viernes, 9 de octubre de 2015
Los Venenos – Parte 9
jueves, 8 de octubre de 2015
Los Venenos – Parte 8
El domingo al levantarme oí que mamá hablaba por el alambrado con el señor Negri. Me acerqué a decir buen día y el señor Negri estaba diciéndole a mamá que en el cantero de las lechugas donde salía el humo el día que probamos la máquina, todas las lechugas se estaban marchitando. Mamá le dijo que era muy raro porque en el prospecto de la máquina decía que el humo no era dañino para las plantas, y el señor Negri le contestó que no hay que fiarse de los prospectos, que lo mismo es con los remedios que cuando uno lee el prospecto se va a curar de todo y después a lo mejor acaba entre cuatro velas. Mamá le dijo que podía ser que alguna de las chicas hubiera echado agua de jabón en el cantero sin querer (pero yo me di cuenta que mamá quería decir a propósito, de chusmas que eran y para buscar pelea) y entonces el señor Negri dijo que iba a averiguar pero que en realidad si la máquina mataba las plantas no se veía la ventaja de tomarse tanto trabajo.
miércoles, 7 de octubre de 2015
Los Venenos – Parte 7
Al otro día me levanté antes que nadie y fui a mi jardín, que estaba cerca de las glicinas. Mi jardín era un cantero nada más que mío, que abuelita me había dado para que yo hiciese lo que quisiera. Una vez planté alpiste, después batatas, pero ahora me gustaban las flores y sobre todo mi jazmín del Cabo, que es el de olor más fuerte sobre todo de noche, y mamá siempre decía que mi jazmín era el más lindo de la casa. Con la pala fui cavando despacio alrededor del jazmín, que era lo mejor que yo tenía, y al final lo saqué con toda la tierra pegada a la raíz. Así fui a llamarla a Lila que también estaba levantada y no tenía casi nada en la rodilla.
—¿Hugo se va mañana? —me preguntó, y le dije que sí, porque tenía que seguir estudiando en Buenos Aires el ingreso a primer año. Le dije a Lila que le traía una cosa y ella me preguntó qué era, y entonces por entre el ligustro le mostré mi jazmín y le dije que se lo regalaba y que si quería la iba a ayudar a hacerse un jardín para ella sola. Lila dijo que el jazmín era muy lindo, y le pidió permiso a la madre y yo salté el ligustro para ayudarla a plantarlo. Elegimos un cantero chico, arrancamos unos crisantemos medio secos que había, y yo me puse a puntear la tierra, a darle otra forma al cantero, y después Lila me dijo dónde le gustaba que estuviera el jazmín, que era en el mismo medio. Yo lo planté, regamos con la regadera y el jardín quedó muy bien. Ahora yo tenía que conseguir un poco de gramilla, pero no había apuro. Lila estaba muy contenta y no le dolía nada la lastimadura. Quería que Hugo y mi hermana vieran en seguida lo que habíamos hecho, y yo los fui a buscar justo cuando mamá me llamaba para el café con leche. Las de Negri andaban peleándose en el jardín, y la Cufina chillaba como siempre. No sé cómo podían pelearse con una mañana tan linda.
El sábado por la tarde Hugo se tenía que volver a Buenos Aires y yo dentro de todo me alegré porque tío Carlos no quería encender la máquina ese día y lo dejó para el domingo. Mejor que estuviéramos él y yo solamente, no fuera la mala pata que Hugo se saliera envenenando o cualquier cosa. Esa tarde lo extrañé un poco porque ya me había acostumbrado a tenerlo en mi cuarto, y sabía tantos cuentos y aventuras de memoria. Pero peor era mi hermana que andaba por toda la casa como sonámbula, y cuando mamá le preguntó qué le pasaba dijo que nada, pero ponía una cara que mamá se quedó mirándola y al final se fue diciendo que algunas se creían más grandes de lo que eran y eso que ni sonarse solas sabían. Yo encontraba que mí hermana se portaba como una estúpida, sobre todo cuando la vi que con tiza de colores escribía en el pizarrón del patio el nombre de Hugo, lo borraba y lo escribía de nuevo, siempre con otros colores y otras letras, mirándome de reojo, y después hizo un corazón con una flecha y yo me fui para no pegarle un par de bifes o ir a decírselo a mamá. Para peor esa tarde Lila se había vuelto a su casa temprano, diciendo que la madre no la dejaba quedarse por culpa de la lastimadura. Hugo le dijo que a las cinco venían a buscarlo de Buenos Aires, y que por qué no se quedaba hasta que él se fuera, pero Lila dijo que no podía y se fue corriendo y sin saludar. Por eso cuando lo vinieron a buscar, Hugo tuvo que ir a despedirse de Lila y la madre, y después se despidió de nosotros y se fue muy contento diciendo que volvería al otro fin de semana. Esa noche yo me sentí un poco solo en mi cuarto, pero por otro lado era una ventaja sentir que todo era de nuevo mío, y que Podía apagar la luz cuando me daba la gana.
Los Venenos – Parte 6
martes, 6 de octubre de 2015
Los Venenos – Parte 5
lunes, 5 de octubre de 2015
Los Venenos – Parte 4
domingo, 4 de octubre de 2015
Los Venenos – Parte 3
sábado, 3 de octubre de 2015
Los Venenos – Parte 2
viernes, 2 de octubre de 2015
Los Venenos – Parte 1
jueves, 3 de septiembre de 2009
Instrucciones-ejemplos sobre la forma de tener miedo
En un pueblo de Escocia venden libros con una página en blanco perdida en algún lugar del volumen. Si un lector desemboca en esa página al dar las tres de la tarde, muere. En la plaza del Quirinal, en Roma, hay un punto que conocían los iniciados hasta el siglo XIX, ydesde el cual, con luna llena, se ven moverse lentamente las estatuas de los Dióscuros que luchan con sus caballos encabritados
lunes, 17 de agosto de 2009
Razones de la cólera - 3
Y si el llanto te viene a buscar...
De un tango
Y si el llanto te viene a buscar
agarrálo de frente, bebé entero
el copetín de lágrimas legítimas.
Llorá, argentino, llorá por fin un llanto
de verdad, cara al tiempo
que escamoteabas ágilmente,
llorá las desgracias que creías ajenas,
la soledad sin remisión al pie de un río,
la culpa de la paz sin mérito,
la siesta de barrigas rellenas de pan dulce.
Llorá tu infancia envilecida por el cine y la radio,
tu adolescencia en las esquinas del hastío, la patota, el amor sin
recompensa,
llorá el escalafón, el campeonato, el bife vuelta y vuelta,
llorá tu nombramiento o tu diploma
que te encerraron en la prosperidad o la desgracia
que en la llanura más inmensa te estaquearon
a un terrenito que pagasteen cuotas trimestrales.
domingo, 16 de agosto de 2009
Razones de la cólera - 2
Extraño la Cruz del Sur
cuando la sed me hace alzar la cabeza
para beber tu negro vino medianoche.
Y extraño las esquinas con almacenes dormilones
donde el perfume de la yerba tiembla en la piel del aire.
Comprender que eso está siempre allá
como un bolsillo donde a cada rato
la mano busca una moneda el cortapluma el peine
la mano infatigable de una oscura memoria
que recuenta sus muertos.
La Cruz del Sur el mate amargo.
Y las voces de amigos
usándose con otros.
Razones de la cólera - 1
Fauna y flora del río
Este río sale del cielo y se acomoda para durar,
estira las sábanas hasta el pescuezo, y duerme
delante de nosotros que vamos y venimos.
El río de la plata es esto que de día
nos empapa de viento y gelatina, y es
la renuncia al levante, porque el mundo
acaba con los farolitos de la costanera.
Más acá no discutas, lee estas cosas
preferentemente en el café, cielito de monedas,
refugiado del fuera, del otro día hábil,
rondado por los sueños, por la baba del río.
Casi no queda nada; sí, el amor vergonzoso
entrando en los buzones para llorar, o andando
solo por las esquinas (pero lo ven igual
guardando sus objetos dulces, sus fotos y leontinas
y pañuelitos
guardándolos en la región de la vergüenza,
la zona de bolsillo donde una pequeña noche murmara
entre pelusas y monedas.
Para algunos todo es igual, mas yo
no quiero a Rácing, no me gusta
la aspirina, resiento
la vuelta de los días, me deshago en esperas,
puteo algunas veces, y me dicen qué le pasa amigo,
viento norte, carajo.
Julio Cortázar
http://www.literatura.org
miércoles, 5 de agosto de 2009
Fragmento de la entrevista a Cortazar
No hay mucho para agregar, solo disfrutarlo... en realidad me parece que ya lo puse este fragmento, pero bueno, es tan sublime que vale doble.
martes, 21 de julio de 2009
Hablen, tienen tres minutos
Hablen, tiene tres minutos
De vuelta del paseo
donde junté una florecita para tenerte entre mis dedos un momento,
y bebí una botellas de Beaujolais, para bajar al pozo
donde bailaba un oso luna,
en la penumbra dorada de la lámpara cuelgo mi piel
y sé que estaré solo en la ciudad
más poblada del mundo.
Excusarás este balance histérico, entre fuga a la rata y queja de morfina,
teniendo en cuenta que hace frío, llueve sobre mi taza de café,
y en cada medialuna la humedad alisa sus patitas de esponja.
Máxime sabiendo
que pienso en ti obstinadamente, como una ciega máquina,
como la cifra que repite interminablemente el gongo de la fiebre
el loco que cobija su paloma en la mano, acariciándola hora a hora
hasta mezclar los dedos y las plumas en una sola miga de ternura.
Creo que sospecharás esto que ocurre,
como yo te presiento a la distancia en tu ciudad,
volviendo del paseo donde quizá juntases
la misma florecita, un poco por botánica,
un poco porque aquí,
porque es preciso
que no estemos tan solos, que nos demosun pétalo, aunque sea un pasito, una pelusa.
martes, 14 de julio de 2009
El Encubridor
no sabe de que,
miedo del queso con ratón,
de la cuerda entre los locos,
de la espuma en la sopa.
Entonces quiere cambiarse como una figurita,
el pelo que antes se alambraba
con gomina y espejo lo suelta en jopo,
se abre la camisa, muda de costumbres,
de vino, de idioma.
Se da cuenta, infeliz, que va tirando mejor,
y duerme a pata ancha.
Hasta de estilo cambia,
y tiene amigos que no saben su historia provinciana,
ridícula y casera.
A ratos se pregunta como pudo esperar
todo ese tiempo
para salirse del río sin orillas,
de los cuellos garrote,
de los domingos, lunes, martes, miércoles y jueves.
A fojas uno, si, pero cuidado:
un mismo espejo es todos los espejos,
y el pasaporte dice que naciste y que eres
y cutis color blanco, nariz de dorso recto,
Buenos Aires, septiembre.
Aparte que no olvida,
porque es arte de pocos,
lo que quiso,
esa sopa de estrellas y letras que infatigable comerá
en numerosas mesas de variados hoteles,
la misma sopa, pobre tipo,
hasta que el pescadito intercostal
se plante y diga basta.
Antes, después
como los juegos al llanto
como la sombra a la columna
el perfume dibuja el jazmín
el amante precede al amor
como la caricia a la mano
el amor sobrevive al amante
pero inevitablemente
aunque no haya huella ni presagio
como la caricia a la mano
el perfume dibuja el jazmín
el amante precede el amor
pero inevitablemente
el amor sobrevive al amante
como los juegos al llanto
como la sombra a la columna
como la caricia a la mano
aunque no haya huella ni presagio
el amante precede al amor
el perfume dibuja el jazmín
como los juegos al llanto
como la sombra a la columna
el amor sobrevive al amante
http://www.los-poetas.com/b/corta1.htm
martes, 21 de abril de 2009
El Perseguidor - Julio Cortazar
Si otra vez Cortazar... por algo estamos tras las huellas de Julio Denis
martes, 14 de abril de 2009
El pensamiento de Cortázar en Rayuela
Por Cristina Feijóo
La obra de Julio Cortázar ha sido examinada y estudiada por la crítica literaria hasta destriparla, desalmarla, reducirla a sus últimos componentes. Yo quiero hacer algunas reflexiones como escritora; limitarme, además, a examinar la proyección de una sola de las obras de Cortázar, Rayuela, sustrayéndome a la tentación de analizar su estructura, el sugestivo juego de espejos de sus personajes centrales, el abordaje estético de los grandes temas y los presupuestos éticos que dialogan entre sí con fuerza inspiradora, para concentrarme en el análisis de las causas que llevaron a esta obra a insertarse de manera definitiva en el corazón de sus lectores.
La aparición de Rayuela constituyó un fenómeno singular en los lectores de mi generación. En primer lugar fue un libro nacido del espíritu de su tiempo, un verdadero espejo mental en el cual los jóvenes de entonces nos mirábamos y nos reconocíamos, es decir íbamos reconociéndonos, como Cortázar hubiera querido, activamente. Ya antes de la aparición de Rayuela los cuentos de Cortázar trabajan con esta misma sustancia que fermenta y se nutre de sí misma y que el autor calificó como su "sentimiento de lo fantástico", una percepción de la realidad que definía como extrañamiento, como irrupción en lo cotidiano de elementos que escapan a las leyes y a las explicaciones de la inteligencia lógica. Este poner en tela de juicio el criterio de realidad anticipaba ya su rebeldía a las ideas heredadas, a toda normativa cultural, cuestionamiento que llevaría a su cenit en Rayuela. ¿Por qué fue tan grande el impacto de Rayuela? Voy a intentar ahondar en esta pregunta desde mi posición de lectora antes que de escritora. Rayuela es una exasperada manifestación de rebeldía del pensamiento contra marcos culturales y moldes éticos y estéticos, es una indagación radical, un situarse desnudo y sin validaciones previas, cuestionando implacablemente todo legado.
El marco histórico cultural en el que se escribe Rayuela está dado por el movimiento dinámico de las juventudes de Latinoamérica y del mundo occidental en el sentido de un cuestionamiento radical a los parámetros civilizatorios de la época. Eran vigorosas las búsquedas culturales, las exploraciones artísticas, conceptuales, formales. Como expresión de esta aspiración de cambio surgieron entre los jóvenes corrientes orientalistas que buscaban romper los chalecos de fuerza de la organización social que ofrecía occidente -recordemos la influencia de Los Beatles en la cultura de masas, en la etapa más tardía de este proceso- y a la vez aparecían movimientos políticos radicales comprometidos con el cambio social, que en la década de los sesenta atravesarían todo el costado occidental del planeta -con exponentes como el mayo francés en 1968, las multitudinarias manifestaciones contra la guerra de Vietnam en Estados Unidos y Europa, los movimientos revolucionarios en América Latina. Este despliegue de potencias estaba "en el aire" cuando Rayuela irrumpió en nuestro mundo. Hablando sobre la génesis de esta obra dice Cortázar en 1967: "en Rayuela hice la tentativa más a fondo de que era capaz en ese momento para plantearme en términos de novela lo que otros, los filósofos, se plantean en términos metafísicos. Es decir, los grandes interrogantes, las grandes preguntas." En una época en que las grandes preguntas no se limitaban al campo teórico, en un tiempo en que los grandes temas se vivían, Rayuela vino a ser una metáfora de ese proceso.
En las décadas del sesenta y setenta leí varias veces Rayuela. Treinta años después y con la excusa de compartir con ustedes estas reflexiones he vuelto a esta novela. Esta vez fue una lectura sorprendente porque a medida que avanzaba en las páginas tenía una impresión de dejá vu que no guardaba, curiosamente, relación con el texto. Me parecía leer la versión final de mí misma. Como si la obra hubiera imantado mis pensamientos todos estos años, convertida en el mandala hacia cuyo centro había estado caminando sin tregua. No he hecho otra cosa, se me ocurrió, que repetir las variaciones de esa música, sus argumentos fundamentales. Mis opiniones, percepciones y creencias han sido cocinadas en el caldero de Rayuela. La idea es abrumadora. Pero el solo pensamiento de realidad invertida que contiene es, a la vez, muy atractivo. Imaginar a una persona como el producto de una obra de ficción. La ¿ilusión? no es casual, sino que forma parte de la experiencia vital que aporta su lectura.
La primera página del libro se titula "Tablero de dirección" y destruye en el mismo umbral de la obra el orden formal entre "lo escrito" y "lo leído" al proponer dos maneras de leer las seiscientas páginas que siguen: de corrido, -en cuyo caso el libro terminaría en el capítulo 56 siendo el resto "prescindible"- o como propone el autor, según un orden alterado en el que ubica como primero al capítulo 73, en cuyo caso todos los capítulos serían "necesarios".
Este sacudón inicial rompe con el pacto de lectura de la narrativa, según el cual al escritor se adueña del papel activo y el lector queda relegado a una cómoda pasividad. La primera página de Rayuela destruye ese acuerdo tácito. El lector tiene que elegir. Y esta elección lo eleva a un ilusorio plano de igualdad con el escritor, al serle otorgado un protagonismo que como lector le estaba vedado. "Posibilidad de hacer del lector un cómplice, un camarada de camino, simultaneizarlo, puesto que la lectura abolirá el tiempo del lector y lo trasladará al del autor" (1). Ya en la primera página del libro estallan los códigos de lectura. Quebrado ese pacto se debilita el criterio de realidad que toda obra propone y al que el lector se acomoda. El lector ingresa aquí a un espacio sin reglas que lo fuerza a adoptar una actitud alerta, ya no de receptor sino de cómplice de ese acto que se está perpetrando con su acuerdo y por su elección. Este cambio de actitud revoluciona el acto de lectura, es un puente que el escritor tiende al lector y que lo arranca de su soledad essencial. Como dice su personaje principal, Oliveira "Habría que vivir absurdamente para acabar con el absurdo, tirarse en sí mismo con una tal violencia que el salto acabara en los brazos de otro." (2). Solamente apelando al absurdo se rompe con el absurdo de la realidad. Ese es el principio al que Cortázar apela, convirtiéndonos de lectores en actores.
"En un plano de hechos cotidianos, la actitud de mi incorformista se traduce por su rechazo de todo lo que huele a idea recibida, a tradición, a estructura gregaria basada en el miedo y en las ventajas falsamente recíprocas", dice Morelli (3). Al caducar todas las condiciones preconcebidas de la vida en sociedad no pueden sino caducar también las formas clásicas de la organización del lenguaje, que debe rebelarse. "Usar la novela como se usa un revolver para defender la paz, cambiando su signo. Tomar de la literatura eso que es puente vivo de hombre a hombre y que el tratado o el ensayo sólo permite entre especialistas"(4). Es así como Rayuela rehuye las clasificaciones fáciles al cruzar las fronteras de los géneros, para inscribirse en lo que Umberto Eco llamaría "obra abierta", definición que presupone 1) que el significado de la obra esté entre líneas, 2) esté en lo extraliterario y 3) esté en la cabeza del lector. En una integración protoplasmática se unifican en Rayuela elementos de la cultura de masas -arte pop, tiras cómicas, collage y montage, folletines radiales y de teve, música popular, jerga urbana- y las técnicas literarias experimentales de avanzada -intercalación de relatos, experimentaciones sonoras y sintácticas (gíglico), alteración del orden del relato, finales falsos, quiebres, desplazamientos en la narración.
Podría pensarse que la tarea subversiva del escritor está más que cumplida: acaba de otorgar al lector un protagonismo no esperado. Sin embargo las analogías entre las interrogaciones del escritor y su tiempo no se limitan al papel activo que los jóvenes pretendían ejercer entonces, sino que acompañan en forma y contenido las búsquedas filosóficas con que se enfrentaban. La gran tensión del pensamiento de la época estaba puesta en el conflicto entre lo "espiritual o trascendente" y el "compromiso político-social", que aparecían como polos irreconciliables aún cuando compartieran una misma naturaleza. La tensión entre estas perspectivas del mundo nacía más de las similitudes que de las diferencias. Los supuestos conflictos entre el "individualismo egoísta" de lo espiritual y el "colectivismo solidario" de la militancia quedan minimizados ante una búsqueda igualmente ansiosa de "la Verdad", cuyo motor impone una ética y una escatología del triunfo del Bien sobre el Mal como aspiración final. La lectura de Rayuela no es otra cosa que un agudo recorrido por los nudos neurálgicos de estas interrogaciones y por las tensiones en apariencia irreconciliables entre estas corrientes del pensamiento. Cortázar era un hombre comprometido con las luchas políticas de su tiempo pero su cuestionamiento no se limitaba a la realidad de las injusticias sociales sino que atravesaba la estructura misma de la realidad, aunando dos perspectivas distintas por la puesta en crisis de la existencia vista como finalidad.
Si las formidables reflexiones de Rayuela expresaban la encrucijada del pensamiento en los años sesenta ahora esas reflexiones parecen anticipatorias de nuevas búsquedas filosóficas, que indagan tanto en la metafísica como en el ser social. La locura de Oliveira es la alienación de la modernidad, su acorralamiento no es sólo conceptual sino existencial. "Desde los eleatas hasta la fecha el pensamiento dialéctico ha tenido tiempo de sobra para darnos sus frutos, los estamos comiendo, son deliciosos, hierven de radioactividad. Y al final del banquete ¿porqué estamos tan tristes, hermanos? (5). Este reclamo angustioso por romper los chalecos de fuerza de las ideologías dominantes, por concebir "un lugar en el hombre desde donde pueda percibirse la realidad entera" (6) es tomado hoy por los nuevos filósofos. Las indagaciones actuales sobre el ser y sus múltiples formas de ser en sociedad estaban ya presentes en Rayuela como la revulsión visceral contra un orden que se desmoronaba y que terminó de derrumbarse en las últimas décadas, cuando cayeron todas las máscaras de racionalismo y nos dejaron, cegados de terror, ante un orden mundial que es un monumental mausoleo de las ideas de justicia, igualdad y libertad sobre las que se asentó nuestra civilización. Rayuela es un grito por la libertad del hombre, un grito que se prolonga en otros gritos, diversos, múltiples, potentes y actuales que nacen, paradójicamente, de la asfixia, como le gustaría decir a Oliveira.
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Notas:
(1) Capitulo 99
(2) Capítulo 22
(3) Alter ego literario de Cortázar, en Rayuela
(4) Rayuela, capítulo 99
(5) Rayuela, capítulo 79
(6) Rayuela capítulo 71
http://www.lamaquinadeltiempo.com
viernes, 10 de abril de 2009
miércoles, 8 de abril de 2009
Cortázar: cartas de los años tristes

Una editorial española publicará las cartas que a principios de los '80 se escribieron Julio Cortázar, Carol Dunlop -su última mujer- y una traductora serbocroata, Silvia Monrós-Stojakovic. Poco reconocibles como textos de Cortázar, son casi veinte cartas sobre viajes, amor y enfermedades. Además, varias de ellas recuerdan los días en que el matrimonio recorrió Francia y escribió en conjunto el que sería uno de los últimos libros de Cortázar, Los autonautas de la cosmopista.
Correspondencia. Julio Cortázar, Carol Dunlop, Silvia Monrós-Stojakovic (Alpha Decay) saldrá a la venta en España el próximo 13 de abril. La recopilación (que mantiene las imperfecciones del castellano de Dunlop y Monrós) incluye nueve cartas y postales del escritor argentino, cinco cartas de Dunlop y otras tantas de Monrós-Stojakovic, que entonces trabajaba en la traducción de Rayuela al serbio-croata. El diario español El País publicó ayer un adelanto con una larga carta de Dunlop y tres más breves de Cortázar. Aunque no son las mejores páginas del escritor argentino, reconstruyen uno de los períodos más tristes de su vida: los años en los que pierde a su mujer y en los que prácticamente abandona la escritura debido a los compromisos políticos (o literarios) que lo tenían de viaje alrededor del mundo.
"Hace nueve o diez días que estamos viviendo en el camioncito, en la orilla de la autopista del Sur", le cuenta Dunlop a Silvia Monrós en una carta escrita en agosto de 1981, en pleno viaje entre París y Marsella. La idea era parar "un día en cada parking y escribir juntos un libro alrededor de la experiencia, tomándoles el pelo a los antiguos exploradores y gozando de la ironía de tomar el camino más rápido y más 'civilisado' para hacer un viaje realmente de torturas". De hecho, en diez días apenas habían recorrido 140 kilómetros.
Dunlop adelanta en esa carta que el último "ha sido uno de los años más bellos y más horribles de mi vida". Por un lado, celebra ese viaje con "el grandote" en el que todo era escritura, música, lectura y erotismo. Pero a mitad de la carta hace una revelación terrible. "Hace casi un año que sé, y soy la única en saberlo fuera de los médicos, que Julio tiene una leucemia crónica. El no lo sabe ni lo tiene que saber", cuenta Dunlop unos párrafos antes de confesar que a ella también le diagnosticaron un cáncer y que "tampoco podía decir la verdad a Julio".
Carol murió el 2 de noviembre de 1982 y de ahí en más aparece un Cortázar desconsolado. Su respuesta -pocos días después- a una postal de la traductora, ocupa un brevísimo párrafo en el que le comunica la mala noticia. "Estoy en un pozo negro y sin fondo. Pero no pienses en mí, piensa en ella, luminosa y tan querida, y guárdala en tu corazón". El aire melancólico continúa en una nueva carta de Cortázar fechada en marzo de 1983. "Silvia, no te escribiré más por hoy, me cuesta hacerlo, estoy tan solo y tan deshabitado (...) Me concentro en la terminación del libro que Carol y yo hicimos juntos y que reseña ese viaje de París a Marsella que duró más de un mes y que nos trajo tanta felicidad".
El libro, Los autonautas de la cosmopista, fue uno de los últimos que Cortázar publicó en vida. Murió en febrero de 1984, por la leucemia. En sus cartas, Dunlop revelaba el tratamiento con el que había mantenido la enfermedad de su marido a raya. "Ya casi no hace la mimosa y sabe que si le ocurre disfrazarse de viejo, como intentó (...) durante la convalecencia, le doy una palisa de joven".
