth Salander. Unas tramas tremendas en las que puede
pasar cualquier cosa, desde el incesto a la tortura y algo tan sencillo y
complejo a la vez como la lucha permanente entre el bien y el mal. Un retrato
más: Suecia peor que mal. Pasan tantas cosas que el escritor no permite el
sosiego al lector. La reflexión sobre la ética del periodismo o sobre las
trampas financieras es oportuna y estimulante. Las publica Destino en
castellano y Columna en catalán. R. M.
Peter Høeg (Dinamarca,
1957)
A Høeg se le suele relacionar con el realismo mágico, pero
es un error, a no ser que consideremos que las ficciones de Borges son realismo
mágico, y que sería también un error pues son más bien de una lógica
devastadora, como algunas de las ficciones de Høeg. Su relato Retrato de un joven en
equilibrio es muy
revelador a ese respecto. Høeg consigue una ficción aterradora sobre el mundo
de los espejos y sobre el fenómeno de la repetición, la repetición de gestos y
de clichés, la repetición de afectos y de deseos, y donde el espejo es visto
como una pantalla en la que el hombre proyecta sus añoranzas de equilibrio y de
horror, de felicidad y de espanto. Su novela La señorita Smila y su especial percepción de la nieve es una admirable inmersión en la
soledad, el tiempo y el deseo. Lo mismo se podría decir de Los fronterizos (ambas en Tusquets). J. F.
Narradores y poetas contemporáneos de Islandia, Suecia, Finlandia, Noruega y Dinamarca - Parte 4
Arto Paasilinna (Finlandia,
1942)
Hace seis años Anagrama fichó al autor más popular de
Finlandia después de que Ediciones de la Torre publicará su primer libro
traducido al castellano: El año de la liebre.
Desde
entonces este novelista especialmente prolífico -su producción desde 1972 hasta
la fecha es de una novela por año- se ha ido ganando progresivamente a los
lectores españoles con su prosa sencilla y probadamente eficaz para acometer
una sátira social feroz y divertida. Sus dotes cómicas le permiten abordar
temáticas tan delicadas para los finlandeses como el suicidio (Delicioso suicidio en grupo), el extravío existencial de un pastor
luterano (El mejor amigo del oso) o la estigmatización del diferente (El molinero aullador) a través de historias protagonizadas
por espíritus libres y de comportamiento excéntrico que recurren a la fuga para
encontrarse a sí mismos. S. R. P.
Henrik Nordbrandt (Dinamarca, 1945)
A principios de este año la colección Debolsillo publicó Nuestro amor es como Bizancio, una extensa antología de este poeta
viajero que cambió el Báltico por el Mediterráneo para dejar en el camino una
riquísima colección de instantáneas sobre su experiencia y percepción de los
grandes temas universales: la distancia, el sueño, la pérdida, el olvido y,
cómo no, el amor. La potencia sensorial de su lenguaje le permite trasladar al
lector desde el detalle más nimio hasta dimensiones infinitas en poemas fugaces
que adereza con una fina ironía para evitar caer en el sentimentalismo.
No es
casual que su larga carrera haya sido reconocida con galardones de tanto
prestigio como el Premio Nórdico de la Academia Sueca (conocido como el pequeño
Nobel) y el Premio del Consejo Nórdico. S. R. P.
Henning Mankell (Suecia,
1948)
Henning Mankell es el mejor discípulo de Sjöwall y Wahlöö.
Pero hay grandes diferencias entre el comisario Martin Beck y el inspector
Wallander. El primero pensaba que aún era posible un mundo mejor; Wallander
sabe que es imposible.
La primera novela que se publicó en España, La quinta mujer, fue una revelación. Luego Tusquets, en
castellano y en catalán, las ha ido publicando todas en orden cronológico.
Mankell se ha dedicado en la serie de Wallander -nueve novelas y un libro de
relatos- a desmontar nuestras ideas preconcebidas de la Suecia del bienestar.
Es implacable.
Todas sus novelas atrapan, pero la última, El hombre inquieto, en la que Wallander nos dice adiós, es
espléndida. Por sus páginas pasan las excelentes Asesinos sin rostro, Los perros
de Riga, La leona blanca, El hombre sonriente... Le echaremos en falta. R. M.
martes, 30 de enero de 2018
Narradores y poetas contemporáneos de Islandia, Suecia, Finlandia, Noruega y Dinamarca - Parte 3
Torgny Lindgren (Suecia,
1938)
Lindgren inició su trayectoria literaria como poeta, y sus
primeros poemarios inciden en cierta mística del ser, de tonos claramente
religiosos, como en Poemas de Vimmerby, donde
accedemos a un mundo que evoca de alguna manera el deSinfonía pastoral de
Gide. Lindgren es un novelista notable, autor de obras comoEl camino de la serpiente sobre la roca (Bassarai), o Betsabé (Nórdica), donde narra, con una
profundidad tan asentada como la de Thomas Mann en José y sus hermanos, pero más ágil y vivaz, el episodio
bíblico en el que el rey David se desprende de su amigo Urías para acceder a
Betsabé y desposarla.
Se trata de un melodrama muy hábil y profundamente
existencial, donde Lindgren conquista una cierta redondez en la que pone en
funcionamiento todo lo que ha aprendido como poeta y narrador hasta ese
momento. J. F.
Dag Solstad (Noruega,
1941)
Autor e intelectual de pasado maoísta, a finales de los
ochenta dio un giro a su trayectoria para reflejar la crisis de la sociedad
noruega como una crisis de la conciencia individual producida, en gran medida,
por el fin de las utopías y el paso de una cultura de ciudadanos a un mercado
de consumidores.
A partir de entonces sus personajes (como el Bjørn Hansen de Novela once, obra dieciocho o el Elias Rukla de Pudor y dignidad, ambas en Lengua de Trapo) luchan
consigo mismos, y lo hacen por medio de ejercicios de rebeldía pasiva que
justifican misteriosamente los caprichos de su conducta.
En este nuevo realismo
de la conciencia el discurso fluye de forma sinuosa, con rodeos y reiteraciones
a la Bernhard, una de sus principales influencias junto a Ibsen, cuya obra
clásica El pato salvaje sirve
de inspiración metaliteraria en las dos novelas mencionadas. S. R. P.
Narradores y poetas contemporáneos de Islandia, Suecia, Finlandia, Noruega y Dinamarca - Parte 2
Gudbergur Bergsson (Islandia, 1932)
Nacido en la ínsula más remota de Europa si excluimos
Groenlandia, Gudbergur Bergsson conoce muy bien la cultura española, y la
conoce bien hasta el punto de poder traducir a Cervantes y a Borges. En 1967 su
novela Tomas Jonson, metsölubúk, traducida al español por Tomas Jonson. Best seller (Alfaguara), fue una revelación
gloriosa, en un país no demasiado acostumbrado a grandes revelaciones
literarias.
Los jóvenes islandeses de diferentes generaciones han sido devotos
de esta novela enrevesada y audaz en la que se mezclan hiperrealismo y
surrealismo en partes iguales, sin llegar nunca a lo que entendemos por
realismo mágico, en parte porque todo parece presidido por un humor tan ácido y
tan extraño como el humor islandés. Bergsson es un apasionado de la picaresca
española, y parte de su humor tendría también ahí su matriz. J. F.
Per Olov Enquist (Suecia,
1934)
Per Olov Enquist ha ido construyendo su obra con
inteligencia y sufrimiento, ahondando de forma admirable en el abismo humano,
en sus mismos límites, con lirismo y agudeza. Y al hablar de los límites
humanos ha de entenderse esa frontera en que la humanidad se ve obligada a
convivir con la monstruosidad.
Nacido en una región del norte de Suecia de la
que suele hablar con melancolía y pavor, ha experimentado dramas personales de
mucho calado. En sus obras ha frecuentado el mundo contemporáneo, como en su
estremecedora novela El ángel caído (E.
de la Torre), pero también la antigüedad clásica, como en su drama Para Fedra (Libros del Innombrable), o el siglo
XVII, como en su novela La visita del médico de cámara (Destino). No sería aventurado decir
que Enquist es uno de los mejores escritores europeos de nuestro tiempo. J. F.
Lars Gustafsson (Suecia,
1936)
Novelista, poeta y ensayista de formación filosófica que a
pesar de la edad y la distancia (vive en Austin, Tejas, desde hace un cuarto de
siglo) sigue siendo una figura central de la literatura sueca. Sus novelas se
publican en España desde finales de los ochenta y ahora mismo el lector puede
encontrar en las libreríasMuerte de un apicultor (Nórdica) y una trilogía ambientada en
Tejas compuesta por Windy habla, La historia del perro y El decano (Akal).
Su obra -abundante, profunda y diversa- cobra auténtico relieve cuando es
apreciada desde una perspectiva de conjunto; toda ella es fruto de un lento
proceso de sedimentación durante el cual ha ido abordando cuestiones éticas,
filosóficas e incluso teológicas que, en lugar de entorpecer la lectura de sus
textos, le sirven para vertebrarlos y dotarlos de un equilibrio admirable entre
fondo y forma. S. R. P.
Narradores y poetas contemporáneos de Islandia, Suecia, Finlandia, Noruega y Dinamarca - Parte 1
Per Wahlöö y Maj Sjöwall (Suecia,
1926-1975 y 1935)
La pareja Maj Sjöwall y Per Wahlöö
revolucionó la novela nórdica entre los años sesenta y setenta con la serie Novela
de un crimen, concebida como un proyecto político. Marxistas -dejaron el
partido comunista en 1969-, planificaron minuciosamente cada una de las 10
novelas.
Los principales objetivos de la pareja eran criticar el liberalismo
capitalista y la socialdemocracia sueca que, denunciaron en sus historias,
traicionó a la clase trabajadora.
Para llevar adelante este empeño utilizaron
la novela negra. El protagonista es Martin Beck, un antihéroe, primero
inspector y luego comisario de la Brigada de Homicidios de Estocolmo. La serie
es espléndida y plenamente vigente.
Incluye títulos como El coche de
bomberos que desapareció, El policía que ríe o El hombre del balcón.RBA
y Columna, en catalán, las están publicando por orden cronológico. Rosa
Mora
Kjell Askildsen (Noruega,
1929)
En esta Europa envejecida y cínica
la obra de Askildsen actúa como un espejo roto. "Escribo sobre nuestra
época, sobre el espíritu de esta época", explica en una entrevista este
maestro indiscutible del relato corto, experto en pulir el texto -con papel de
lija- para conservar en la página lo estrictamente esencial. Sus personajes
fríos, mezquinos, víctimas crueles que no pretenden caerle bien ni al lector ni
al autor ni a sí mismos, se regodean en su miseria existencial. Su rompedor
debut literario, Desde ahora te acompañaré a casa (1953), ha sido
publicado por Lengua de Trapo, que ha publicado sus principales títulos: Un
vasto y desierto paisaje, Últimas notas de Thomas F. para la humanidad y
el magníficoLos perros de Tesalónica, disponibles también en un solo
volumen: Todo como antes (Debolsillo). Sergio Rodríguez Prieto
Tomas Tranströmer (Suecia, 1931)
Tranströmer es un poeta fundamental que tras un derrame
cerebral dejó atrás para siempre las palabras. Se dice que su poesía está
vinculada al surrealismo, pero no es cierto, a no ser que pensemos que Eliot y
Pound fueron surrealistas. Lo único que hicieron Eliot y Pound fue introducir
la ley de la discontinuidad en poesía, de forma que el poema aparecía siempre
fraccionado y a ratos más resplandeciente por la pureza molecular de sus
fragmentos.
Es lo que ocurre en los poemas de Tranströmer, por otra parte
admirables porque lo contienen todo: musicalidad exquisita y sabiamente
temblorosa.
Poemas suyos como 'Soledad', donde el poeta nos confiesa que estuvo
a punto de morir, y 'Carrillón' son buena prueba de ello. Es autor de diez
poemarios. (Nórdica ha publicado su antología El cielo a medio hacer). Jesús Ferrero
miércoles, 26 de julio de 2017
Henrik Ibsen - Parte 3
La obra provocó escándalo por su osada descripción de una mujer que deja su aparentemente idílico matrimonio a causa de su disconformidad con el rol subordinado que le toca desempeñar en él.
Es una heroína fuerte e independiente en contraste con un marido débil y aferrado a su rol patriarcal. Pero su tema es también el efecto anquilosante de las convenciones sociales y la necesidad de rebelarse contra ellas a fin de alcanzar la realización personal. Esta obra no tiene un desarrollo cronológico como las anteriores, sino que trabaja con una técnica retrospectiva en la que el pasado va siendo revelando a medida que avanza la acción.
Un enemigo del pueblo (1882) describe la lucha de un individuo decidido a revelar la verdad aun cuando ésta amenaza la supervivencia de toda una ciudad y a pesar de que su porvenir y el de su familia están en juego.
El tema de la honestidad reaparece en El pato salvaje (1884), pero se trata esta vez de una verdad despiadada, que destruye la vida de una familia. La verdad, parece decir ahora Ibsen, es una droga que, mal administrada, tiene efectos letales.
De los destinos de sus personajes, que son gente común y corriente, desprendió conclusiones de una sinceridad brutal, pero también de gran sutileza y, por momentos, de belleza poética, obligando a su público a cuestionar las bases morales de su existencia.
Durante la segunda mitad del siglo XIX, la influencia de la obra de Henrik Ibsen alteró sustancialmente el teatro europeo y lo convirtió, del divertimento a que había sido reducido, en lo que fuera para los griegos: un instrumento para examinar el alma. Otras obras suyas sonCatilina (1850), La comedia del amor (1862), Emperador y Galileo (1873), La unión de la juventud (1869), Espectros (1881), La casa de Rosmer (1886), La dama del mar (1888),Hedda Gabler (1890), Juan Gabriel Borkman (1896) y Despertaremos de nuestra muerte(1899).
Henrik Ibsen - Parte 2
Como director del teatro de Bergen, Ibsen intentó crear un drama nacional, tarea difícil ya que si bien podía utilizarse como base el rico acervo de las sagas islandesas medievales, la escena de su país estaba dominada por la dramaturgia francesa de Scribe (que daba prioridad a lo ingenioso de la intriga sobre la profundidad de los personajes), y por el idioma y la tradición histriónica danesas.
La experiencia que ganó en Bergen tuvo para él un valor incalculable. Como director del teatro de Cristianía, ya casado con Suzannah Thoresen, exhibió una autoridad y confianza en sus propias ideas que antes no había mostrado.
Esto se advierte en su drama Los pretendientes de la corona(1863), que forma parte de una serie de tema histórico y en el que, con reminiscencias de Shakespeare y gran precisión psicológica, trata el tema de la dificultad del ser humano de encontrar su misión en la vida.
Con Brand (1866) y Peer Gynt (1867), dos dramas en verso, Ibsen hace su entrada en la literatura universal. Si Brand representa la toma de posición apasionada, los temas centrales dePeer Gynt son la duda, la ambigüedad, la huida al mundo de la fantasía.
El predicador Brand es el idealista que lo sacrifica todo en aras de su misión. Sus exigencias tienen un carácter absoluto, no sabe de matices. El mensaje de la obra es, en cambio, más contradictorio. ¿Es Brand un mártir de la verdad o una víctima de sus propias exigencias inhumanas? Peer Gynt es en cambio una leyenda romántica, con rasgos realistas modernos, más audaz que Brand desde el punto de vista teatral. Su protagonista es una figura fáustica, a la vez un soñador romántico y un monstruo de egoísmo.
En el decenio de 1870 Ibsen abandona el teatro de ideas por el drama social realista. La primera obra de este período (y la primera que escribió en prosa) fue Las columnas de la sociedad(1877), que trata de los conflictos sociales y del choque de lo antiguo con lo nuevo. Pero el verdadero éxito le llegó con Casa de muñecas (1879), en la que por primera vez aparece la voz auténtica del autor.
Henrik Ibsen - Parte 1
(Cristianía, 1906 - Skien, 1828) Dramaturgo noruego, uno de
los renovadores del teatro universal. Nació en una ciudad costera donde su
padre poseía una destilería de aguardientes que quebró cuando él tenía seis
años. Su madre era muy religiosa.
A los quince años se fue a vivir a Grimstad,
no lejos de su pueblo natal, donde su padre le había conseguido un puesto como
ayudante de un farmacéutico. Sus contactos con la familia fueron, por el resto
de su vida, esporádicos.
Henrik Ibsen
A los veinte años era ya un librepensador, entusiasmado con
las insurrecciones populares que estallaban en toda Europa. En 1850 fue a
estudiar a Cristianía (hoy Oslo). Noruega era por esa época un país regido
políticamente por Suecia y culturalmente por Dinamarca.
En 1853 aceptó el
puesto de director y dramaturgo de un nuevo teatro en la ciudad de Bergen y
cuatro años más tarde volvió a Cristianía para dirigir otro teatro que en 1862
cerró por problemas económicos.
Este fracaso marcó el comienzo de una nueva época en su
vida. Cansado de lo que consideraba estrechez de miras de su país natal, partió
a un exilio de veintisiete años por Italia y Alemania, período durante el cual
escribió el grueso de su obra. Ya en el pináculo de su fama volvió a Noruega, y
en 1900 sufrió el primero de una serie de ataques de apoplejía que afectaron su
salud física y mental. Falleció en 1906 y fue enterrado con honores de jefe de
Estado.
domingo, 12 de marzo de 2017
Aleksandr Nikolayevich Afanasiev
Aleksandr Nikolayevich Afanasiev nació en Boguchar, Vorónezh el 29
de junio (juliano)/ 11 de julio de 1826 (gregoriano) y murió en
Moscú, 11 de octubre (juliano)/ 23 de octubre de 1871 (gregoriano);
fue el mayor de los folcloristas rusos de la época, y el primero en editar
volúmenes de cuentos de tradición eslava que se habían perdido a lo largo de
los siglos.
Afanasiev tuvo que realizar un duro trabajo de
recopilación, ya que los cuentos eslavos, al igual que los celtas irlandeses,
no se dejaron por escrito, eran exclusivamente de tradición oral. Hecho
agravado por las reformas del zar Pedro I el Grande, que dejó de lado la Rusia
tradicional ortodoxo-eslava para introducir en las frías estepas el código de
vida europeo. Los boyardos fueron sustituidos por los duques y marqueses y el
lenguaje ruso se vio reducido a las clases media-baja de la sociedad rusa,
pasando la nobleza a hablar en francés.
Fue educado en Vorónezh y cursó estudios de
derecho en la universidad de Moscú, donde descubrió a los escritores Konstantín
Kavélin y Timoféi Granovski. Su primer trabajo fue el de profesor de historia
antigua, pero fue despedido por una falsa acusación de Serguei Uvárov, otro
escritor de la época.
Fue entonces cuando dedicó su vida al
periodismo, escribiendo sus artículos sobre los principales escritores rusos
del siglo pasado, algunos nombres tan célebres como Nikolai Novikov, Denis
Fonvizin y Antioj Kantemir.
Fue en 1850 cuando Afanasiev se dedicó
enteramente a su pasión de folclorista de la llamada Vieja Rusia, recorrió
provincias enteras obteniendo relatos de todas partes de Moscovia. Sus primeros
artículos causaron gran impresión en la escuela mitológica rusa de aquella
época. Sus principales fuentes fueron los cuentos de la Academia de Geografía
rusa y algunas contribuciones de Vladimir Dal.
Afanasiev murió pobre, desahuciado en Rusia. Sus
obras no fueron publicadas allí debido a su amistad con Herzen. Murió de
tuberculosis, obligado a vender su librería personal a la edad de 45 años.
La obra de Afanasiev consta de un total de 680
cuentos tradicionales rusos recogidos en ocho volúmenes que realizó de 1855 a 1863, algunos tan
conocidos como Basilisa la Hermosa, La leyenda de Marya Morevna o El soldado y
la muerte.
Sus principales artículos periodísticos mitológicos
fueron "Los brujos y las brujas", "Exorcismo eslavo"
(Sortilegio eslavo) y "Leyendas paganas acerca de la isla Buyán".
Realizó importantes estudios como historiador e
investigador literario como el Domovói (1850), Concepciones poéticas de los
eslavos sobre la naturaleza, su trabajo fundamental en 3 volúmenes que realizó
de 1865 a
1869, e Historia de los cosacos (1871).
Fue miembro de la Academia de Geografía rusa
desde 1852. Esta organización fue la impulsora de la publicación de sus
volúmenes de cuentos.
miércoles, 30 de julio de 2014
Hilario Ascasubi (1807-1875)
Nació el 14 de enero de 1807 en medio del campo, no lejos de
Fraile Muerto —hoy Bell Ville— en la actual provincia de Córdoba. Algunos
aspectos de su biografía no están perfectamente aclarados, entre ellos el viaje
que realizó en su adolescencia en la goleta La Rosa Argentina. Embarcó
como grumete y llegó a la Guayana francesa y los Estados Unidos, aunque también
se afirma que la nave fue apresada por un corsario y esto le obligó a
peregrinar varios años por Francia, Inglaterra y Portugal. En 1823, Ascasubi regresó
a Buenos Aires y luego se trasladó a Salta llevando consigo la ex imprenta de
los Niños Expósitos. En aquella provincia se desempeñó como tipógrafo y
periodista y fundó "La Revista de Salta" . En 1826 se alistó con el
grado de teniente en el batallón de infantería que a las órdenes del coronel
José María Paz marchó a luchar contra los efectivos brasileños. Más tarde,
participó en la guerra civil en favor de los unitarios y en esa época convivió
con los gauchos, aprendió su léxico y escuchó el canto de los payadores en los
fogones.
En 1830, Ascasubi es detenido en Entre Ríos y por orden de Rosas, trasladado
preso a Buenos Aires. Permaneció en la cárcel cerca de dos años, hasta que
logró evadirse y pasó al Uruguay. En Montevideo —ciudad en que se radicó veinte
años hasta la derrota de Rosas— se ocupó de diversos menesteres. Acrecentó su
fortuna al frente de una panadería y también adquirió popularidad por medio de
sus ingeniosos versos gauchescos. Fue periodista y como payador unitario
comentó la guerra entre Oribe y Rivera con partes de batalla, cielitos, medias
cañas y diálogos, que daba a conocer bajo diversos seudónimos.
Fue ayudante de Urquiza en la batalla de Caseros, pero más tarde abrazó la
causa porteña de Mitre y se mostro enemigo del caudillo entrerriano. Intentó
mejorar su situación económica con algunas inversiones en obras públicas —entre
ellas, la construcción del antiguo Teatro Colón— pero fracasó en sus propósitos
y quedó al borde de la ruina. En 1860 se trasladó a Francia comisionado por el
gobierno de Mitre, con la misión de enganchar voluntarios europeos destinados
al ejército de Buenos Aires. Vivió en París y en aquella ciudad publicó en el
año 1872 sus obras completas. Regresó a Buenos Aires y falleció el 17 de
noviembre de 1875.
Ascasubi adquirió su personalidad literaria en su largo
destierro en el Uruguay, apoyando la causa de los unitarios. En 1839 fundó un
periódico titulado "El gaucho en campaña" y en el cuarto número
publicó el poema El truquiflor.Las composiciones que dio a conocer en
periódicos, folletos y hojas sueltas fueron recopiladas posteriormente en el
libro titulado: Paulino Lucero o Los gauchos del Río de la Plata cantando
y combatiendo contra los tiranos de la República Argentina y Oriental del
Uruguay (1839-1851). La obra fue editada en París, en 1872.
Cuando se iniciaron las hostilidades entre Buenos Aires y la Confederación, el
poeta atacó a Urquiza por medio de un periódico en prosa y verso, titulado
"Aniceto el Gallo, Gaceta jocotristona y gauchi-patriótica". Sus
coplas de crítica política no fueron recibidas con el mismo entusiasmo que
despertaron SUS anteriores obras.
Ascasubi se encontraba en París cuando terminó su mejor obra y la de mayor
aliento, el largo poema denominadoSantos Vega o Los mellizos de La Flor. Luego
de ocho meses de trabajo escribió 12.604 versos que fueron publicados en 64
capítulos y un epílogo en un tomo de sus obras completas. El poeta cuenta en
lengua gauchesca la historia de dos hermanos, los mellizos de la estancia La
Flor. Uno de ellos el bueno, y el otro un gaucho malevo y perverso. El relato
lo pone en boca del legendario Santos Vega, aunque el poema —con excepción del
título no tiene ninguna relación con la vida del payador homónimo, que a
comienzos del siglo XIX había merodeado por la zona del río Salado.
La obra ofrece algunos cuadros plenos de colorido local y otros de auténtico
dramatismo, aunque se critica la gran extensión de algunos episodios que no
están relacionados con su importancia dentro del poema. Pero en conjunto —escribe
Julio Caillet-Bois— hay una verdad esencial en el Santos Vega, que refleja
una visión embellecida y conciliatoria de la vida en la campaña.
jueves, 11 de abril de 2013
Alfonsina – parte 6
El final
El veintiséis de enero de 1938, en Colonia, Uruguay, Alfonsina recibe una invitación importante. El Ministerio de Instrucción Pública ha organizado un acto que reunirá a las tres grandes poetisas americanas del momento, en una reunión sin precedentes: Alfonsina, Juana de Ibarbourou y Gabriela Mistral. La invitación pide «que haga en público la confesión de su forma y manera de crear». Tiene que prepararse en un día y, llena de entusiasmo, escribe su conferencia sobre una valija que ha puesto en las rodillas. Divertida, encuentra un título que le parece muy adecuado: «Entre un par de maletas a medio abrir y las mancillas del reloj».
Hacia mitad de año apareció Mascarilla y trébol y una Antología poética con sus poemas preferidos. Los meses que siguen fueron de incertidumbre y temor por la renuencia de la enfermedad. El 23 de octubre viajó a Mar del Plata y hacia la una de la madrugada del martes veinticinco Alfonsina abandonó su habitación y se dirigió al mar. Esa mañana, dos obreros descubrieron el cadáver en la playa. A la tarde, los diarios titulaban sus ediciones con la noticia: «Ha muerto trágicamente Alfonsina Storni, gran poetisa de América». A su entierro asistieron los escritores y artistas Enrique Larreta, Ricardo Rojas, Enrique Banchs, Arturo Capdevila, Manuel Gálvez, Baldomero Fernández Moreno, Oliverio Girondo, Eduardo Mallea, Alejandro Sirio, Augusto Riganelli, Carlos Obligado, Atilio Chiappori, Horacio Rega Molina, Pedro M. Obligado, Amado Villar, Leopoldo Marechal, Centurión, Pascual de Rogatis, López Buchardo.
El 21 de noviembre de 1938, el Senado de la Nación rindió homenaje a la poeta en las palabras del senador socialista Alfredo Palacios. Este dijo:
«Nuestro progreso material asombra a propios y extraños. Hemos construido urbes inmensas. Centenares de millones de cabezas de ganado pacen en la inmensurable planicie argentina, la más fecunda de la tierra; pero frecuentemente subordinamos los valores del espíritu a los valores utilitarios y no hemos conseguido, con toda nuestra riqueza, crear una atmósfera propicia donde puede prosperar esa planta delicada que es un poeta».
miércoles, 10 de abril de 2013
Alfonsina – parte 5
Alfonsina intervino en la creación de la Sociedad Argentina de Escritores y su participación en el gremialismo literario fue intensa. En 1928 viajó a España en compañía de la actriz Blanca de la Vega, y repitió su viaje en 1931, en compañía de su hijo. Allí conoció a otras mujeres escritoras, y la poeta Concha Méndez le dedica algunos poemas. En 1932, publicó sus Dos farsas pirotécnicas: Cimbelina y Polixene y la cocinerita. Está tranquila, colabora en el diario Crítica y en La Nación; sus clases de teatro son la rutina diaria, y su rostro empieza a cambiar. Las canas cubren su cabeza y le dan un aire diferente.
En 1931, el Intendente Municipal nombró a Alfonsina jurado y es la primera vez que ese nombramiento recae en una mujer. Alfonsina se alegra de que comiencen a ser reconocidas las virtudes que la mujer, esforzadamente, demuestra. «La civilización borra cada vez más las diferencias de sexo, porque levanta a hombre y mujer a seres pensantes y mezcla en aquel ápice lo que parecieran características propias de cada sexo y que no eran más que estados de insuficiencia mental. Como afirmación de esta limpia verdad, la Intendencia de Buenos Aires declara, en su ciudad, noble la condición femenina», afirma Alfonsina en un diario al referirse a su designación.
En la Peña del café Tortoni conoció a Federico García Lorca, durante la permanencia del poeta en Buenos Aires entre octubre de 1933 y febrero de 1934. Le dedicó un poema, «Retrato de García Lorca», publicado luego en Mundo de siete pozos (1934). Allí dice: «Irrumpe un griego /por sus ojos distantes (…). Salta su garganta /hacia afuera /pidiendo /la navaja lunada /aguas filosas (…). Dejad volar la cabeza, /la cabeza sola /herida de hondas marinas /negras…».
El 20 de mayo de 1935 Alfonsina fue operada de un cáncer de mama.
En 1936 se suicida Horacio Quiroga y ella le dedicó un poema de versos conmovedores y que presagian su propio final:
Morir como tú, Horacio, en tus cabales,
Y así como en tus cuentos, no está mal;
Un rayo a tiempo y se acabó la feria…
Allá dirán.
Más pudre el miedo, Horacio, que la muerte
Que a las espaldas va.
Bebiste bien, que luego sonreías…
Allá dirán.
Alfonsina – parte 4
Un nuevo camino para la poesía
En el año 1923, la revista Nosotros, que lideraba la difusión de la nueva literatura argentina, y con hábil manejo formaba la opinión de los lectores, publicó una encuesta, dirigida a los que constituyen «la nueva generación literaria». La pregunta está formulada sencillamente: «¿Cuáles son los tres o cuatro poetas nuestros, mayores de treinta años, que usted respeta más?».
Alfonsina Storni tenía en ese entonces treinta y un años recién cumplidos, es decir, que apenas bordeaba la cifra exigida para constituirse en «maestro de la nueva generación». Su libro Languidez, de 1920, había merecido el Primer Premio Municipal de Poesía y el Segundo Premio Nacional de Literatura, lo que la colocaba muy por encima de sus pares. Muchas de las respuestas a la encuesta de Nosotros coinciden en uno de los nombres: Alfonsina Storni.
Mil novecientos veinticinco fue el año de la publicación de Ocre, un libro que marca un cambio decisivo en su poesía. Desde hace dos años es profesora de Lectura y declamación en la Escuela Normal de Lenguas Vivas, y su postura como escritora está absolutamente afianzada entre el público y sus iguales. Por aquella época muere José Ingenieros, y esto la deja un poco más sola.
Hasta la casa de la calle Cuba llega una tarde la chilena Gabriela Mistral. El encuentro debió ser importante para la chilena, ya que publicó su relato ese año en El Mercurio. Llamó por teléfono a Alfonsina antes de ir, y le impresionó gratamente su voz, pero le habían dicho que era fea y entonces esperaba una cara que no congeniara con la voz. Por eso cuando la puerta se abre pregunta por Alfonsina, porque la imagen contradice a la advertencia. «Extraordinaria la cabeza, recuerda, pero no por rasgos ingratos, sino por un cabello enteramente plateado, que hace el marco de un rostro de veinticinco años». Insiste: «Cabello más hermoso no he visto, es extraño como lo fuera la luz de la luna a mediodía. Era dorado, y alguna dulzura rubia quedaba todavía en los gajos blancos. El ojo azul, la empinada nariz francesa, muy graciosa, y la piel rosada, le dan alguna cosa infantil que desmiente la conversación sagaz y de mujer madura». La chilena queda impresionada por su sencillez, por su sobriedad, por su escasa manifestación de emotividad, por su profundidad sin trascendentalismos. Y sobretodo por su información, propia de una mujer de gran ciudad, «que ha pasado tocándolo todo e incorporándoselo» (1).
El 20 de marzo de 1927 se estrena su obra de teatro, que despertaba las expectativas del público y de la crítica. El día del estreno asistió el presidente Alvear con su esposa, Regina Pacini. Al día siguiente la crítica se ensañó con la obra, y a los tres días tuvo que bajar de cartel. El diario Crítica tituló «Alfonsina Storni dará al teatro nacional obras interesantes cuando la escena le revele nuevos e importantes secretos». La escritora se sintió muy dolida por su fracaso, y trató de explicarlo atribuyéndole la culpa al director y a los actores.
En el año 1923, la revista Nosotros, que lideraba la difusión de la nueva literatura argentina, y con hábil manejo formaba la opinión de los lectores, publicó una encuesta, dirigida a los que constituyen «la nueva generación literaria». La pregunta está formulada sencillamente: «¿Cuáles son los tres o cuatro poetas nuestros, mayores de treinta años, que usted respeta más?».
Alfonsina Storni tenía en ese entonces treinta y un años recién cumplidos, es decir, que apenas bordeaba la cifra exigida para constituirse en «maestro de la nueva generación». Su libro Languidez, de 1920, había merecido el Primer Premio Municipal de Poesía y el Segundo Premio Nacional de Literatura, lo que la colocaba muy por encima de sus pares. Muchas de las respuestas a la encuesta de Nosotros coinciden en uno de los nombres: Alfonsina Storni.
Mil novecientos veinticinco fue el año de la publicación de Ocre, un libro que marca un cambio decisivo en su poesía. Desde hace dos años es profesora de Lectura y declamación en la Escuela Normal de Lenguas Vivas, y su postura como escritora está absolutamente afianzada entre el público y sus iguales. Por aquella época muere José Ingenieros, y esto la deja un poco más sola.
Hasta la casa de la calle Cuba llega una tarde la chilena Gabriela Mistral. El encuentro debió ser importante para la chilena, ya que publicó su relato ese año en El Mercurio. Llamó por teléfono a Alfonsina antes de ir, y le impresionó gratamente su voz, pero le habían dicho que era fea y entonces esperaba una cara que no congeniara con la voz. Por eso cuando la puerta se abre pregunta por Alfonsina, porque la imagen contradice a la advertencia. «Extraordinaria la cabeza, recuerda, pero no por rasgos ingratos, sino por un cabello enteramente plateado, que hace el marco de un rostro de veinticinco años». Insiste: «Cabello más hermoso no he visto, es extraño como lo fuera la luz de la luna a mediodía. Era dorado, y alguna dulzura rubia quedaba todavía en los gajos blancos. El ojo azul, la empinada nariz francesa, muy graciosa, y la piel rosada, le dan alguna cosa infantil que desmiente la conversación sagaz y de mujer madura». La chilena queda impresionada por su sencillez, por su sobriedad, por su escasa manifestación de emotividad, por su profundidad sin trascendentalismos. Y sobretodo por su información, propia de una mujer de gran ciudad, «que ha pasado tocándolo todo e incorporándoselo» (1).
El 20 de marzo de 1927 se estrena su obra de teatro, que despertaba las expectativas del público y de la crítica. El día del estreno asistió el presidente Alvear con su esposa, Regina Pacini. Al día siguiente la crítica se ensañó con la obra, y a los tres días tuvo que bajar de cartel. El diario Crítica tituló «Alfonsina Storni dará al teatro nacional obras interesantes cuando la escena le revele nuevos e importantes secretos». La escritora se sintió muy dolida por su fracaso, y trató de explicarlo atribuyéndole la culpa al director y a los actores.
martes, 9 de abril de 2013
Alfonsina – parte 3
También en 1918 Alfonsina recibe una medalla de miembro del Comité Argentino Pro Hogar de los Huérfanos Belgas, junto con Alicia Moreau de Justo y Enrique del Valle Iberlucea. Años atrás, cuando empezó la guerra, Alfonsina había aparecido como concurrente a un acto en defensa de Bélgica, con motivo de la invasión alemana. Comienzan sus visitas a la ciudad de Montevideo, donde hasta su muerte frecuentará amigos uruguayos. Juana de Ibarbourou lo contó años después de la muerte de la poetisa argentina: «En 1920 vino Alfonsina por primera vez a Montevideo. Era joven y parecía alegre; por lo menos su conversación era chispeante, a veces muy aguda, a veces también sarcástica. Levantó una ola de admiración y simpatía… Un núcleo de lo más granado de la sociedad y de la gente intelectual la rodeó siguiéndola por todos lados. Alfonsina, en ese momento, pudo sentirse un poco reina».
La amistad de Quiroga, el escritor de la selva
En 1922, Alfonsina ya frecuentaba la casa del pintor Emilio Centurión, de donde surgiría posteriormente el grupo Anaconda. Allí conoció, seguramente, al escritor uruguayo Horacio Quiroga, que había llegado de su refugio en San Ignacio, Misiones, durante el año 1916. Su personalidad debió atraer a Alfonsina. Un hombre marcado por el destino, perseguido por los suicidios de seres queridos, que, además, se había atrevido a exiliarse en Misiones, e intentado allí forjar un paraíso. En 1922, era ya el autor de sus libros más importantes, Cuentos de la selva, Anaconda, El desierto. Vivía modestamente de sus colaboraciones en diarios y revistas y desempeñó un papel protagónico en el intento de profesionalizar la escritura. Alfonsina había publicado sus libros Irremediablemente (1919) y Languidez (1920).
La amistad con Quiroga fue la de dos seres distintos. Cuenta Norah Lange que en una de sus reuniones, adonde iban todos los escritores de la época, jugaron una tarde a las prendas. El juego consistió en que Alfonsina y Horacio besaran al mismo tiempo las caras de un reloj de cadena, sostenido por Horacio. Este, en un rápido ademán, escamoteó el reloj precisamente en el momento en que Alfonsina aproximaba a él sus labios, y todo terminó en un beso. Quiroga la nombra frecuentemente en sus cartas, sobre todo entre los años 1919 y 1922, y su mención la destaca de un grupo donde había no sólo otras mujeres sino también otras escritoras. Sin embargo, cuando Quiroga resuelve irse a Misiones en 1925, Alfonsina no lo acompaña. Quiroga le pide que se vaya con él y ella, indecisa, consulta con su amigo el pintor Benito Quinquela Martín. Aquél, hombre ordenado y sedentario, le dice: «¿Con ese loco? ¡No!».
Alfonsina – parte 2
Poeta en Buenos Aires
Al terminar el año de 1911, decide trasladarse a Buenos Aires. «En su maleta traía pobre y escasa ropa, unos libros de Darío y sus versos». Así, con nostalgia, evoca su hijo Alejandro la llegada. Pobre equipaje para enfrentarse con una ciudad que estaba abierta al mundo, con las expectativas puestas en esa inmigración que traería nuevas manos para producir y nuevas formas de convivencia. El nacimiento de su hijo Alejandro, el 21 de abril de 1912, define en su vida una actitud de mujer que se enfrenta sola a sus decisiones. Trabaja como cajera en la tienda «A la ciudad de México», en Florida y Sarmiento. También en la revista Caras y Caretas.
Su primer libro, La inquietud del rosal, publicado con grandes dificultades económicas, apareció en 1916. En un homenaje al novelista Manuel Gálvez, por primera vez en Buenos Aires, en esta clase de reuniones, aparece Alfonsina recitando con aplomo sus propios versos. En junio de 1916, aparece en Mundo Argentino un poema titulado «Versos otoñales». Aunque los versos son apenas aceptables, sorprende su capacidad de mirarse por dentro, que por entonces no era común en los poetas de su generación.
Al mirar mis mejillas, que ayer estaban rojas
He sentido el otoño; sus achaques de viejo
Me han llenado de miedo; me ha contado el espejo
Que nieva en mis cabellos mientras caen las hojas.
Sus amigos los poetas modernistas
Amado Nervo, el poeta mejicano paladín del modernismo junto con Rubén Darío, publica sus poemas también en Mundo Argentino, y esto da una idea de lo que significaría para ella, una muchacha desconocida, de provincia, el haber llegado hasta aquellas páginas. En 1919 Nervo llega a la Argentina como embajador de su país, y frecuenta las mismas reuniones que Alfonsina. Ella le dedica un ejemplar de La inquietud del rosal, y lo llama en su dedicatoria «poeta divino». Vinculada entonces a lo mejor de la vanguardia novecentista, que empezaba a declinar, en el archivo de la Biblioteca Nacional uruguaya hay cartas al uruguayo José Enrique Rodó, otro de los escritores principales de la época, modernista autor de Ariel y de Los motivos de Proteo, ambos libros pilares de una interpretación de la cultura americana. El uruguayo escribía, como ella, en Caras y Caretas y era, junto con Julio Herrera y Reissig, el jefe indiscutido del nuevo pensamiento en el Uruguay. Ambos contribuyeron a esclarecer los lineamientos intelectuales americanos a principios de siglo, como lo hizo también Manuel Ugarte, cuya amistad le llegó a Alfonsina junto con la de José Ingenieros.
Su voluntad no la abandona, y sigue escribiendo. En mejores condiciones publica El dulce daño, en 1918. El 18 de abril de 1918 se le ofrece una comida en el restaurante Génova, de la calle Paraná y Corrientes, donde se reunía mensualmente el grupo de Nosotros, y en esa oportunidad se celebra la aparición de El dulce daño. Los oradores son Roberto Giusti y José Ingenieros, su gran amigo y protector, a veces su médico. Alfonsina se está reponiendo de la gran tensión nerviosa que la obligó a dejar momentáneamente su trabajo en la escuela, pero su cansancio no le impide disfrutar de la lectura de su «Nocturno», hecha por Giusti, en traducción al italiano de Folco Testena.
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