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jueves, 15 de mayo de 2014

El oso, la mona y el cerdo

Tomás de Iriarte

Un oso con que la vida

ganaba un piamontés,
la no muy bien aprendida
danza ensayaba en dos pies.

Queriendo hacer de persona,

dijo a una mona: “¿Que tal?”
Era perita la mona y respondióle: “Muy mal.”

Yo creo -replicó el oso-

que me haces poco favor.
¡Pues qué! ¿Mi aire no es garboso?
¿No hago el paso con primor?”

Estaba el cerdo presente,

y dijo: “¡Bravo! ¡Bien va!
Bailarín más excelente
no se ha visto ni verá.”

Echó el oso, al oír esto,

sus cuentas allá entre si,
y con ademán modesto
hubo de exclamar así:

“Cuando me desaprobaba

la mona, llegué a dudar;
mas ya que el cerdo me alaba,
muy mal debo de bailar.”

Guarde pura su regalo

esta sentencia un autor:
si e! sabio no aprueba, malo;
si el necio aplaude, peor.






domingo, 11 de mayo de 2014

El toro y el ratón



Un día, un ratoncito asomó la nariz fuera de su agujero y vio que un gran toro pastaba apaciblemente, apenas a una docena de metros de distancia. Retozón, como siempre, el ratoncito se acercó a él por detrás y le propinó un ligero mordisco en el pie.
El toro lanzó un aterrador mugido y echó a correr por el campo, desgarrando la hierba y mirando fieramente a su alrededor, como si buscara a un enemigo. El ratoncito corrió detrás de él, porque no quería perderse esa diversión.
-¡Alguien me ha mordido el pie! -bramó el toro-. ¡Alguien me ha mordido el pie y no descansaré hasta descubrirlo! ¡Simplemente, no lo toleraré!
-¿Te dolió mucho? -preguntó el ratoncito, asomando con mucha precaución la cabeza por entre un montón de hierba.
-No -dijo el toro, con más suavidad-. Realmente, no me dolió, pero no quiero que me muerdan” el pie.
-Fui yo quien lo hizo, noble toro -chilló el ratoncito-. Aunque sólo soy un ratón, obtuve una victoria sobre cuatro cascos, un poderoso cuerpo y un par de cuernos.
Y meneando la cola, escapó.
El toro miró el sitio donde había estado el ratón y, después de un momento, se alejó confuso.
-Debí comprender que ninguna persona importante se atrevería a atacarme -se dijo, esforzándose en recuperar la dignidad perdida-. Después de todo, sólo era el ratón.





sábado, 15 de febrero de 2014

El cuervo hambriento y la mata de higos



Un flaco y hambriento cuervo se posó en una higuera, y viendo que los higos aún estaban verdes, se quedó en el sitio a esperar a que maduraran.

Vio una zorra al hambriento cuervo eternizado en la higuera, y le preguntó qué hacía. Una vez que lo supo, le dijo:

-Haces muy mal perdiendo el tiempo confiado a una lejana esperanza; la esperanza se llena de bellas ilusiones, mas no de comida.

Moraleja

Si tienes una necesidad inmediata, de nada te servirá pensar satisfacerla con cosas inalcanzables. Esfuerzate y conseguirás lo que quieres.




sábado, 8 de febrero de 2014

El boyero, y el ternero perdido




Un boyero que apacentaba un hato de bueyes perdió un ternero. Lo buscó, recorriendo los alrededores sin encontrarlo. Entonces prometió a Zeus sacrificarle un cabrito si descubría quien se lo había robado.

Entró de inmediato al bosque y vio a un león comiéndose al ternero. Levantó aterrado las manos al cielo gritando:

-¡Oh grandioso Zeus, antes te prometí inmolarte un cabrito si encontraba al ladrón; pero ahora te prometo sacrificar un toro si consigo no caer en las garras del ladrón!

Moraleja
Cuando busques una solución, ten presente que al encontrarla, ésta a su vez puede convertirse en el siguiente problema.


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sábado, 3 de noviembre de 2012

Atos e Igón (Fábula)


......... y los dos grandes dioses, se posaron sobre la tierra, como el bien y el mal. Atos, que el amor en todas sus formas llevaba en su interior e Igón que por no encontrar el amor, se aferró a lo mas cercano y fácil, el odio.
    Atos, hizo de las tierras altas de los Andes su hogar, mientras huía de Igon, pero este implacable lo siguió hasta aquí, pues el odio siempre aparecerá en alguna de sus formas, donde habita el amor, y contrario a lo que muchos piensan, lo opuesto al amor no es el odio , si no la indiferencia. Por eso donde ellos no están solo queda la nada.

    Atos contamino de amor la tierra creando y representando con el cielo, el amor infinito, con el verde de las plantas la paz, con la nieve de las altas cumbres la pureza, con los animales la sabiduría y  creó la lluvia para lavar lo que no nos deja vernos a nosotros mismos.
    Sin embargo luego de la lluvia, nació la vida, Atos la vio y su estado de amor fue tal que ya no pudo seguir huyendo.

    Un día llegó Igon y al ver tanto amor, su odio se hizo mas y mas fuerte y con un último conjuro convirtió a la Vida en pez y a Atos en Ciervo. Y aunque hayan pasado miles de años. el amor de Atos es como el cielo y hoy, al igual que siempre, cuando llegue el crepúsculo, el ciervo bajara a escondidas de los cerros y mojará sus labios en el agua y sin que nosotros e Igón nos demos cuenta, recibirá el beso de amor de la trucha, que le dará fuerzas para esperar a estar juntos, un día mas.
 Día a día esperaré eternamente ese encuentroaunque vivamos en mundos diferentes 

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viernes, 2 de noviembre de 2012

El León y el Ratón

Debemos ser generosos con todos, pues en cualquier momento necesitamos la ayuda de alguien más humilde que nosotros. De esta verdad estas fábulas darán fe en un instante.

Saliendo de su agujero harto aturdido, un ratoncillo fue a caer justo en las garras del león. El rey de los animales, demostrando su poder, le perdonó la vida. Su generosidad no fue en vano, porque ¿ quien hubiera creído que el león pudiera necesitar un día de la gratitud de un sencillo ratoncillo ?

Sucedió que en cierta ocasión en que el león salió de su selva, cayó en unas redes, de las cuales no podía librarse con sus fuertes rugidos. Lo oyó el ratoncillo, y acudió al sitio. Trabajó tan bien con sus pequeños dientes, que una vez roída una malla, el león terminó de desgarrar la trama entera.
En ciertos casos pueden más la paciencia y el tiempo que la ira y la fuerza.

 Y una buena acción, en algún momento tiene su recompensa.

Jean de la Fontaine

domingo, 17 de octubre de 2010

El gato y los ratones

Había una vez un gato muy cazador que no dejaba en paz a los ratones. Los ratones, del miedo, no salían de sus cuevas ni para ir a comprar queso a los ratones queseros.
Un sábado por la noche, el gato se fue de parranda y los ratones aprovecharon para reunirse.
- Tenemos que unirnos y luchar contra el enemigo gato -dijo un ratoncito.
- ¡Vivimos con el corazón en la boca! -dijo otro.
Entonces, un ratón viejo y sabio propuso lo siguiente:
- A este gato hay que agarrarlo dormido y atarle al cuello una cinta con un cascabel. Cuando oigamos ¡tilín! ¡tilín! Sabremos que se acerca. Y cuando no oigamos ¡tilín! ¡tilín! nos pasearemos tranquilos.
Era una idea genial. Todos la festejaron mucho. Pero… ¿quién le ponía el cascabel al gato?
- Yo no sé poner cascabeles -dijo un ratón.
- Yo no sé atar cintitas -dijo otro.
Uno por uno, todos se disculparon. Y, a pesar de que habían aplaudido al ratón sabio, nadie se atrevió a ponerle el cascabel al gato. Porque es fácil decir: "Hay que hacer esto. Hay que hacer aquello". Pero hacerlo es mucho más difícil.

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viernes, 17 de septiembre de 2010

La tortuga y los patos

La tortuga estaba aburrida de andar siempre por el mismo jardín.
- ¡Ah! -decía-. ¡Cuánto me gustaría viajar y ver mundo! Pero camino tan despacito que no llegaré muy lejos.
Dos patos la oyeron y se ofrecieron a ayudarla.
- Inventaremos un aparatito para que puedas viajar -le dijeron.
Entonces tomaron un palito y, entre los dos, lo sostuvieron con el pico. La tortuga no tuvo más que prenderse con los dientes del palo y los patos remontaron vuelo y la llevaron por el aire.
¡Por fin pudo ver las copas de los árboles, y los techos de las casas!
De pronto, se sintió tan poderosa, tan importante, que empezó a gritar:
- ¡Soy la Reina de las tortugas!
- ¡Miren…cómo… vue… lo!... ¡Miren… cóo… o… o…
Pero, al abrir la boca, tuvo que soltar el palito y cayó a plomo.
¡Pataplúm! Cayó en el pasto y se dio un gran porrazo, tan grande que estuvo dos días quejándose:
- ¡Ay, ay, ay, ay! ¡Por creerme la Reina de las tortugas, ahora soy la Reina de los chichones!
Nunca hay que creerse demasiado importante. Porque se puede subir de repente, como la tortuga. Pero también se puede volver a bajar.

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La zorra y las uvas

Una vez, la zorra pasó junto a un parral y vio que, muy alto, colgaba un racimo de uvas deliciosas.
Enseguida, dio un salto para arrancar las uvas, pero no pudo alcanzarlas.
Tomó impulso, saltó más alto, y nada. Saltó muchas veces, como si hubiese tenido resortes en las patitas.
Hasta que, por fin, miró las uvas con rabia y dijo:
- ¡Bah! ¿Quién las quiere? ¡Seguramente están verdes!
Y se fue caminando mientras repetía:
- ¡Están verdes!
Así hacen muchos cuando no saben alcanzar lo que quieren. Se conforman contándose una mentirita. Diciendo "¡están verdes!".

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domingo, 23 de mayo de 2010

El guacho


Un cordero guacho, criado con toda clase de atenciones por las hijitas del pastor, vivía como un príncipe. Mantenido con leche a discreción, tampoco le faltaban golosinas, y con sólo venir balando, al momento conseguía que se ocupasen de él y le diesen mil cosas buenas: un terrón de azúcar, un pedazo de pan, granos de maíz, una zanahoria o cualquier otra cosa de su agrado. Y aunque gordo a más no poder, siempre pedía y siempre le daban de todo a pedir de boca.
Asimismo, no podía ver pasar la majada, sin dejar todo tirado, para correr a mezclarse con ella y atropellar brutalmente a los corderos recién nacidos, quitándoles la teta materna y tratando de chuparse él solo toda la leche, con balidos tan quejumbrosos como si estuviera muerto de hambre.
Hasta que un día, una oveja le preguntó si no tenía vergüenza, gordo como estaba y en estado de tan manifiesta prosperidad, de llorar así por leche; y el guacho le confesó ingenuamente lo que muchos, sin confesarlo, sienten, que nada valía para él lo que tenía, mientras veía que tuvieran algo también los demás.
El hombre sin envidia nunca es pobre de veras; ni rico de veras el envidioso.
Fábulas Argentinas

viernes, 21 de mayo de 2010

terú-terú


El terú-terú, alegre, dispuesto, conversador, entrometido, burlón, lo mismo le hace los cuernos al gavilán que al buey, pero es amigo de todos, en la Pampa, y su principal oficio es avisar a cualquier bicho, de sus compañeros, de los peligros que corre o podría correr. Si cruza un perro, solo, por el campo ¡pobre de él! ¡Lo que le dirán de cosas los terús, a la pasada!, ni las ganas le dejarán de volver a pasar por allí.
Un día, a la madrugada, entre la neblina liviana que todavía flotaba encima del suelo húmedo de los bajos, se iba aproximando despacio a una laguna, un mancarrón bichoco despuntando con los dientes las matitas de pasto salado, dando algunos pasos, parándose, volviendo a caminar, hasta que se paró muy cerca de una bandada inmensa de patos dormidos en la orilla.En aquel momento, el primer rayo de sol hizo brillar detrás del mancarrón una escopeta larga, larguísima, un fusil, un cañón, capaz de no dejar vivo un solo pato de todos los de la bandada.
Pero sonó también entonces el grito de alarma del terú-terú, y ya que el mancarrón disimulaba a un cazador, peligro había para los patos amigos. "¡Terú-terú!" y éstos empezaron a levantar la cabeza; se agitaron, escucharon, miraron; "terú-terú"; gritaba el guardián honorario de los campos, hasta que se voló la bandada toda, dejando al cazador renegar contra "ese maldito pácaro de mizeria... hico de alguna matre desgraziata"...
El terú-terú se reía ahora, y se burlaba del hombre "¡terú-terú!" celebrando, aunque fuera gratuito, el servicio prestado por él a los patos; tanto que le dio rabia al cazador, y que, a pesar de lo que cuesta un tiro destinado a matar cincuenta patos (lo menos cuatro centavos y medio); "¡Santa Madonna!" clamó éste, e hizo volar por las nubes al pobre terú descuartizado.
El comedido siempre sale malparado.

martes, 29 de diciembre de 2009

El aguila, el cuervo y el pastor

Lanzándose desde una loma, un águila arrebató y se llevo a un corderito.

La vio un cuervo y tratando de imitar al águila o de sorprender a los granjeros, se lanzó sobre un carnero, pero con tan mal conocimiento en el arte que sus garras se enredaron en la lana, y batiendo al máximo sus alas no logró soltarse.

Viendo el pastor lo que sucedía, atrapó al cuervo, y cortando las puntas de sus alas, se lo llevó a sus hijos.

Le preguntaron sus hijos acerca del tipo de pajaro que era ese, su papá les respondió:

-Para mí, sólo es un cuervo; pero él, se cree águila.

Moraleja
Pon tu esfuerzo y dedicación en lo que realmente estás preparado, no intentes mentir o engañar a los demás fingiendo algo que no eres

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El picador de piedra

Cuenta la leyenda que un humilde picador de piedra vivía resignado en su pobreza, aunque siempre anhelaba con deseo convertirse en un hombre rico y poderoso. Un buen día expresó en voz alta su deseo y cuál fue su sorpresa cuando vio que éste se había hecho realidad: se había convertido en un rico mercader.

Esto le hizo muy feliz hasta el día que conoció a un hombre aún más rico y poderoso que él. Entonces pidió de nuevo ser así y su deseo le fue también concedido. Al poco tiempo se cercioró de que debido a su condición se había creado muchos enemigos y sintió miedo.

Cuando vio cómo un feroz samurai resolvía las divergencias con sus enemigos, pensó que el manejo magistral de un arte de combate le garantizaría la paz y la indestructibilidad. Así que quiso convertirse en un respetado samurai y así fue.

Sin embargo, aún siendo un temido guerrero, sus enemigos habían aumentado en número y peligrosidad. Un día se sorprendió mirando al sol desde la seguridad de la ventana de su casa y pensó: "él si que es superior, ya que nadie puede hacerle daño y siempre está por encima de todas las cosas. ¡ Quiero ser el sol !".

Cuando logró su propósito, tuvo la mala suerte de que una nube se interpuso en su camino entorpeciendo su visión y pensó que la nube era realmente poderosa y así era como realmente le gustaría ser.

Así, se convirtió en nube, pero al ver cómo el viento le arrastraba con su fuerza, la desilusión fue insoportable. Entonces decidió que quería ser viento. Cuando fue viento, observó que aunque soplaba con gran fuerza a una roca, ésta no se movía y pensó: ¡ ella sí que es realmente fuerte: quiero ser una roca ! Al convertirse en roca se sintió invencible porque creía que no existía nada más fuerte que él en todo el universo.

Pero cuál fue su sorpresa al ver que apareció un picador de piedra que tallaba la roca y empezaba a darle la forma que quería pese a su contraria voluntad. Esto le hizo reflexionar y le llevó a pensar que, en definitiva, su condición inicial no era tan mala y que deseaba de nuevo volver a ser el picador de piedra que era en un principio.

domingo, 23 de agosto de 2009

Las ranas y el pantano seco

Vivían dos ranas en un bello pantano, pero llegó el verano y se secó, por lo cual lo abandonaron para buscar otro con agua. Hallaron en su camino un profundo pozo repleto de agua, y al verlo, dijo una rana a la otra:
-- Amiga, bajemos las dos a este pozo.
-- Pero, y si también se secara el agua de este pozo, -- repuso la compañera --, ¿ Cómo crees que subiremos entonces ?

Al tratar de emprender una acción, analiza primero las consecuencias de ella.
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martes, 18 de agosto de 2009

La rana gritona y el león

Oyó una vez un león el croar de una rana, y se volvió hacia donde venía el sonido, pensando que era de algún animal muy importante.
Esperó y observó con atención un tiempo, y cuando vio a la rana que salía del pantano, se le acercó y la aplastó diciendo:
-- ¡ Tú, tan pequeña y lanzando esos tremendos gritos !

Quien mucho habla, poco es lo que dice.

Las ranas y el pantano seco


Vivían dos ranas en un bello pantano, pero llegó el verano y se secó, por lo cual lo abandonaron para buscar otro con agua. Hallaron en su camino un profundo pozo repleto de agua, y al verlo, dijo una rana a la otra:
-- Amiga, bajemos las dos a este pozo.
-- Pero, y si también se secara el agua de este pozo, -- repuso la compañera --, ¿ Cómo crees que subiremos entonces ?

Al tratar de emprender una acción, analiza primero las consecuencias de ella.


domingo, 16 de agosto de 2009

La mariposa y las abejas


De flor en flor iba la mariposa, luciendo sus mil colores más linda que las mismas flores, más divina que un pétalo de rosa.A cada paso, en sus revoloteos, encontraba a las abejas, atareadas siempre, siempre afanadas. Asimismo, como sabía dejarles el paso, saludándolas afablemente, las abejas le habían criado cariño, y de cuando en cuando se dignaban algunas de ellas conversar un rato con ella.Así se enteró la mariposa de cómo las abejas edificaban su colmena, la proveían de todo lo necesario para el invierno, tenían sus depósitos llenos y hasta podían dedicarse a un negocio lucrativo de intercambio de productos con otros insectos.
Se le ofrecieron mucho, poniendo sus casas a su disposición, prometiéndole mil cosas, rogándole que las ocupara, sin cumplimiento.
La mariposa, llena de imaginación, se figuró que con semejante ayuda, podría también ella poner negocio. No había trabajado, hasta entonces, en recoger la miel, sino para su consumo personal; pero, como las abejas, sabía juntarla, y lo mismo que ellas, podría muy bien hacer fortuna.Sólo le faltaba un poco de cera para empezar y algunos otros materiales para formar la colmena.
Fue a ver a sus amigas las abejas, a pedirles la cera.Una, desde el umbral de su casa, le contestó que, justamente en este momento, acababa de disponer de la poca que tenía guardada, y que de veras sentía mucho no poderla favorecer.La segunda entreabrió la puerta, y le dijo que todavía no tenía cera disponible; y la tercera, por la ventana, le gritó que recién al día siguiente la iba a tener.
Otra, con mucha franqueza, le contestó que, realmente, tenía, pero que la iba a necesitar y no se la podía prestar.Y la mariposa volvió a sus flores, convencida de que de los mismos que se ofrecen, muchos han tenido, muchos tendrán, muchos van a tener, muchísimos tienen y se lo guardan, y que, si los hay, bien pocos deben ser los que tienen y dan.

El mono y la naranja


Un mono, sin dejar de rascarse, alzó una naranja y la quiso comer. Pero, primero la tenía que pelar.
No queriendo dejar su ocupación, tiró de la cáscara con los dientes, pero poco le gustó la amargura de la cáscara y buscó otro medio.
Siempre rascándose con una mano, puso un pie sobre la naranja, y con la otra mano la empezó a pelar. Posición cansadora.

Se sentó entonces y apretó la naranja entre las rodillas, sacando con la mano libre algo de la cáscara; pero la fruta se le resbaló y rodó por el suelo, donde se ensució toda.
Enojado, pero siempre rascándose, la limpió como pudo y la empezó a chupar. Con una sola mano poco jugo podía exprimir y sus esfuerzos no le daban resultado.Algo desconsolado, pestañeaba, mirando con sus ojitos la naranja sucia y deshecha, buscando la solución del problema, cuando de repente se le alegró la cara.

Había por fin encontrado el medio sencillo y seguro de poder pelar ligero y bien una naranja.
Dejó de rascarse por un rato, agarró fuerte la fruta con una mano, la peló con la otra en un minuto, la partió, la comió, la hizo desaparecer, y dando dos piruetas, se empezó a rascar otra vez, pero ya con las dos manos.
Hacer dos cosas a la vez, no sirve, y siempre trabaja mal una mano sin la ayuda de la otra.

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sábado, 15 de agosto de 2009

El tigre y los chimangos.

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Un tigrecito, joven y de poca experiencia, se había fijado que cuando volvía de la caza, los chimangos se juntaban por centenares alrededor suyo, saludándolo con su simpática gritería, mientras devoraba la presa.
-Nosotros los tigres -pensaba-, como príncipes que somos, pocos amigos leales solemos tener. Adulones no nos faltan, por cierto, que siempre tratan de sacar de nosotros alguna tajada, o miedosos y cobardes, que con tal de alejar de sí nuestra ira, serían capaces de las más bajas vilezas.
Pero estos chimanguitos no son ni uno ni otro. Se conoce a la legua que sus gritos son de sincera y pura alegría, de felicitación desinteresada, pues nunca vienen, estando uno de nosotros, a pedir siquiera una lonjita de carne. Tampoco nos pueden tener mucho miedo, pues son tan flacos que no valen un manotón, y bien lo saben ellos, por cierto. ¡Éstos, sí, pues, son verdaderos amigos!

Un día, volvió sin haber podido cazar ninguna presa.
Como siempre, muchos chimangos había alrededor de la guarida paterna; pero calladitos.
-Tristes están los pobres -pensó el tigrecito-, porque ven que vengo sin nada y les da lástima verme pasar hambre. ¡Qué buenos amigos!

Enternecido, contó el hecho a su padre, quejándose sólo de no poder conocerlos a todos uno por uno, para quererlos más.
-¿Quieres saber cuántos son? -le dijo el viejo-. Pues, hazte el muerto, no más, y pronto se van a juntar todos.
Así hizo nuestro tigrecito. Al rato, empezó la gritería, y venían chimangos, y más chimangos; demasiados eran para poderlos contar, ¡y casi lloraba de gusto el tigrecito al verse rodeado de tantos amigos!...
De repente sintió que dos de ellos, creyéndolo muerto de veras, le empezaban a picotear los ojos, y conoció su error.

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miércoles, 5 de agosto de 2009

El buen rey león

Había un león que no era enojoso, ni cruel, ni violento, sino tratable y justo como una buena creatura, que llegó a ser el rey.
Bajo su reinado se celebró una reunión general de los animales para disculparse y recibir mutua satisfacción: el lobo dio la paz al cordero, la pantera al camello, el tigre al ciervo, la zorra a la liebre, etc.
La tímida liebre dijo entonces:
-- He anhelado ardorosamente ver llegar este día, a fin de que los débiles seamos respetados con justicia por los más fuertes.
E inmediatamente corrió lo mejor que pudo.

Cuando en un Estado se practica la justicia, los humildes pueden vivir tranquilos..., pero no deben atenerse.