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lunes, 28 de septiembre de 2015

Soneto IV - Neruda


Aspero amor, violeta coronada de espinas, matorral entre tantas pasiones erizado,
lanza de los dolores, corola de la cólera,
por qué caminos y cómo te dirigiste a mi alma?
Por qué precipitaste tu fuego doloroso,
de pronto, entre las hojas frías de mi camino?
Quién te enseñó los pasos que hasta mí te llevaron?
Qué flor, qué piedra, qué humo mostraron mi morada?
Lo cierto es que tembló la noche pavorosa,
el alba llenó todas las copas con su vino
y el sol estableció su presencia celeste,
mientras que el cruel amor me cercaba sin tregua
hasta que lacerándome con espadas y espinas
abrió en mi corazón un camino quemante.

domingo, 6 de septiembre de 2015

Sonetos I



Inmóvil en la luz, pero danzante, 
tu movimiento a la quietud se cría 
en la cima del vértigo se alía 
deteniendo, no al vuelo, sí al instante. 

Luz que no se derrama, ya diamante, 
detenido esplendor del mediodía, 
sol que no se consume ni se enfría 
de cenizas y fuego equidistante. 

Espada, llama, incendio cincelado, 
que ni mi sed aviva ni la mata, 
absorta luz, lucero ensimismado: 

tu cuerpo de sí mismo se desata 
y cae y se dispersa tu blancura 
y vuelves a ser agua y tierra oscura.



Octavio Paz

martes, 28 de julio de 2015

Soneto II - Neruda



Amor, cuántos caminos hasta llegar a un beso, 
qué soledad errante hasta tu compañía! 
Siguen los trenes solos rodando con la lluvia. 
En Taltal no amanece aún la primavera. 
Pero tú y yo, amor mío, estamos juntos, 
juntos desde la ropa a las raíces, 
juntos de otoño, de agua, de caderas, 
hasta ser sólo tú, sólo yo juntos. 
Pensar que costó tantas piedras que lleva el río, 
la desembocadura del agua de Boroa, 
pensar que separados por trenes y naciones 
tú y yo teníamos que simplemente amarnos, 
con todos confundidos, con hombres y mujeres, 
con la tierra que implanta y educa los claveles.

jueves, 28 de mayo de 2015

Cien sonetos de amor I

Soneto I 

Matilde, nombre de planta o piedra o vino, 
de lo que nace de la tierra y dura, 
palabra en cuyo crecimiento amanece, 
en cuyo estío estalla la luz de los limones. 
En ese nombre corren navíos de madera 
rodeados por enjambres de fuego azul marino, 
y esas letras son el agua de un río 
que desemboca en mi corazón calcinado. 
Oh nombre descubierto bajo una enredadera 
como la puerta de un túnel desconocido 
que comunica con la fragancia del mundo! 
Oh invádeme con tu boca abrasadora, 
indágame, si quieres, con tus ojos nocturnos, 
pero en tu nombre déjame navegar y dormir.


Pablo Neruda

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Soneto XIV

Me falta tiempo para celebrar tus cabellos.
Uno por uno debo contarlos y alabarlos:
otros amantes quieren vivir con ciertos ojos,
yo sólo quiero ser tu peluquero.
En Italia te bautizaron Medusa
por la encrespada y alta luz de tu cabellera.
Yo te llamo chascona mía y enmarañada:
mi corazón conoce las puertas de tu pelo.
Cuando tú te extravíes en tus propios cabellos,
no me olvides, acuérdate que te amo,
no me dejes perdido ir sin tu cabellera
por el mundo sombrío de todos los caminos
que sólo tiene sombra, transitorios dolores,
hasta que el sol sube a la torre de tu pelo.

Cien sonetos de amor
Pablo Neruda

Soneto XIII



La luz que de tus pies sube a tu cabellera,
la turgencia que envuelve tu forma delicada,
no es de nácar marino, nunca de plata fría:
eres de pan, de pan amado por el fuego.
La harina levantó su granero contigo
y creció incrementada por la edad venturosa,
cuando los cereales duplicaron tu pecho
mi amor era el carbón trabajando en la tierra.
Oh, pan tu frente, pan tus piernas, pan tu boca,
pan que devoro y nace con luz cada mañana,
bienamada, bandera de las panaderías,
una lección de sangre te dio el fuego,
de la harina aprendiste a ser sagrada,
y del pan el idioma y el aroma.

Cien sonetos de amor
Pablo Neruda

lunes, 16 de noviembre de 2009

Advierte ...

ADVIERTE AL TIEMPO DE MAYORES HAZAÑAS,
EN QUE PODRÁ EJERCITAR SUS FUERZAS

Tiempo, que todo lo mudas,
tú, que con las horas breves
lo que nos diste, nos quitas,
lo que llevaste, nos vuelves:
tú, que con los mismos pasos,
que cielos y estrellas mueves,
en la casa de la vida,
pisas umbral de la muerte.
Tú, que de vengar agravios
te precias como valiente,
pues castigas hermosuras,
por satisfacer desdenes:
tú, lastimoso alquimista,
pues del ébano que tuerces,
haciendo plata las hebras,
a sus dueños empobreces:
tú, que con pies desiguales,
pisas del mundo las leyes,
cuya sed bebe los ríos,
y su arena no los siente:
tú, que de monarcas grandes
llevas en los pies las frentes;
tú, que das muerte y das vida
a la vida y a la muerte.
Si quieres que yo idolatre
en tu guadaña insolente,
en tus dolorosas canas,
en tus alas y en tu sierpe:
si quieres que te conozca,
si gustas que te confiese
con devoción temerosa
por tirano omnipotente,
da fin a mis desventuras
pues a presumir se atreven
que a tus días y a tus años
pueden ser inobedientes.
Serán ceniza en tus manos
cuando en ellas las aprietes,
los montes y la soberbia,
que los corona las sienes:
¿y será bien que un cuidado,
tan porfiado cuan fuerte,
se ría de tus hazañas,
y victorioso se quede?
¿Por qué dos ojos avaros
de la riqueza que pierden
han de tener a los míos
sin que el sueño los encuentre?
¿Y por qué mi libertad
aprisionada ha de verse,
donde el ladrón es la cárcel
y su juez el delincuente?
Enmendar la obstinación
de un espíritu inclemente,
entretener los incendios
de un corazón que arde siempre;
descansar unos deseos
que viven eternamente,
hechos martirio del alma,
donde están porque los tiene;
reprender a la memoria,
que con los pasados bienes,
como traidora a mi gusto
a espaldas vueltas me hiere;
castigar mi entendimiento,
que en discursos diferentes,
siendo su patria mi alma,
la quiere abrasar aleve;
éstas si que eran hazañas,
debidas a tus laureles,
y no estar pintando flores,
y madurando las mieses.
Poca herida es deshojar
los árboles por noviembre,
pues con desprecio los vientos
llevarse los troncos suelen.
Descuídate de las rosas,
que en su parto se envejecen;
y la fuerza de tus horas
en obra mayor se muestre.
Tiempo venerable y cano,
pues tu edad no lo consiente,
déjate de niñerías,
y a grandes hechos atiende.
Francisco de Quevedo

martes, 10 de noviembre de 2009

CON EJEMPLOS MUESTRA A FLORA LA BREVEDAD DE LA HERMOSURA, PARA NO MALOGRARLA

Sonetos Líricos de Quevedo

La mocedad del año, la ambiciosa
vergüenza del jardín, el encarnado
oloroso rubí, tiro abreviado,
también del año presunción hermosa:

la ostentación lozana de la rosa,
deidad del campo, estrella del cercado,
el almendro en su propia flor nevado,
que anticiparse a los calores osa:

reprensiones son, ¡oh Flora!, mudas
de la hermosura y la soberbia humana,
que a las leyes de flor está sujeta.

Tu edad se pasará mientras lo dudas,
de ayer te habrás de arrepentir mañana,
y tarde, y con dolor, serás discreta.

http://www.los-poetas.com

lunes, 9 de noviembre de 2009

AFECTOS VARIOS DE SU CORAZÓN, FLUCTUANDO EN LAS ONDAS DE LOS CABELLOS DE LISI

Sonetos Líricos de Quevedo

En crespa tempestad del oro undoso
nada golfos de luz ardiente y pura
mi corazón, sediento de hermosura,
si el cabello deslazas generoso.

Leandro en mar de fuego proceloso
su amor ostenta, su vivir apura;
Ícaro en senda de oro mal segura
arde sus alas por morir glorioso.

Con pretensión de fénix encendidas
sus esperanzas, que difuntas lloro,
intenta que su muerte engendre vidas.

Avaro y rico, y pobre en el tesoro,
el castigo y la hambre imita a Midas,
Tántalo en fugitiva fuente de oro.

http://www.los-poetas.com/f/quev4.htm