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jueves, 25 de febrero de 2021

La historia de Diógenes de Sinope: el filósofo griego que vivía en la indigencia

Residía en una tinaja, comía junto a los perros y hacía todas sus necesidades en público. Hoy en día, «el síndrome de Diógenes» designa un trastorno del comportamiento que se caracteriza por el total abandono personal y por la acumulación de grandes cantidades de basura y desperdicios domésticos.


Antes de partir a la conquista de Asia, Alejandro Magno se detuvo en Corinto y pidió conocer «al filósofo que vivía con los perros», o al menos eso cuenta una leyenda de larga tradición. El joven macedonio quedó asombrado con Diógenes de Sinope, pues no se parecía a ningún sabio que el joven macedonio, educado por Aristóteles, hubiera conocido o imaginado nunca: dormía en una tinaja y se rodeaba las veinticuatro horas del día por una jauría de perros. Alejandro entabló conversación con el entonces anciano y, horrorizado por las condiciones en las que vivía, le preguntó si podía hacer algo para mejorar su situación. «Sí, apartarte, que me estás tapando el Sol», contestó el filósofo de malas maneras al que era ya el dueño de Grecia. No en vano, según la leyenda, el macedonio no solo aceptó el desplante sin enfadarse, sino que le mostró su máxima admiración: «De no ser Alejandro, yo habría deseado ser Diógenes».

 

Perteneciente a la escuela cínica, que consideraba que la civilización y su forma de vida era un mal en sí mismo, Diógenes de Sinope llevó hasta el extremo las ideas del fundador de esta filosofía, Antístenes. Lejos de lo que hoy se entiende por cinismo (tendencia a no creer en la sinceridad o bondad humana y a expresar esta actitud mediante la ironía y el sarcasmo), las ideas de Antístenes buscaban alcanzar la felicidad deshaciéndose de todo lo superfluo. Así, este discípulo directo de Sócrates se retiró a las afueras de Atenas para vivir bajo sus propias leyes, sin obedecer a las convenciones sociales. No obstante, fue su aventajado discípulo, Diógenes, quien hizo célebre su obra a través de la indigencia más absoluta.

 

Poco se sabe sobre la infancia de Diógenes, nacido en la colonia griega de Sínope (en la actual Turquía) en el 412 a. C, salvo que era hijo de un banquero llamado Hicesias. Ambos se dedicaban a fabricar monedas falsas, algunos historiadores han sostenido que con fines políticos y no por lucro personal, hasta que fueron desterrados por esta causa a Atenas. Los arqueólogos, de hecho, han podido corroborar el episodio a través del gran número de monedas falsificadas con la firma de Hicesias, el oficial que las acuñó, encontradas en el lugar de nacimiento del filósofo.

 

Vestido solo con una humilde y roída capa

 

Decepcionado por la superficialidad de los atenieses y sus rigores sociales, el joven filósofo conoció a Antístenes –un discípulo de Sócrates que, según Platón, estaba presente durante su suicidio–. Diógenes tomó al pie de la letra las enseñanzas de su maestro, entregándose a una vida de extrema austeridad con la pretensión de poner en evidencia la vanidad y artificiosidad de la conducta humana. Así estableció su vivienda en una tinaja, que solo abandonaba para dormir en los pórticos de los templos, se vistió con una humilde capa y comenzó a caminar descalzo sin importarle la estación del año. Sin embargo, según cuenta el mito sobre su vida, para el griego nada era lo suficientemente humilde y siempre encontraba nuevas formas de reducir su dependencia por lo material. En una ocasión, vio como un niño bebía agua con las manos en una fuente: «Este muchacho –dijo– me ha enseñado que todavía tengo cosas superfluas», y tiró su escudilla (un recipiente semiesférico usado para trasladar líquidos). También se despojó de su plato al ver que a otro niño, al rompérsele el suyo, puso las lentejas que comía en la concavidad de un trozo de pan.

La actitud de Diógenes, no en vano, podía pasar en ocasiones por la de un provocador obsceno o la de un elemento subversivo. Además de hacer sus necesidades a la vista pública, como prueba de que ninguna actividad humana es tan vergonzosa como para requerir privacidad, se masturbó en el Ágora, la principal y más transitada plaza de Atenas, sin más explicación que «¡Ojalá, frotándome el vientre, el hambre se extinguiera de una manera tan dócil!». Y, entre las numerosas anécdotas sobre su vida, también destaca por ofensiva la actitud que padeció un adinerado hombre que tuvo la osadía de invitarle a un banquete en su lujosa mansión con la única prohibición de que no escupiera en su casa. Diógenes hizo unas cuantas gárgaras para aclararse la garganta y le escupió directamente a la cara, alegando que no había encontrado otro lugar más sucio donde desahogarse.

 

Por supuesto, la mayoría de estas historias caminan entre el mito y la realidad, y sirven sobre todo para trazar el retrato de un hombre que, a pesar de vivir de forma diferente al resto, casi en la indigencia, era admirado por la mayoría de atenienses. El «Sócrates delirante», como le llamaba Platón, era respetado por su crítica a las diferencias de clase y su desdén por las normas de conducta social. Dentro de la doctrina de los cínicos, los animales eran el ejemplo perfecto de cómo alcanzar la felicidad a través de esta rebelde autosuficiente. Quizá por ello, Diógenes se rodeó de una jauría de perros con la que, relata el mito, compartía su comida y dormía agazapado. Pero lejos de ser alguien carente de humanidad, Diógenes despreciaba a los hombres de letras por leer los sufrimientos de «Odiseo» desde la distancia mientras desatendían los suyos propios y abogaba por preocuparse por las cosas verdaderamente humanas, sin artificios ni tintas de por medio.

 

Capturado por piratas y vendido como esclavo

 

Sin conocerse realmente las circunstancias que le llevaron a Corinto, donde tendría el encuentro con Alejandro Magno, la leyenda sostiene que Diógenes fue capturado por unos piratas y vendido como esclavo cuando se dirigía a Egina (Islas Sarónicas, Grecia). Fue comprado por un aristócrata local, Xeniades de Corinto, quien le devolvió la libertad y le convirtió en tutor de sus dos hijos. Pasó el resto de su vida en esta ciudad, donde de la misma forma son fértiles las estrambóticas anécdotas sobre el comportamiento del filósofo. Precisamente, a cuenta de su muerte, también se han escrito diferentes y fabuladas versiones. Según una de ellas, murió de un cólico provocado por la ingestión de un pulpo vivo. No en vano, la más excesiva asegura que falleció por su propia voluntad: reteniendo la respiración hasta quedar sin vida. «Cuando me muera echadme a los perros. Ya estoy acostumbrado», fueron sus últimas palabras. Su ocaso aconteció el mismo año, el 323 a. C., que el gran Alejandro.

 

En la actualidad, se designa al «Síndrome de Diógenes», en referencia al filósofo, como el trastorno del comportamiento que se caracteriza por el total abandono personal y social y la acumulación en el hogar de grandes cantidades de basura y desperdicios domésticos. En 1960 se realizó el primer estudio científico de dicho patrón de conducta, bautizándolo en 1975 con el nombre del estrambótico filosofo. No obstante, desde el punto de vista histórico la vinculación de este trastorno con el comportamiento austero del griego es incorrecta, puesto que la acumulación de cualquier tipo de cosas es lo contrario a lo predicado por aquel hombre que vivía en una tinaja.

 

https://www.abc.es/internacional/20150121/abci-diogenes-sinope-filosofo-historia-201411211847.html

 

domingo, 10 de junio de 2018

“Vida Líquida” - Parte 4


Por ello, en Pensar en tiempos oscuros (volver a Arendt y Adorno) el recorrido se cierra evocando las reflexiones de Theodor Adorno acerca de la dialéctica de dos historias separadas por más de dos siglos, donde la segunda -llamémosle líquida- hace posible una revisión de la primera -llamémosle, sólida- pero sin suponer que la primera determinó la inminencia de la segunda. Volver sobre los escritos de Adorno le permite a Bauman recuperar la idea de “redención de las esperanzas del pasado” en tanto posibilidad de emancipación humana.

En este sentido, si las obras de Karl Marx, Émile Durkheim y Hannah Arendt se esgrimen a lo largo de su trabajo como pilares fuertes para comprender la sociedad líquida, pensar desde las críticas de Adorno parece concederle la oportunidad de imaginar alternativas de salida frente a una dinámica mundial que se nos impone. De esta manera el autor considera que si el mundo ha cambiado y los problemas ya no son locales porque son globales, la clave de la crítica debe estar concentrada en la reflexión para la construcción de un espacio público nuevo y global que se acompañe de actitudes responsables en términos planetarios por parte de los miembros de la sociedad en aras de reformar el tejido de interdependencias e interacciones globales.



El desarrollo que Zygmunt Bauman logra en Vida Líquida no carece de coherencia y solidez. Su indagación sobre aquellos aspectos constitutivos del mundo líquido se dibuja en un diálogo continuo entre teoría y práctica, manteniendo un movimiento pendular constante entre Cuadernos de H Ideas, Año 1, Nº 1, 2007 224 pragmatismo y filosofía que le otorgan a su obra un atractivo intrigante y realista a la vez que su lectura seduce en su forma y contenidos. 

NOTAS * Bauman, Zygmunt (2006). España, Barcela, Editorial Paidos. Emerson, Ralph Waldo, On Prudente citado en Bauman, Zygmunt (2006). Vida Líquida, Editorial Piados. (2) Bauman, Zygmunt (2006). Vida Líquida, Editorial Paidós, Barcelona, Pág. 10. (3) Íbidem, p. 32. (4) Íbidem, p. 47. (5) Bauman, Zygmunt (2005). Identidad, Editorial Losada, p.165 (6) Bauman, Z. (2006). Op. Cit. p. 82 (7) Íbidem, p. 171

M. Soledad Lastra FAHCE- UNLP


sábado, 9 de junio de 2018

“Vida Líquida” - Parte 3


Si hasta ahora el recorrido que hace el autor por la sociedad líquida resulta atrayente -a la vez que desalentador- en Consumidores en la sociedad moderna líquida se hundirá en el núcleo más duro de la liquidez. En este sentido, la sociedad de consumo aparece desnuda en todo el capítulo al despojar el feliz disfraz que viste el mercado para ver en su lugar los harapos de la permanente insatisfacción que necesita generar en los individuos para poder sobrevivir.

Pasando por el cuerpo, la infancia, la familia, las relaciones afectivas -de pareja y amistades- y el trabajo, Bauman pone en evidencia la significativa centralidad que la figura de la mercancía y su lógica como valor de cambio tienen al momento de reflexionar incluso sobre las transformaciones de la vida privada e íntima de los individuos desde la sociedad sólida hacia su licuefacción. Cuadernos de H Ideas, Año 1, Nº 1, 2007 223 Los últimos dos capítulos permiten vislumbrar una ranura de luz en lo que retoma de Arendt como los “tiempos de oscuridad” (7). 

La educación es abordada desde este nuevo contexto en Aprender a caminar sobre arenas movedizas como una tarea continua que, para ser útil a los hombres, no se debe acelerar en pos de adaptarse a los cambios del mundo, sino que debería hacer de él algo más acogedor. En este punto, Bauman abre el juego entre la educación y la política apelando a la recuperación de los espacios públicos de diálogo y entendimiento del “otro” e invocando el reconocimiento de que nuestras elecciones son actos redentores de la ignorancia política, ignorancia que aboga por una democracia vacía y sujeta a los manejos de quienes se alimentan de nuestras inseguridades.


“Vida Líquida” - Parte 2

Quienes no cuentan con la capacidad o los medios para alcanzarla quedan relegados a una identidad “lugareña” e inferior que resulta en una polarización y profundización de la desigualdad social. Sin embargo, esta “hibridación” será entendida por el autor no como un privilegio estanco e irrefutable de esa élite global sino como un “movimiento hacia una identidad perpetuamente por fijar” (4).
Pero esta fragilidad de la identidad de los que aparecen como privilegiados también es propia de quienes ocupan el otro extremo de la polaridad, es decir, la gran mayoría. Esta precariedad de la identidad ya no es secreta. Como bien lo explica en sus conversaciones con el periodista Benedetto Vecchi, toda identidad “entraña una lucha simultánea contra la disolución y la fragmentación, una intención de devorar y, al mismo tiempo, una resulta negativa a ser comido” (5).
De mártir a héroe y de héroe a celebridad desarrolla la transformación que sufrió la sociedad en lo que respecta a los ideales. Aquí detalla el tránsito de una sociedad patrocinada por los Estados-Nación hacia una globalidad emergente que descarta los viejos ideales de sacrificio y Cuadernos de H Ideas, Año 1, Nº 1, 2007 222 bienestar colectivo que antiguamente encarnaban los héroes o los mártires en pos de una causa.

En su lugar se instituyen aquellas personas famosas o célebres que son reconocidas como tales no por los motivos de su acción sino por su notoriedad. Obviamente, esta institucionalización será efímera y volátil como todo en la vida líquida.

La pregunta guía que formula el autor en el capítulo La cultura: indisciplinada e imposible de controlar es si puede sobrevivir la cultura al ocaso de la durabilidad, la perpetuidad y la infinitud siendo ellas las primeras víctimas del triunfo del consumismo (6).
En este sentido, aquí también se pone en juego la invasión de los criterios de mercado en el universo de la creatividad cultural y con ello, el corolario de que el arte y su valor queden a merced de los caprichos de la demanda. 
Refugiarse en la Caja de Pandora o miedo y seguridad en la ciudad ahonda en la capitalización de los riesgos, en términos económicos y políticos, y en la acumulación de las incertidumbres e inseguridades que los miembros de la sociedad líquida tratan de aminorar. En la búsqueda de la solución para amortiguar los miedos y vivir más seguros, el autor destacará que los individuos contribuyen a reproducir la lógica intrínseca del mercado consumiendo respuestas ofertadas en términos de vigilancia constante, áreas públicas cerradas, zonas residenciales y control permanente cuyo costo será el tedio, el retraimiento del diálogo y la imposibilidad de convivir en la diferencia.

viernes, 8 de junio de 2018

“Vida Líquida” - Parte 1





“Cuando patinamos sobre hielo quebradizo, nuestra seguridad depende de nuestra velocidad”(1) así se inicia la invitación que Zygmunt Bauman le extiende a sus lectores para transitar en su libro por las distintas dimensiones que componen lo que él llama la vida líquida del mundo moderno, de nuestro mundo.

El autor recorre a lo largo de todo el libro los nudos más gruesos y complejos del mundo moderno líquido por el que transitamos o intentamos hacerlo. Para Bauman, la liquidez de esta vida moderna consiste en una vida precaria y vivida en condiciones de incertidumbre constante (2) y se encuentra indefectiblemente atravesada por una tramposa combinación entre libertad e inseguridad.

El paso diario de las personas por este mundo moderno deja de ser tal para convertirse en una inacabable carrera rumbo a una seguidilla indefinida de objetivos de corto plazo, que se suceden de forma constante al son de la renovación y los cambios. Su primer capítulo, El individuo asediado, aborda la intrincada aporía del individuo en tanto ser que está obligado a diferenciarse de los demás - a ser único- en una sociedad en la que todos sus miembros deben cumplir con tal precepto y, por lo tanto, resultan parecidos. Esta contradicción lógica, dirá Bauman, no es tan importante en su significación filosófica sino en cuanto determina un desafío que la misma sociedad les impone a sus miembros quienes se ven exhortados a hallar un camino de emancipación, autenticidad e individualidad.

El autor entiende que el truco que subyace a este desafío es el reconocimiento de que dicha tarea es imposible mientras que tal imposibilidad es el sustento de una sociedad que le otorga a los individuos las herramientas para poder sobrellevar esa individualidad irrealizable. Pero Bauman no podría decirlo mejor, “en tanto tarea, la individualidad es el producto final de Cuadernos de H Ideas, Año 1, Nº 1, 2007 221 una transformación social disfrazada de descubrimiento personal” (3).
Esta angustiosa tarea llevará a los individuos a encontrar -no casualmente- su solución en el funcionamiento de la lógica de mercado destinada a mantener la inalcanzable singularidad a través de una oferta excesiva de objetos que aparecen como potenciales cumplidores de ese anhelo pero que envejecen prematuramente y son vertiginosamente reemplazados por otros nuevos que también tendrán una vida útil breve y sustituible.
El consumismo resulta exitoso provisoriamente para quienes logran sacar ventaja a los otros en la carrera mientras los obliga a no detenerse porque siempre habrá en el horizonte un objeto mejor que saciará su sed de autenticidad.

El desafío por lograr la individualidad va de la mano con el problema de la identidad. Individualidad e identidad pueden considerarse como los ejes centrales de este capítulo y que son imposibles de sortear a la hora de acompañar las reflexiones de los capítulos siguientes. En este sentido, Bauman nos habla de la identidad como un proceso de “hibridación”, de no pertenencia, de extraterritorialidad y continua transformación que se condensa en las prácticas de una clase culta que se cree poseedora de libertad y seguridad.

sábado, 26 de mayo de 2018

Bauman, profeta de la posmodernidad



Profeta de una posmodernidad líquida de puro inestable, la azarosa vida de Bauman explica mejor que ningún tratado la deriva de su pensamiento, pues pocos como el pensador polaco fueron conscientes de la disolución incluso de las normas culturales, sustituidas por ofertas y propuestas, por señuelos que sembraron y plantaron en la sociedad contemporánea “nuevos deseos y necesidades en lugar de imponer el deber.”

Nacido en Poznan en 1925, ha fallecido el sociólogo y filósofo Zygmunt Bauman, una de las mentes que mejor ha explicado la sociedad posterior a la Segunda Guerra Mundial. Cuando el ejército alemán invadió Polonia en 1939 sus padres, judíos no practicantes, huyeron al Este buscando refugio en la Unión Soviética. Alistado en el Primer Ejercito Polaco, combatió en la caída de Berlín. En 1945 fue condecorado con la medalla Cruz al Valor. En 1948 conoció a Janina, una joven estudiante de periodismo y ciencias sociales que será su “sólido apoyo para toda la vida” y autora del libro, Winter in the Morning (1986), un estremecedor relato autobiográfico del gueto de Varsovia.

Sin confirmación segura, parece ser que hasta 1953 formó parte de la inteligencia militar de una unidad de combate dedicada a combatir a restos de los ejércitos ucranianos y polacos antiestalinistas. En una entrevista a The Guardian, el pensador lo admitió como un error que achacó a su juventud.

Todavía trabajaba para la inteligencia militar como capitán cuando comenzó a estudiar sociología en Varsovia con maestros de la talla de Ossowski y de Hochfeld. En 1953, su padre fue descubierto tratando de que la embajada de Israel le facilitase el traslado al país. Interpretado este hecho por el gobierno polaco como algo impropio, su hijo fue expulsado del Ejército. La imprevista consecuencia de esta arbitrariedad fue la dedicación total de Bauman a la sociología y su incorporación como docente e investigador a la Universidad de Varsovia.

La Guerra de los Seis Días, entre Israel y Egipto en 1967, desencadenó una virulenta campaña antisemita en Polonia. Bauman y otros cinco profesores fueron expulsados, como se relata en la espléndida biografía de Dennis SmithZygmunt Bauman: Prophet of Postmodernity (Polity Press, 1999). En 1968, purgado y desposeído de su nacionalidad, encuentra refugio en la Universidad de Tel Aviv (Israel). Atrás quedan los años de plomo del estalinismo y su pertenencia al Partido Comunista Polaco.

En 1971, la Universidad de Leeds (Reino Unido) le ofrece un puesto de profesor permanente. Deja de publicar en polaco y comienza a escribir en inglés. Director del Departamento de Sociología sus textos pasan desapercibido en el difícil y exclusivo contexto académico británico (Otro judío, un gigante intelectual del siglo XX, Norbert Elias (1987-1990), “sólo” pudo ser catedrático de sociología en la Universidad de Leicester, también en la periferia universitaria).

Hasta 1989 Bauman no comienza a ser reconocido. Ese año apareceModernity and the Holocaust. La edición en español aparecerá a cargo del sello Sequitur en 1997. Un año después recibe por esa obra el prestigioso Premio Amalfi y es entonces, cumplidos los sesenta y cinco años, cuando comienza a publicar la obra que le ha dado fama y notoriedad mundial. Títulos comoModernidad y ambivalencia (1991), Modernidad liquida (2000), Amor líquido(2003) o Vida de consumo (2007) convierten a Bauman en un intelectual traducido y aclamado en todo el mundo.

Como dejó escrito Bauman, Gramsci me dijo “qué”, Simmel, “cómo” y Janina “para qué”. Su obra está construida de tal modo que cada libro sirve de base al siguiente. Contempla la sociedad actual sumergida en un estado fluido. El paso de la modernidad a la postmodernidad se caracteriza por una profunda crisis que provoca fuertes zozobras institucionales y personales y la sensación de que la vida es un tiempo desperdiciado. El Estado era en el pasado una referencia, una sólida estructura, que ha sido sustituida por unas fuerzas globales que parecen surgidas de lado oscuro de la vida.

Bauman supo adelantarse a su tiempo al plantear conceptos como “modernidad líquida” o “amor líquido”. La realidad social, el “mundo líquido” que presenta en sus textos está caracterizado por la volatilidad, por el cambio rápido.En una sociedad de consumo y fluidez los hábitos estables, las costumbres arraigadas, los marcos cognitivos sólidos o los valores estables, se transforman en impedimentos, en carga pesada que debe abandonarse.

La postmodernidad o en palabras de Bauman, la “modernidad líquida”, se caracteriza por ser una sociedad de consumidores individualizada y con escasas regulaciones. Su ambivalencia deriva de trastocar el orden, la pureza, la disciplina y las regulaciones normativas del viejo orden en procesos de seducción. Procesos cuyo fin es pasar de las políticas públicas a las relaciones públicas.

Indeterminación y contingencia se han apoderado del imaginario social de la “modernidad líquida”. La identidad válida es, para Bauman, aquella que está en un esfuerzo constante de autoconstrucción frente a los demás, utilizando el consumo como herramienta principal de expresión. La vida organizada alrededor del rol productor ha pasado a girar en torno al rol del consumidor y al bienestar de su cuerpo. De ahí que el último estante abierto en las grandes superficies comerciales no sea el del amor sino el del narcisismo.

Descanse en paz un pensador austero y lúcido al que tocó vivir las tragedias del siglo XX y las transformaciones que nos han conducido hasta la actualidad.


BERNABÉ SARABIA | 09/01/2017