sábado, 28 de noviembre de 2009
jueves, 26 de noviembre de 2009
La realidad, nuestras ideas y la experiencia
La principal innovación que Berkeley hace a Locke en la línea gnoseológica del empirismo es la radicalización del nominalismo. El gran error es pensar que la mente puede elaborar ideas abstractas. Defiende un nominalismo absoluto.
Todas las ideas son particulares "Me es imposible formar ideas abstractas, dice Philonous a Hylas en el Diálogo I. Las supuestas ideas generales de Locke no son más que nombres comunes, con los cuales hacemos referencia más o menos indistinta o confusa a diversas ideas particulares.
Uno de los falsos universales, un mero nombre "al que no corresponde realidad alguna", es la materia.
"¿Substratum material, dices? ¿Por cuál de tus sentidos te pones en contacto con ese ser? (Ibíd.) Una sustancia puramente material e inerte existiendo en sí misma es "un mundo vacío de pensamiento, ¡qué absurdo!"
Conocemos por la experiencia el mundo corpóreo como el conjunto de los objetos corpóreos que en la experiencia se nos dan; pero lo que directamente aprehendemos son las ideas, los contenidos de la mente, (los colores, olores, etc.), no unas supuestas "cosas reales" o cosas-objetos, de las que fueran efecto los objetos-ideas. No hay que pensar, pues, que el mundo corpóreo sea otra cosa que lo que nos es presente en la percepción (no a la misma).
No se puede encontrar ninguna razón suficiente para suponer que hay dos mundos que exhiben cualidades corpóreas: el percibido y no realmente-corpóreo (la representación en mi mente) y el no-percibido (pero supuestamente existente-en-sí para que podamos pensarlo como causa de nuestras sensaciones, y que sería el verdaderamente corpóreo o no espiritual).
Desde Galileo, los cartesianos y Locke además de los físicos habían aceptado que las ideas que tenemos de las cualidades secundarias, esto es, del calor, del color, de los sonidos y del gusto, no se asemejan a nada de lo que existe en el mundo material, como tampoco -para usar el ejemplo de Galileo- la impresión de cosquilleo producida por una pluma que se desliza en la piel reside en la pluma. Según la opinión general tales sensaciones dependen del sujeto que las perciba. Los colores varían si tenemos ictericia o si llevamos lentes de color, y las cosas no tienen color en la oscuridad. Las cosas nos parecen calientes y tibias según la temperatura de nuestras manos cuando las tocamos. Un calor intenso puede convertirse en dolor, y si el dolor no tiene existencia en el mundo exterior a nosotros, es absurdo suponer que el calor la tenga.
Nada existe en el mundo exterior que pueda compararse con la experiencia que tenemos del color, del calor, etc. No existen en el mundo exterior sino partículas sólidas dotadas de extensión que se mueven en el espacio y en el tiempo. Por otra parte, según la opinión que se había formado Locke, así como Galileo y Descartes en cierta manera, nuestro mundo exterior es extenso, consistente en cualidades primarias. Según Locke, nuestras ideas acerca de las cualidades primarias, por ejemplo, las qu se refieren a la extensión, a la solidez, a la forma y a la dimensión, se asemejan a cosas que existen en el mundo material. Podemos estar seguros de que existen en la naturaleza partículas sólidas que se mueven en el espacio y en el tiempo y que dan origen a su vez a ideas hechas a su imagen y a ideas de color que no corresponden a nada que se asemeje a ellas, sino que son los efectos en nosotros de realidades exteriores dotadas de extensión, sólidas y móviles.
Berkeley, no obstante, sostenía que los argumentos derivados de la relatividad de nuestras ideas acerca de las cualidades secundarias se aplican igualmente a nuestras ideas acerca de las cualidades primarias. Para Berkeley la distinción entre cualidades primarias y secundarias es una distinción abstracta e insostenible. Además es un supuesto arbitrario que contradice toda evidencia empírica. En la experiencia aparecen cualidades primarias y secundarias inseparablemente entretejidas y todas al mismo tiempo. La forma y la dimensión de los objetos, así como la velocidad de sus movimientos, parecen cambiar según la posición que ocupamos e incluso según nuestro estado de espíritu. Objetos que parecerían pequeños a observadores de gran estatura parecerían grandes a un observador muy pequeño.
En "Three Dialogues between Hylas and Philonous", I, dice Berkeley:"Philonous: ¿No se ha admitido com un buen argumento que ni el frío ni el calor existen en el agua, puesto que ésta le parece cálida a una mano y fría a otra?
Hylas: En efecto.
Philonous: ¿No es razonar de la misma manera concluir que un objeto no comporta ni extensión ni forma porque a los ojos de un observador parezca pequeño, liso o redondo, y a los ojos de otro observador y en el mismo momento parezca grande, rugoso y anguloso?
Hylas: Exactamente. Pero ¿ocurre eso alguna vez?
Philonous: Puedes experimentarlo en todo momento mirando el objeto con un ojo y sirviéndote de un microscopio para el otro."
Jorge Berkeley

Es considerado como uno de los más distinguidos sostenedores del idealismo en los tiempos modernos. Nació en Irlanda en 1684 y murió obispo de Cloyne en 1753.
Parece que su objeto dominante fue el impedir los errores que en orden metafísico y moral podían resultar del sensualismo de Locke, y así excogitó un medio muy seguro para guardarse del materialismo: negar la existencia de la materia.
Según Berkeley, no hay en realidad un mundo corpóreo; lo que nos parece tal es pura ilusión; sólo existen espíritus donde hay esas representaciones a las cuales atribuimos sin fundamento objetos reales.
El argumento capital de Berkeley es el que ocurre a todos los filósofos: ¿cómo se hace el tránsito de lo subjetivo a lo objetivo? Siendo las sensaciones fenómenos de nuestra alma, ¿cómo se prueba que al conjunto de ellos corresponda un conjunto de realidades?
Este no es un problema nuevo; se le ha propuesto en todas las escuelas filosóficas; sólo que Berkeley le dio cierta novedad con la osadía de su pensamiento. (V. Filosof. fund., lib. I.—Ideología, cap. XIV.)
martes, 24 de noviembre de 2009
¿De qué tamaño es la bondad?
Hace mucho tiempo, en los días en que los animales y las personas podían hablar entre sí y entenderse, un cazador salió a cazar con su arco y sus flechas. A poco de andar, oyó un extraño ruido y se detuvo a escuchar.
Y ahí estaba otra vez, ese leve sonido, seco, como si alguien se rascara. El sonido provenía de un agujero en el suelo. ¿qué era lo que hacía ese ruido? Era una rata, una ratita que se había caído en un hoyo y no podía salir.
Y ahí estaba otra vez, ese leve sonido, seco, como si alguien se rascara. El sonido provenía de un agujero en el suelo. ¿qué era lo que hacía ese ruido? Era una rata, una ratita que se había caído en un hoyo y no podía salir.
- ¡Ayúdame! – le suplicó al cazador- Por favor, bondadoso señor. ¡ayúdeme a salir de aquí!
El cazador inclinó su arco hasta el pozo. La rata subió por el arco y así pudo salir del agujero.
- Gracias – dijo la rata- Me hubiera muerto de hambre allí dentro. Hombre bondadoso, si alguna vez puedo ayudarte, lo haré.
El cazador se rió
- ¿Qué? ¿Tú ayudarme a mi? ¿Una cosita tan pequeñita como tu?
- Ya veremos – dijo la ratita. Y con una inclinación de cabeza, se escurrió por el camino.
El cazador siguió su camino también. pero no había ido aún muy lejos, cuando empezó a levantarse un fuerte viento y grandes nubes de tormenta se entrechocaron en el cielo.
- Será mejor que me busque un refugio, se dijo el cazador.
Y corrió hasta una cueva para refugiarse y esperar hasta que la lluvia parara. Una vez adentro, se acomodó para comer la vianda que llevaba con él.
De pronto, una sombra oscureció la boca de la cueva: era un enorme león que estaba entrando. El cazador trató de manotear su arco, pero el león se interpuso . ¿Estaba atrapado!
- Ah... buen día, león – dijo el cazador con amabilidad- ¿Ésta es su cueva? No era mi intención quitársela. Yo sólo estaba aguardando a que la lluvia parara. Así que ahora si se corre un poquito, seguiré mi camino y ...
- ¡No!- rugió el león- ¡Quédate! Come tu comida. Y luego, te comeré yo a ti.
El cazador pensó que ése iba a ser seguramente su fin, cuando de pronto se escuchó una risa qeu resonó por toda la caverna.
- ¡Oh, si! – dijo una profunda y terrible voz- El cazador comerá su comida. El león comerá al cazador. Luego, yo me comeré al león.
- ¿Dónde estás tú? – preguntó el león mirando para todos lados.
- Alrededor de ti, por todas partes
- Y ¿quién eres tú?
La poderosa risa resonó por toda la caverna
- Soy el terrible matador de leones- Apúrate león, así yo podré comerte a ti
El león dudó
- Yo ... yo creo que no tengo mucha hambre ahora- murmuró el león. Y se puso de pié y corrió fuera de la cueva como un cachorro asustado, hasta que se perdió de vista.
El cazador recogió su arco.
- ¿Quién será el terrible matador? ¿quién es lo suficientemente valiente como para asustar a un espantoso león?- susurró el cazador.
- Yo – dijo la ratita, asomándose por entre unas rocas.
- Pero, tú eres tan sólo una ratita – dijo el cazador- ¿ quién tenía esa voz terrible?
- Yo, -contesto la rata- Yo sé que soy demasiado pequeña para luchar con un león. Pero, en cambio, los ecos maravillosos de esta caverna hicieron que mi voz sonara terrible y poderosa.
El cazador rió
- Oh, mi inteligente amiga, perdóname por burlarme de ti. Puede que tú seas pequeña, pero yo debería haberme dado cuenta de que la inteligencia y la bondad no pueden medirse.
Leyenda Africana
El origen del hombre
El hijo de una amiga, viajó a Londres el verano pasado. Si bien nuestra relación no es muy estrecha, al volver de su viaje, me trajo una antigua billetera, que compró en un mercado callejero, porque según me cuenta, cuando la estaba mirando se acordó de mí.
La billetera en cuestión, es de cuero marrón, muy arrugado, con un cierre antiguo, pero muy bien conservada. Realmente, el regalo no me gustó mucho, pero agradecí mucho el gesto, por lo inesperado.
Al llegar a casa, abro la billetera con intención de ponerle algún desinfectante, porque las cosas antiguas me causan algo de impresión y descubro en su interior, una pequeña libreta, del mismo estilo que la billetera, pero que se encontraba oculta en un bolsillo interno. Estaba escrita en inglés, cosa que me produjo satisfacción, ya que tendría la oportunidad de practicar la lectura en aquella lengua que tenía un tanto abandonada.
La libreta pertenecía a un tal John Dee, quien al parecer en el siglo XVI, recibió de unos seres alados, unas extrañas revelaciones, que debelaban los asombrosos poderes ocultos en los templos del antiguo Egipto.
John Dee afirmaba que cuando la Esfinge y la Pirámide están unidas se genera una fuerza que desencadena la magia de la Naturaleza y que gracias a estos conocimientos tenía las claves para viajar a diferentes niveles de la realidad presente, pasada y futura. Al parecer, en estos “viajes” empleaba la agenda que ahora estaba en mis manos para anotar revelaciones.
Comencé a investigar el tema y para mi sorpresa, John Dee, era un personaje conocido entre quienes practican rituales de hechicería junto a las pirámides. Hay quienes dudan de los escritos de John Dee, por considerarlos engañosos, pero dadas las circunstancias en que han llegado a mis manos, me siento en la obligación de transmitir el contenido de sus escritos, dejando en manos de los posibles lectores la decisión de creer o no él.
En una de las primeras experiencias hacia el pasado, cuenta como una vez creados todos los seres que debían hacer compañía a los dioses, Ra- Atum se puso a llorar… y de sus lágrimas de alegría, habían brotado los hombres, entonces, Ra – Atum sonrió y las aguas del Caos se ocultaron.
Como dios estaba feliz después de haber dado vida a sus nuevas criaturas, el Creador les hizo una tierra para que vivieran en ella: Se trataba del Reino de Egipto y los protegió de posibles peligros con enormes barreras de desierto, pero decidió crear también el Río Nilo, para que sus aguas lo inundasen periódicamente y sus cosechas pudieran así alimentar a sus habitantes.
Cada vez que veían el Sol (Ra), las criaturas vivientes de las tierras de Egipto se alegraban y alababan a su poderoso y benefactor creador y para estar más cerca de él, construyeron pirámides. Y Ra se contentó más. De vez en cuando el Caos intentaba apoderarse de Egipto y mandaba inundaciones y plagas, pero como Ra estaba contento con ese grupo de hombres, los protegía.
lunes, 23 de noviembre de 2009
El Pensamiento - parte 2
¿Puede la mente dejar de crear y así percibir la realidad?
Para comprender esta cuestión no debemos mirar en los libros, miremos dentro de nosotros mismos. Cuando decimos que estamos pensando lo que hacemos es reaccionar. Reaccionamos mediante nuestro recuerdo del pasado.
La memoria es la experiencia, el almacenamiento de la experiencia de ayer, ya sea colectiva o individual. La experiencia de ayer es recuerdo. La respuesta de la memoria a un estímulo se llama pensar.
Cuando el pensador piensa, crea, y lo que él crea no es lo real. Todo el proceso del pensamiento, que incluye al pensador tiene que terminar, lo cual significa que el pensador tiene que cesar. Debemos comprobar por nosotros mismos que cuando cesa el pensamiento el pensador desaparece, deja de existir y, sólo entonces encontraremos la realidad.
¿Quién debe poner término al pensador y al pensamiento? ¿Cómo liberar al pensador de sus pensamientos?
La resistencia al pensamiento, reprimir todo pensar, sigue siendo una forma del pensamiento; por lo tanto, el pensador continúa, y así jamás podrá hallar la verdad. ¿Qué ha de hacer pues? Esto es muy serio y requiere sostenida atención. Si el pensador hace un esfuerzo para comprender la realidad, sigue manteniendo el proceso del pensamiento.
Todo lo que puede hacer una persona es darse cuenta de que cualquier esfuerzo positivo o negativo de su parte es perjudicial. Tiene que ver la verdad al respecto, y no simplemente comprenderla verbalmente. Debe ver que no puede actuar, porque cualquier acción de su parte mantiene al actor, lo alimenta. Todo esfuerzo de su parte vigoriza al "yo", al actor, al experimentador. Todo lo que él puede hacer, pues, es no hacer nada. Hasta el deseo, positivo o negativo, sigue siendo parte del pensar. El ser humano debe ver que cualquier esfuerzo que haga es perjudicial para el descubrimiento de la verdad. Este es el primer requerimiento.
Si yo quiero comprender, tengo que estar completamente libre de prejuicio y no puedo hallarme en ese estado cuando hago un esfuerzo, positivo o negativo. Ello es arduo en extremo. Requiere un sentido de pasiva y atenta percepción, en la que no se realiza esfuerzo alguno. Sólo entonces puede surgir la libertad.
La mente sólo puede moverse en el campo de lo conocido y mientras ella se mueva dentro de ese ámbito, jamás podrá conocer lo desconocido. La realidad es lo desconocido, aquello que es lo conocido no es lo real. Para librarnos de lo conocido, cualquier esfuerzo es perjudicial, porque el esfuerzo sigue perteneciendo a lo conocido. Así que nuestro problema consiste en liberar a la mente de lo conocido.
Todo esfuerzo, pues, debe cesar. ¿Alguna vez has procurado no esforzarte? Si yo comprendo que todo esfuerzo es inútil, que todo esfuerzo es una nueva proyección de la mente, del "yo", del pensador, si percibo la verdad a ese respecto, ¿qué ocurre? Si yo veo bien claramente el rótulo "VENENO" en una botella, no la toco. No hace falta esfuerzo alguno para no ser atraído por ella. De un modo análogo - y en este estriba la dificultad mayor- si me doy cuenta de que todo esfuerzo por mi parte es perjudicial, estoy libre de esfuerzo. Todo esfuerzo de nuestra parte es perjudicial, pero no estamos seguros porque deseamos un resultado, una realización, ahí está nuestra dificultad. Seguimos, por lo tanto, luchando y luchando. Pero Dios, la verdad, no es una recompensa, una finalidad. Tiene ciertamente que venir a nosotros; nosotros no podemos ir hacia ella. Si hacemos un esfuerzo para ir hacia ella, buscamos un resultado. Mas para que surja la verdad, el ser humano debe ser pasivamente perceptivo. La percepción pasiva es un estado en el que no hay esfuerzo. Consiste en ser perceptivo sin juzgar, sin optar, no en algún sentido fundamental, sino en todas las maneras; en darse cuenta de sus actos, de sus pensamientos, de sus respuestas relativas, sin opción, sin condenación, sin identificarse ni negar, para que la mente empiece a comprender todo pensamiento y toda acción, sin juzgar. Esto induce a averiguar si puede haber entendimiento sin pensamiento.
Pero sin indiferencia. La indiferencia es una forma de juzgar. Una mente embotada, una mente indiferente, no es perceptiva. El ver sin juzgar, el saber exactamente lo que ocurre es la atenta percepción. Es, pues, inútil que busquemos a Dios o la verdad, sin ser perceptivos ahora, en el presente inmediato. Es mucho más fácil ir a un templo, pero ésa es una huida a los dominios de la especulación. Para comprender la realidad, debemos conocerla directamente, y es obvio que la realidad no pertenece al tiempo ni al espacio. Ella está en el presente, y el presente es nuestro propio pensamiento y acción.
Todo pensamiento es parcial
Nos damos cuenta de que estamos condicionados. El analizar, el pensar sobre un problema es ejercer la fuerza para romper con algo.
Limitémonos a ver el problema, no preguntemos cuál es la respuesta, la solución. El hecho es que estamos condicionados y que todo pensar destinado a comprender este condicionamiento será siempre parcial; por lo tanto, jamás hay una comprensión total. Y sólo en la comprensión total del proceso íntegro del pensar hay libertad. La dificultad está en que siempre estamos funcionando dentro del campo de lamente, del pensamiento y, vemos que siempre es parcial.
Para liberar la mente de todo condicionamiento, debemos ver la totalidad de éste sin que intervenga el pensar. Esto es ser libre con respecto al "yo".
http://www.formarse.com.ar
Para comprender esta cuestión no debemos mirar en los libros, miremos dentro de nosotros mismos. Cuando decimos que estamos pensando lo que hacemos es reaccionar. Reaccionamos mediante nuestro recuerdo del pasado.
La memoria es la experiencia, el almacenamiento de la experiencia de ayer, ya sea colectiva o individual. La experiencia de ayer es recuerdo. La respuesta de la memoria a un estímulo se llama pensar.
Cuando el pensador piensa, crea, y lo que él crea no es lo real. Todo el proceso del pensamiento, que incluye al pensador tiene que terminar, lo cual significa que el pensador tiene que cesar. Debemos comprobar por nosotros mismos que cuando cesa el pensamiento el pensador desaparece, deja de existir y, sólo entonces encontraremos la realidad.
¿Quién debe poner término al pensador y al pensamiento? ¿Cómo liberar al pensador de sus pensamientos?
La resistencia al pensamiento, reprimir todo pensar, sigue siendo una forma del pensamiento; por lo tanto, el pensador continúa, y así jamás podrá hallar la verdad. ¿Qué ha de hacer pues? Esto es muy serio y requiere sostenida atención. Si el pensador hace un esfuerzo para comprender la realidad, sigue manteniendo el proceso del pensamiento.
Todo lo que puede hacer una persona es darse cuenta de que cualquier esfuerzo positivo o negativo de su parte es perjudicial. Tiene que ver la verdad al respecto, y no simplemente comprenderla verbalmente. Debe ver que no puede actuar, porque cualquier acción de su parte mantiene al actor, lo alimenta. Todo esfuerzo de su parte vigoriza al "yo", al actor, al experimentador. Todo lo que él puede hacer, pues, es no hacer nada. Hasta el deseo, positivo o negativo, sigue siendo parte del pensar. El ser humano debe ver que cualquier esfuerzo que haga es perjudicial para el descubrimiento de la verdad. Este es el primer requerimiento.
Si yo quiero comprender, tengo que estar completamente libre de prejuicio y no puedo hallarme en ese estado cuando hago un esfuerzo, positivo o negativo. Ello es arduo en extremo. Requiere un sentido de pasiva y atenta percepción, en la que no se realiza esfuerzo alguno. Sólo entonces puede surgir la libertad.
La mente sólo puede moverse en el campo de lo conocido y mientras ella se mueva dentro de ese ámbito, jamás podrá conocer lo desconocido. La realidad es lo desconocido, aquello que es lo conocido no es lo real. Para librarnos de lo conocido, cualquier esfuerzo es perjudicial, porque el esfuerzo sigue perteneciendo a lo conocido. Así que nuestro problema consiste en liberar a la mente de lo conocido.
Todo esfuerzo, pues, debe cesar. ¿Alguna vez has procurado no esforzarte? Si yo comprendo que todo esfuerzo es inútil, que todo esfuerzo es una nueva proyección de la mente, del "yo", del pensador, si percibo la verdad a ese respecto, ¿qué ocurre? Si yo veo bien claramente el rótulo "VENENO" en una botella, no la toco. No hace falta esfuerzo alguno para no ser atraído por ella. De un modo análogo - y en este estriba la dificultad mayor- si me doy cuenta de que todo esfuerzo por mi parte es perjudicial, estoy libre de esfuerzo. Todo esfuerzo de nuestra parte es perjudicial, pero no estamos seguros porque deseamos un resultado, una realización, ahí está nuestra dificultad. Seguimos, por lo tanto, luchando y luchando. Pero Dios, la verdad, no es una recompensa, una finalidad. Tiene ciertamente que venir a nosotros; nosotros no podemos ir hacia ella. Si hacemos un esfuerzo para ir hacia ella, buscamos un resultado. Mas para que surja la verdad, el ser humano debe ser pasivamente perceptivo. La percepción pasiva es un estado en el que no hay esfuerzo. Consiste en ser perceptivo sin juzgar, sin optar, no en algún sentido fundamental, sino en todas las maneras; en darse cuenta de sus actos, de sus pensamientos, de sus respuestas relativas, sin opción, sin condenación, sin identificarse ni negar, para que la mente empiece a comprender todo pensamiento y toda acción, sin juzgar. Esto induce a averiguar si puede haber entendimiento sin pensamiento.
Pero sin indiferencia. La indiferencia es una forma de juzgar. Una mente embotada, una mente indiferente, no es perceptiva. El ver sin juzgar, el saber exactamente lo que ocurre es la atenta percepción. Es, pues, inútil que busquemos a Dios o la verdad, sin ser perceptivos ahora, en el presente inmediato. Es mucho más fácil ir a un templo, pero ésa es una huida a los dominios de la especulación. Para comprender la realidad, debemos conocerla directamente, y es obvio que la realidad no pertenece al tiempo ni al espacio. Ella está en el presente, y el presente es nuestro propio pensamiento y acción.
Todo pensamiento es parcial
Nos damos cuenta de que estamos condicionados. El analizar, el pensar sobre un problema es ejercer la fuerza para romper con algo.
Limitémonos a ver el problema, no preguntemos cuál es la respuesta, la solución. El hecho es que estamos condicionados y que todo pensar destinado a comprender este condicionamiento será siempre parcial; por lo tanto, jamás hay una comprensión total. Y sólo en la comprensión total del proceso íntegro del pensar hay libertad. La dificultad está en que siempre estamos funcionando dentro del campo de lamente, del pensamiento y, vemos que siempre es parcial.
Para liberar la mente de todo condicionamiento, debemos ver la totalidad de éste sin que intervenga el pensar. Esto es ser libre con respecto al "yo".
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El Pensamiento - parte 1
¿Por qué buscamos algo que nos haga felices?, ¿Por qué buscamos la verdad?
Para la mayoría de nosotros el buscar algo es un modo de eludir lo existente. Debemos pues, aclarar muy bien para nosotros mismos, si esta búsqueda de la verdad, o de Dios, es una escapatoria o si es la búsqueda de la verdad en todo: en nuestras relaciones, en el valor de las cosas, en las ideas. Si sólo buscamos a Dios porque estamos cansados de este mundo y de sus miserias, se trata de una escapatoria. Entonces creamos un dios, que por lo tanto no es Dios, evidentemente. Es una maravillosa evasión. Pero si tratamos de encontrar la verdad, no en una serie exclusiva de acciones sino en todas nuestras acciones, ideas y relaciones, si buscamos la verdadera valoración del alimento, el vestido y del albergue, entonces, la encontraremos. Entonces no será una evasión. Pero si estamos confusos con respecto a las cosas de este mundo -alimento, vestido, vivienda, relaciones e ideas- ¿cómo podremos encontrar la realidad? Sólo podremos inventar una "realidad". Dios, la verdad o la realidad, no pueden ser conocidos por una mente que e halla confusa, condicionada, limitada.
¿Cómo puede pensar en la realidad, Dios, o lo que sea una mente condicionada?
La mente primero tiene que "descondicionarse". Tiene que liberarse de sus propias limitaciones, de su condicionamiento.
El condicionamiento de la mente le es impuesto interior y exteriormente, y mientras la mente engendre discordia, conflicto en la vida de relación, no podrá conocer la realidad. De modo que si uno ha de conocer la realidad, la mente tiene que estar en calma; pero si a la mente se la obliga, se la disciplina para que se calme, esa calma es en sí misma una limitación, mera autohipnosis. La mente sólo llega a calmarse y a liberarse cuando comprende los valores que la rodean.
Para comprender, pues, aquello que es lo más elevado, lo supremo, lo real, debemos empezar muy bajo, muy cerca; es decir, tenemos que descubrir el valor de las cosas, de las relaciones y de las ideas con las cuales no ocupamos a diario.
¿Cómo se puede buscar la realidad?
Puedes inventar una "realidad", puedes copiar, puedes imitar y como has leído tantos libros, puedes repetir la experiencia de los demás. Pero eso, por cierto, no es lo real. Para experimentar lo real, la mente debe dejar de crear; porque cualquier cosa creada por ella sigue dentro del cautiverio del tiempo y del pensamiento. El problema no consiste en saber si hay o no Dios, sino en cómo podrá el ser humano descubrir a Dios, y si el ser humano en su búsqueda se desprende de todo, inevitablemente encontrará esa realidad. Pero tiene que empezar con lo que está cerca, no por lo que está lejos. Es obvio que para ir lejos hay que empezar cerca. Pero la mayoría de nosotros desea especular, lo cual es una escapatoria muy cómoda. Por eso, las religiones ofrecen tan maravilloso narcótico a la mayoría de la gente. De suerte que la tarea de desenredar la mente de todos los valores que ha creado, es en extremo ardua. Y como nuestra mente está fatigada, o somos perezosos, preferimos leer libros de filosofía o religión y especular acerca de la Vida y de Dios; pero eso, a buen seguro, no es el descubrimiento de la realidad. Realizar, realizarse como persona es "vivenciar", no imitar.
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Para la mayoría de nosotros el buscar algo es un modo de eludir lo existente. Debemos pues, aclarar muy bien para nosotros mismos, si esta búsqueda de la verdad, o de Dios, es una escapatoria o si es la búsqueda de la verdad en todo: en nuestras relaciones, en el valor de las cosas, en las ideas. Si sólo buscamos a Dios porque estamos cansados de este mundo y de sus miserias, se trata de una escapatoria. Entonces creamos un dios, que por lo tanto no es Dios, evidentemente. Es una maravillosa evasión. Pero si tratamos de encontrar la verdad, no en una serie exclusiva de acciones sino en todas nuestras acciones, ideas y relaciones, si buscamos la verdadera valoración del alimento, el vestido y del albergue, entonces, la encontraremos. Entonces no será una evasión. Pero si estamos confusos con respecto a las cosas de este mundo -alimento, vestido, vivienda, relaciones e ideas- ¿cómo podremos encontrar la realidad? Sólo podremos inventar una "realidad". Dios, la verdad o la realidad, no pueden ser conocidos por una mente que e halla confusa, condicionada, limitada.
¿Cómo puede pensar en la realidad, Dios, o lo que sea una mente condicionada?
La mente primero tiene que "descondicionarse". Tiene que liberarse de sus propias limitaciones, de su condicionamiento.
El condicionamiento de la mente le es impuesto interior y exteriormente, y mientras la mente engendre discordia, conflicto en la vida de relación, no podrá conocer la realidad. De modo que si uno ha de conocer la realidad, la mente tiene que estar en calma; pero si a la mente se la obliga, se la disciplina para que se calme, esa calma es en sí misma una limitación, mera autohipnosis. La mente sólo llega a calmarse y a liberarse cuando comprende los valores que la rodean.
Para comprender, pues, aquello que es lo más elevado, lo supremo, lo real, debemos empezar muy bajo, muy cerca; es decir, tenemos que descubrir el valor de las cosas, de las relaciones y de las ideas con las cuales no ocupamos a diario.
¿Cómo se puede buscar la realidad?
Puedes inventar una "realidad", puedes copiar, puedes imitar y como has leído tantos libros, puedes repetir la experiencia de los demás. Pero eso, por cierto, no es lo real. Para experimentar lo real, la mente debe dejar de crear; porque cualquier cosa creada por ella sigue dentro del cautiverio del tiempo y del pensamiento. El problema no consiste en saber si hay o no Dios, sino en cómo podrá el ser humano descubrir a Dios, y si el ser humano en su búsqueda se desprende de todo, inevitablemente encontrará esa realidad. Pero tiene que empezar con lo que está cerca, no por lo que está lejos. Es obvio que para ir lejos hay que empezar cerca. Pero la mayoría de nosotros desea especular, lo cual es una escapatoria muy cómoda. Por eso, las religiones ofrecen tan maravilloso narcótico a la mayoría de la gente. De suerte que la tarea de desenredar la mente de todos los valores que ha creado, es en extremo ardua. Y como nuestra mente está fatigada, o somos perezosos, preferimos leer libros de filosofía o religión y especular acerca de la Vida y de Dios; pero eso, a buen seguro, no es el descubrimiento de la realidad. Realizar, realizarse como persona es "vivenciar", no imitar.
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sábado, 21 de noviembre de 2009
viernes, 20 de noviembre de 2009
miércoles, 18 de noviembre de 2009
lunes, 16 de noviembre de 2009
Advierte ...
ADVIERTE AL TIEMPO DE MAYORES HAZAÑAS,
EN QUE PODRÁ EJERCITAR SUS FUERZAS
Tiempo, que todo lo mudas,
tú, que con las horas breves
lo que nos diste, nos quitas,
lo que llevaste, nos vuelves:
tú, que con los mismos pasos,
que cielos y estrellas mueves,
en la casa de la vida,
pisas umbral de la muerte.
Tú, que de vengar agravios
te precias como valiente,
pues castigas hermosuras,
por satisfacer desdenes:
tú, lastimoso alquimista,
pues del ébano que tuerces,
haciendo plata las hebras,
a sus dueños empobreces:
tú, que con pies desiguales,
pisas del mundo las leyes,
cuya sed bebe los ríos,
y su arena no los siente:
tú, que de monarcas grandes
llevas en los pies las frentes;
tú, que das muerte y das vida
a la vida y a la muerte.
Si quieres que yo idolatre
en tu guadaña insolente,
en tus dolorosas canas,
en tus alas y en tu sierpe:
si quieres que te conozca,
si gustas que te confiese
con devoción temerosa
por tirano omnipotente,
da fin a mis desventuras
pues a presumir se atreven
que a tus días y a tus años
pueden ser inobedientes.
Serán ceniza en tus manos
cuando en ellas las aprietes,
los montes y la soberbia,
que los corona las sienes:
¿y será bien que un cuidado,
tan porfiado cuan fuerte,
se ría de tus hazañas,
y victorioso se quede?
¿Por qué dos ojos avaros
de la riqueza que pierden
han de tener a los míos
sin que el sueño los encuentre?
¿Y por qué mi libertad
aprisionada ha de verse,
donde el ladrón es la cárcel
y su juez el delincuente?
Enmendar la obstinación
de un espíritu inclemente,
entretener los incendios
de un corazón que arde siempre;
descansar unos deseos
que viven eternamente,
hechos martirio del alma,
donde están porque los tiene;
reprender a la memoria,
que con los pasados bienes,
como traidora a mi gusto
a espaldas vueltas me hiere;
castigar mi entendimiento,
que en discursos diferentes,
siendo su patria mi alma,
la quiere abrasar aleve;
éstas si que eran hazañas,
debidas a tus laureles,
y no estar pintando flores,
y madurando las mieses.
Poca herida es deshojar
los árboles por noviembre,
pues con desprecio los vientos
llevarse los troncos suelen.
Descuídate de las rosas,
que en su parto se envejecen;
y la fuerza de tus horas
en obra mayor se muestre.
Tiempo venerable y cano,
pues tu edad no lo consiente,
déjate de niñerías,
y a grandes hechos atiende.
EN QUE PODRÁ EJERCITAR SUS FUERZAS
Tiempo, que todo lo mudas,
tú, que con las horas breves
lo que nos diste, nos quitas,
lo que llevaste, nos vuelves:
tú, que con los mismos pasos,
que cielos y estrellas mueves,
en la casa de la vida,
pisas umbral de la muerte.
Tú, que de vengar agravios
te precias como valiente,
pues castigas hermosuras,
por satisfacer desdenes:
tú, lastimoso alquimista,
pues del ébano que tuerces,
haciendo plata las hebras,
a sus dueños empobreces:
tú, que con pies desiguales,
pisas del mundo las leyes,
cuya sed bebe los ríos,
y su arena no los siente:
tú, que de monarcas grandes
llevas en los pies las frentes;
tú, que das muerte y das vida
a la vida y a la muerte.
Si quieres que yo idolatre
en tu guadaña insolente,
en tus dolorosas canas,
en tus alas y en tu sierpe:
si quieres que te conozca,
si gustas que te confiese
con devoción temerosa
por tirano omnipotente,
da fin a mis desventuras
pues a presumir se atreven
que a tus días y a tus años
pueden ser inobedientes.
Serán ceniza en tus manos
cuando en ellas las aprietes,
los montes y la soberbia,
que los corona las sienes:
¿y será bien que un cuidado,
tan porfiado cuan fuerte,
se ría de tus hazañas,
y victorioso se quede?
¿Por qué dos ojos avaros
de la riqueza que pierden
han de tener a los míos
sin que el sueño los encuentre?
¿Y por qué mi libertad
aprisionada ha de verse,
donde el ladrón es la cárcel
y su juez el delincuente?
Enmendar la obstinación
de un espíritu inclemente,
entretener los incendios
de un corazón que arde siempre;
descansar unos deseos
que viven eternamente,
hechos martirio del alma,
donde están porque los tiene;
reprender a la memoria,
que con los pasados bienes,
como traidora a mi gusto
a espaldas vueltas me hiere;
castigar mi entendimiento,
que en discursos diferentes,
siendo su patria mi alma,
la quiere abrasar aleve;
éstas si que eran hazañas,
debidas a tus laureles,
y no estar pintando flores,
y madurando las mieses.
Poca herida es deshojar
los árboles por noviembre,
pues con desprecio los vientos
llevarse los troncos suelen.
Descuídate de las rosas,
que en su parto se envejecen;
y la fuerza de tus horas
en obra mayor se muestre.
Tiempo venerable y cano,
pues tu edad no lo consiente,
déjate de niñerías,
y a grandes hechos atiende.
Francisco de Quevedo
domingo, 15 de noviembre de 2009
DEL SENTIDO Y LO SENSIBLE DE LA MEMORIA Y EL RECUERDO
ARISTOTELES
PUEDE planteársenos la dificultad de saber si, al ser todo cuerpo susceptible de una división infinita o limitada, sus cualidades sensibles a saber, el color, el sabor, el olor, el peso, el sonido, el calor y el frío, la ligereza, la dureza y la blandura, ¿son también susceptibles de esa división o es esto imposible? Cada una de estas cualidades produce, en efecto, una sensación; de hecho todas ellas se llaman sensibles por su capacidad de excitar la sensación. Así pues, en la hipótesis de arriba, la sensación debe ser capaz de división indefinida, y toda magnitud debe ser perceptible; porque es imposible ver una cosa blanca que no sea una magnitud. De otra manera, sería posible que un cuerpo, que no poseyera ni color ni peso, ni otro cualquier atributo, existiera; de manera que no sería en absoluto perceptible, ya que éstos son los atributos perceptibles. En este caso todo cuerpo perceptible constará de partes imperceptibles. Sin embargo, sus partes deben ser perceptibles; ya que no pueden consistir en abstracciones matemáticas. Además, ¿por medio de qué facultad discerniremos o conoceremos estas partes? ¿Por medio de la mente?
No obstante ellas no son aprehendidas por la mente, ni la mente conoce ningún objeto externo que esté desconectado de la sensación. Al mismo tiempo, si es verdadera nuestra hipótesis, parece apoyar la teoría de los que admiten las magnitudes atómicas; nuestra dificultad, en efecto, se solucionaría según su enfoque o punto de vista. Ahora bien, esta teoría es imposible; ha sido ya discutido en nuestro tratado del movimiento.
La solución de estas cuestiones pondrá en claro por qué las especies de color, sabor, sonidos y otros objetos sensibles son limitadas; pues, donde hay extremos, los estadios intermedios deben estar limitados; y los contrarios son extremos.
PUEDE planteársenos la dificultad de saber si, al ser todo cuerpo susceptible de una división infinita o limitada, sus cualidades sensibles a saber, el color, el sabor, el olor, el peso, el sonido, el calor y el frío, la ligereza, la dureza y la blandura, ¿son también susceptibles de esa división o es esto imposible? Cada una de estas cualidades produce, en efecto, una sensación; de hecho todas ellas se llaman sensibles por su capacidad de excitar la sensación. Así pues, en la hipótesis de arriba, la sensación debe ser capaz de división indefinida, y toda magnitud debe ser perceptible; porque es imposible ver una cosa blanca que no sea una magnitud. De otra manera, sería posible que un cuerpo, que no poseyera ni color ni peso, ni otro cualquier atributo, existiera; de manera que no sería en absoluto perceptible, ya que éstos son los atributos perceptibles. En este caso todo cuerpo perceptible constará de partes imperceptibles. Sin embargo, sus partes deben ser perceptibles; ya que no pueden consistir en abstracciones matemáticas. Además, ¿por medio de qué facultad discerniremos o conoceremos estas partes? ¿Por medio de la mente?
No obstante ellas no son aprehendidas por la mente, ni la mente conoce ningún objeto externo que esté desconectado de la sensación. Al mismo tiempo, si es verdadera nuestra hipótesis, parece apoyar la teoría de los que admiten las magnitudes atómicas; nuestra dificultad, en efecto, se solucionaría según su enfoque o punto de vista. Ahora bien, esta teoría es imposible; ha sido ya discutido en nuestro tratado del movimiento.
La solución de estas cuestiones pondrá en claro por qué las especies de color, sabor, sonidos y otros objetos sensibles son limitadas; pues, donde hay extremos, los estadios intermedios deben estar limitados; y los contrarios son extremos.
Todo objeto sensible envuelve una contrariedad, por ejemplo, en el olor, lo blanco y lo negro, en el sabor, lo dulce y lo amargo; y en todos los demás sensibles, los contrarios son extremos. Ahora bien, lo que es continuo puede ser dividido en un número infinito de partes desiguales, pero en un número finito de partes iguales; mientras que lo que en sí mismo no es continuo puede ser dividido en un número finito de especies. Así pues, puesto que los atributos estos de que hablamos deben ser considerados como especies y siempre se halla inherente a ellas la continuidad, hemos de admitir que lo potencial y lo actual son distintos; por esta razón, cuando un grano de mijo es visto, no lo es su diezmilésima parte, aunque la vista lo abarque todo o por más que se acerque a ella, y el sonido de un cuarto de tono nos pasa desapercibido, aunque uno pueda oír toda la escala continua; pero, el intervalo entre los extremos nos pasa inadvertido.
Éso mismo es verdadero para todas las cantidades muy pequeñas en los otros objetos sensibles; son potencialmente visibles, pero no actualmente, de no ser que estén aislados del todo. Pues potencialmente también existe la longitud de un pie en la longitud de dos pies, pero actualmente sólo existe luego de su división. Estos pequeños incrementos, al estar separados, podrían con razón disolverse en lo que les rodea, como una pequeña gota de sabor derramada en el mar. Pero, es importante verificar que, igualmente que el incremento del sentido no es perceptible por sí mismo, ni es tampoco separable —ya que existe sólo potencialmente en un todo más distintamente perceptibles—, así tampoco es posible percibir actualmente un objeto igualmente pequeño, cuando está separado del todo, aun ruando el sea perceptible: pues el es así potencialmente ya ahora, y vendrá a ser actualmente tal por adición al todo.
Hemos, pues, demostrado que algunas magnitudes y algunas cualidades nos pasan por alto; hemos explicado la razón de esto y el sentido en que son perceptibles y aquel en que no lo son. Así pues, cuando están interrelacionadas de tal manera en un conjunto que son perceptibles actualmente, no simplemente en el todo, sino aun separadas, se sigue que sus colores, sabores y sonidos deben ser limitados en número.
Hemos, pues, demostrado que algunas magnitudes y algunas cualidades nos pasan por alto; hemos explicado la razón de esto y el sentido en que son perceptibles y aquel en que no lo son. Así pues, cuando están interrelacionadas de tal manera en un conjunto que son perceptibles actualmente, no simplemente en el todo, sino aun separadas, se sigue que sus colores, sabores y sonidos deben ser limitados en número.
sábado, 14 de noviembre de 2009
Filosofía Contemporána
Tras la filosofía crítica de Kant el Idealismo alemán se convertirá en la corriente predominante en la Europa continental, a través de Hegel. El existencialismo de Kierkegaard, tanto como el marxismo y el vitalismo de Nietzsche serán, en buena medida, una reacción al Idealismo hegeliano que, en cierto modo, consagra la identificación del yo trascendental kantiano con el Dios del cristianismo. En Gran Bretaña, el desarrollo del positivismo utilitarista con Bentham y J.S. Mill se inspira en los principios del empirismo, distinguiéndose del positivismo "idealista" del francés A. Comte; en ambos casos, no obstante, se da una preocupación por los temas sociales y por el bienestar de la humanidad que, aunque en una dirección distinta, compartirán con el marxismo.
Por lo demás, el desarrollo de las ciencias y sus continuos éxitos hacen tambalear los cimientos de la filosofia, que se ve sometida a fuertes críticas por parte de los defensores del pensamiento científico, que encuentran en la ciencia el paradigma del conocimiento verdadero. Hacia finales del siglo XIX, al desarrollo del historicismo en Alemania, con Dilthey, y del pragmatismo en los Estados Unidos, con Pierce y W. James, hemos de sumar el desarrollo de la fenomenología con Husserl. Todas estas corrientes tienen su continuidad en el siglo XX, en el que destacarán además los representantes del Filosofía Analítica, como Russell y Witgenstein, del Estructuralismo, como Lévi-Strauss y Foucault, del Existencialismo, como Sartre, o los de la Escuela de Frankfurt, como Adorno, Horkheimer y Habermas.
viernes, 13 de noviembre de 2009
A la Libertad
Como del fondo mismo de los cielos
el sol eterno rutilante se alza,
como el seno turgente de una virgen
al fuego de la vida se dilata:
Así radiosa,
y así gallarda
se levantó del mar donde yacía
la exuberante tierra americana.
Como prende su túnica de raso
con su joya mejor, la soberana,
como entre todas las estrellas reina
el lucero magnífico del alba;
Así pulida,
y así gallarda
sobre todos los pueblos de su estirpe,
resplandor y joyel, ¡surge mi patria!
Como buscan la luz y el aire libre
las macilentas hierbas subterráneas,
como ruedan tenaces y tranquilas
al anchuroso piélago, las aguas;
Así sedienta,
y así porfiada,
la triste humanidad se precipita
al pie de la bandera azul y blanca.
¡Allí van congregándose a la sombra,
para formar después una montaña!
¡Allí van adhiriéndose en el tiempo
partícula a partícula las razas!
Allí se funde,
y allí se amasa
el hombre, tal como surgió en la mente
del autor de los orbes y las almas.
Que así pulida,
y así gallarda
sobre todos los pueblos de su estirpe,
resplandor y joyel, ¡surgió mi patria!
el sol eterno rutilante se alza,
como el seno turgente de una virgen
al fuego de la vida se dilata:
Así radiosa,
y así gallarda
se levantó del mar donde yacía
la exuberante tierra americana.
Como prende su túnica de raso
con su joya mejor, la soberana,
como entre todas las estrellas reina
el lucero magnífico del alba;
Así pulida,
y así gallarda
sobre todos los pueblos de su estirpe,
resplandor y joyel, ¡surge mi patria!
Como buscan la luz y el aire libre
las macilentas hierbas subterráneas,
como ruedan tenaces y tranquilas
al anchuroso piélago, las aguas;
Así sedienta,
y así porfiada,
la triste humanidad se precipita
al pie de la bandera azul y blanca.
¡Allí van congregándose a la sombra,
para formar después una montaña!
¡Allí van adhiriéndose en el tiempo
partícula a partícula las razas!
Allí se funde,
y allí se amasa
el hombre, tal como surgió en la mente
del autor de los orbes y las almas.
Que así pulida,
y así gallarda
sobre todos los pueblos de su estirpe,
resplandor y joyel, ¡surgió mi patria!
de Pedro Bonifacio Palacios (Almafuerte)
jueves, 12 de noviembre de 2009
Brian y la luz de Luna
Brian había salido a vigilar las cercanías de la fortificación donde vivía con los suyos, porque en los últimos meses habían sufrido algunos ataques de una de las tribus vecinas. Durante las últimas horas, se había alejado del poblado divagando por el bosque. Podríamos decir que todo empezó allí, aunque tal vez todo había comenzado mucho tiempo antes.
En la zona en la que ahora se encontraba, la espesura del bosque era tal que permitía un grupo no demasiado numeroso aparecer y desaparecer en cuestión de segundos y si además la niebla hacía notar su presencia, la situación se tornaba aún más peligrosa.
Pero Brian y su familia estaban allí desde… desde que el padre de su abuelo llegó procedente del norte en busca de buenos pastos y bosques en los que subsistir. Aquel robledal salpicado de hayas se había convertido en lugar sagrado, los druidas se internaban en la espesura del bosque donde tenían sus altares, a los que nadie excepto ellos osaban acercarse.
Aquella noche de fina bruma, Brian, un joven guerrero, estaba dispuesto a vengar las afrentas recibidas por los suyos en los últimos días. Se separó del grupo para buscar un sitio que le permitiera tener mejor visibilidad sobre esa parte del bosque. Luego de haber caminado unos metros, reparó en una gran piedra granítica que se elevaba justo debajo de las copas de algunos árboles, y pensó que ese era el lugar ideal para observar los movimientos en el bosque.
Se dispuso a escalarla para poder comprobar la bondad de aquel punto de vista, dejando todas sus armas en el suelo, a excepción del puñal corto que siempre guardaba en su cintura. La piedra apenas presentaba fisuras a las que agarrarse, su base estaba sembrada de pequeñas rocas puntiagudas que hacían más peligrosa la escalada en caso de caída, pero las dificultades, lejos de limitar a Brian, le infundían valor.
Una vez en la cima, se dio cuenta de que aquella roca extraña y difícil de escalar estaba justo en aquel momento orientada en dirección a la luna. Calculó por la posición de la luna respecto al bosque que debía ser medianoche. Soplaba una suave brisa que no era demasiado fría pues la primavera ya había llegado y se había prendido fuego a las hogueras como ofrenda a los dioses para que el resultado de las cosechas fuera bueno y para que sus almas se purificaran de malos espíritus.
De pronto, nuestro valiente guerrero quedó cegado por una luz cuyo origen ignoraba. Se agachó sobre al apéndice puntiagudo en el que terminaba la roca, y esforzándose por no perder el equilibrio debido a la falta de visión, pasaron algunos segundos y un sudor frío empezó a resbalar por su frente. Su primera idea fue que se encontraba frente a la manifestación de alguna divinidad del bosque que moraba en las cercanías de esa piedra, y él había osado molestar entrando en sus dominios. Había roto la única regla que por generaciones su familia había obedecido y temido.
En la zona en la que ahora se encontraba, la espesura del bosque era tal que permitía un grupo no demasiado numeroso aparecer y desaparecer en cuestión de segundos y si además la niebla hacía notar su presencia, la situación se tornaba aún más peligrosa.
Pero Brian y su familia estaban allí desde… desde que el padre de su abuelo llegó procedente del norte en busca de buenos pastos y bosques en los que subsistir. Aquel robledal salpicado de hayas se había convertido en lugar sagrado, los druidas se internaban en la espesura del bosque donde tenían sus altares, a los que nadie excepto ellos osaban acercarse.
Aquella noche de fina bruma, Brian, un joven guerrero, estaba dispuesto a vengar las afrentas recibidas por los suyos en los últimos días. Se separó del grupo para buscar un sitio que le permitiera tener mejor visibilidad sobre esa parte del bosque. Luego de haber caminado unos metros, reparó en una gran piedra granítica que se elevaba justo debajo de las copas de algunos árboles, y pensó que ese era el lugar ideal para observar los movimientos en el bosque.
Se dispuso a escalarla para poder comprobar la bondad de aquel punto de vista, dejando todas sus armas en el suelo, a excepción del puñal corto que siempre guardaba en su cintura. La piedra apenas presentaba fisuras a las que agarrarse, su base estaba sembrada de pequeñas rocas puntiagudas que hacían más peligrosa la escalada en caso de caída, pero las dificultades, lejos de limitar a Brian, le infundían valor.
Una vez en la cima, se dio cuenta de que aquella roca extraña y difícil de escalar estaba justo en aquel momento orientada en dirección a la luna. Calculó por la posición de la luna respecto al bosque que debía ser medianoche. Soplaba una suave brisa que no era demasiado fría pues la primavera ya había llegado y se había prendido fuego a las hogueras como ofrenda a los dioses para que el resultado de las cosechas fuera bueno y para que sus almas se purificaran de malos espíritus.
De pronto, nuestro valiente guerrero quedó cegado por una luz cuyo origen ignoraba. Se agachó sobre al apéndice puntiagudo en el que terminaba la roca, y esforzándose por no perder el equilibrio debido a la falta de visión, pasaron algunos segundos y un sudor frío empezó a resbalar por su frente. Su primera idea fue que se encontraba frente a la manifestación de alguna divinidad del bosque que moraba en las cercanías de esa piedra, y él había osado molestar entrando en sus dominios. Había roto la única regla que por generaciones su familia había obedecido y temido.
Comprendió entonces, que ante esa situación su fin estaba cercano, aunque sus ansias juveniles de vivir le obligaron a seguir pensando, él había sido buen seguidor de las enseñanzas de los druidas, siempre había sido respetuoso al extremo en los sacrificios a los dioses, y ahora se preguntaba porque había caído en su desagrado.
Mientras tanto la luz había ido disminuyendo en intensidad sin que el céltico guerrero lo hubiera notado, pues mantenía sus ojos sellados de temor. Escucho un susurro seguido de una brisa de aire que le dio suavemente en la cara como devolviéndole el aliento a su espíritu, se reanimo de tal forma que abrió los ojos. Poco a poco fue teniendo una visión clara de lo que frente a él se encontraba. Desde la misma luna una intensa luz iluminaba un cuerpo de mujer joven, Brian tímidamente la miró. Vestía blanca túnica, su pelo era como el de Brian, del color de los campos sembrados de espigas, del color del sol y su gesto dulce, lo tranquilizó.
Vio también que la mujer que se encontraba frente a él no se apoyaba sobre ningún elemento, y sin embargo estaba a la misma altura que él sobre la cima de la roca. Su temor volvió a aflorar, era el miedo a lo sobrenatural, a lo divino. Pensó que la única alternativa era saltar de esa roca y salir corriendo a encontrar al resto de su grupo antes de que ese espíritu decidiese mostrar su poder. Tensó sus músculos y se dispuso a saltar al suelo, la altura de la roca era como de unas diez veces la longitud del cuerpo de Brian, pero eso no le importaba, solo quería correr y seguir viviendo. Cuando estaba a punto de saltar, la mujer que estaba frente a él callada, sonrío con dulzura, y Brian que seguía teniendo un miedo atroz, se quedó paralizado por unos segundos, perplejo ante la belleza de la imagen que frente a él se encontraba, como si fuese teniendo menos miedo por instantes.
Transcurrieron algunos segundos más, durante los cuales el joven no se atrevió ni a pestañear, pero de pronto la luz fue perdiendo intensidad hasta que desapareció del todo.
El aire volvió a soplar de nuevo y el guerrero se encontró de pronto de nuevo en la conciencia de su situación anterior, los demás del grupo seguro que debían andar buscándole y él no podía saber que tiempo había transcurrido desde que se separó de ellos, para él había sido como una eternidad.
Destrepó los pasos de roca hasta llegar a la base de la piedra, recuperó el resto de sus armas y empezó a correr en la dirección en la que había abandonado el grupo, tras avanzar unos metros se volvió a mirar hacia la roca y la zona del bosque más iluminada que ahora se encontraban detrás de él, la luna seguía clareando esa parte del denso hayedo como si fuese pleno día.
Brian mientras corría al encuentro de sus compañeros, pensó que esa noche se había encontrado frente al espíritu de la mismísima luna en el bosque, y estaba seguro de que él y los suyos esa noche iban a vencer a sus enemigos de la tribu vecina, porque esa noche iban a contar con una ayuda inestimable. Esa noche tenían como aliada a la LUNA
Versión: Mirta Rodriguez
El Perseguidor

-Esto del tiempo es complicado, me agarra por todos lados. Me empiezo a dar cuenta poco a poco de que el tiempo no es como una bolsa que se rellena. Quiero decir que aunque cambie el relleno, en la bolsa no cabe más que una cantidad y se acabó. ¿Ves mi valija, Bruno? Caben dos trajes, y dos pares de zapatos. Bueno, ahora imagínate que la vacías y después vas a poner de nuevo los dos trajes y los dos pares de zapatos, y entonces te das cuenta de que solamente caben un traje y un par de zapatos. Pero lo mejor no es eso. Lo mejor es cuando te das cuenta de que puedes meter una tienda entera en la valija, cientos y cientos de trajes, como yo meto la música en el tiempo cuando estoy tocando, a veces. La música y lo que pienso cuando viajo en el métro.
-Cuándo viajas en el métro.
-Eh, sí, ahí está la cosa -ha dicho socorronamente Johnny-. El métro es un gran invento, Bruno. Viajando en el métro te das cuenta de todo lo que podría caber en la valija. A lo mejor no perdí el saxo en el métro, a lo mejor...
-Mejor es no confundir las cosas -dice después de un rato-. Lo perdí y se acabó. Pero el métro me ha servido para darme cuenta del truco de la valija. Mira, esto de las cosas elásticas es muy raro, yo lo siento en todas partes. Todo es elástico, chico. Las cosas que pacecen duras tienen una elasticidad... Piensa, concentrándose.
-...una elasticidad retardada -agrega sorprendentemente. Yo hago un gesto de admiración aprobatoria. Bravo, Johnny. El hombre que dice que no es capaz de pensar. Vaya con Johnny. Y ahora estoy realmente interesado por lo que va a decir, y él se da cuenta y me mira más socarronamente que nunca.
-Cuándo viajas en el métro.
-Eh, sí, ahí está la cosa -ha dicho socorronamente Johnny-. El métro es un gran invento, Bruno. Viajando en el métro te das cuenta de todo lo que podría caber en la valija. A lo mejor no perdí el saxo en el métro, a lo mejor...
-Mejor es no confundir las cosas -dice después de un rato-. Lo perdí y se acabó. Pero el métro me ha servido para darme cuenta del truco de la valija. Mira, esto de las cosas elásticas es muy raro, yo lo siento en todas partes. Todo es elástico, chico. Las cosas que pacecen duras tienen una elasticidad... Piensa, concentrándose.
-...una elasticidad retardada -agrega sorprendentemente. Yo hago un gesto de admiración aprobatoria. Bravo, Johnny. El hombre que dice que no es capaz de pensar. Vaya con Johnny. Y ahora estoy realmente interesado por lo que va a decir, y él se da cuenta y me mira más socarronamente que nunca.
Julio Cortázar
www.juliocortazar.com.ar
http://www.literaberinto.com/
Y así fue ........
Crunnchu Mac Agnoman era un noble rico que disfrutaba de todos los bienes a los que se aspiraba en la época. Tenía cuatro hijos pero acababa de enviudar. Macha, con el aspecto de una hermosa mujer, se hizo presente en su casa y se puso a su servicio organizando el hogar y a sus criados. Por la noche, compartieron la cena, sin que el noble caballero se atreviera a decir palabra, ya que temía que Macha desapareciere como un espíritu, y luego hicieron el amor. De este modo y de acuerdo a la tradición celta, Macha y Crunnchu, se habían convertido en esposos.
Creo no haberlo dicho antes, pero Macha era una diosa, tenía como animal totémico el caballo y le gustaba al amanecer, competir con estos animales corriendo carreras, cuando todo el mundo dormía.
El número de caballos de Crunnchu, aumento considerablemente. Macha quedó embarazada. En la casa reinaba la felicidad.
A pesar de los ruegos de Macha, Crunnchu se vio obligado a asistir a las asambleas anuales. Macha le advirtió que cualquier comentario sobre la relación que los unía podría atraer todo tipo de desgracias, incluso llegar a separarlos. Le suplicó que se quedara, pero fue en vano. Un noble de su categoría estaba obligado a concurrir. El mismísimo Rey de Ulster Conchobar, presidiría la reunión, así que Crunnchu fue, pero prometió no decir palabra de su relación con Macha.
En un momento, cuando algún noble presente en el lugar alabó la velocidad de sus caballos, no sabemos si por influencia de la cerveza que se bebía sin límites, Crunnchu, rompió su promesa, habló de su mujer y dijo que ella era capaz de ganarle en una carrera a cualquier caballo del mundo.
Conchobar, desafía al noble: si lo dicho es verdad… que tu mujer venga y nos lo demuestre.
Macha se ve forzada a concurrir. Si no se presenta matarán a Crunnchu. Entonces, cuando llega pide un plazo para realizar la carrera. Ofrece realizarla después de dar a luz… Pero como ya les dije, el alcohol corría en la fiesta como si fuera agua y nublaba el entendimiento de los presentes, por eso Macha no tiene más remedio que aceptar la carrera. Sobrepasa a los cuadrúpedos rápidamente, pero al llegar a la meta, cae al suelo y entre gritos de dolor, da a luz gemelos. Ante los gritos y en presencia del parto, los hombres se dan cuenta de lo que han hecho. Pero ya es tarde.
La diosa se pone de pie y dice a todos quién es Macha hija de Sainreth MacImbaith y maldice a todos los presentes, porque no han tenido piedad con ella, la vergüenza y el deshonor volverán a ellos en cobardía. Cada vez que el reino se encuentre en peligro, sentirán dolores como de parto durante cuatro días y cinco noches y esto sucederá hasta completar las nueve generaciones..
Y así fue...
Creo no haberlo dicho antes, pero Macha era una diosa, tenía como animal totémico el caballo y le gustaba al amanecer, competir con estos animales corriendo carreras, cuando todo el mundo dormía.
El número de caballos de Crunnchu, aumento considerablemente. Macha quedó embarazada. En la casa reinaba la felicidad.
A pesar de los ruegos de Macha, Crunnchu se vio obligado a asistir a las asambleas anuales. Macha le advirtió que cualquier comentario sobre la relación que los unía podría atraer todo tipo de desgracias, incluso llegar a separarlos. Le suplicó que se quedara, pero fue en vano. Un noble de su categoría estaba obligado a concurrir. El mismísimo Rey de Ulster Conchobar, presidiría la reunión, así que Crunnchu fue, pero prometió no decir palabra de su relación con Macha.
En un momento, cuando algún noble presente en el lugar alabó la velocidad de sus caballos, no sabemos si por influencia de la cerveza que se bebía sin límites, Crunnchu, rompió su promesa, habló de su mujer y dijo que ella era capaz de ganarle en una carrera a cualquier caballo del mundo.
Conchobar, desafía al noble: si lo dicho es verdad… que tu mujer venga y nos lo demuestre.
Macha se ve forzada a concurrir. Si no se presenta matarán a Crunnchu. Entonces, cuando llega pide un plazo para realizar la carrera. Ofrece realizarla después de dar a luz… Pero como ya les dije, el alcohol corría en la fiesta como si fuera agua y nublaba el entendimiento de los presentes, por eso Macha no tiene más remedio que aceptar la carrera. Sobrepasa a los cuadrúpedos rápidamente, pero al llegar a la meta, cae al suelo y entre gritos de dolor, da a luz gemelos. Ante los gritos y en presencia del parto, los hombres se dan cuenta de lo que han hecho. Pero ya es tarde.
La diosa se pone de pie y dice a todos quién es Macha hija de Sainreth MacImbaith y maldice a todos los presentes, porque no han tenido piedad con ella, la vergüenza y el deshonor volverán a ellos en cobardía. Cada vez que el reino se encuentre en peligro, sentirán dolores como de parto durante cuatro días y cinco noches y esto sucederá hasta completar las nueve generaciones..
Y así fue...
Versión: Mirta Rodríguez
martes, 10 de noviembre de 2009
CON EJEMPLOS MUESTRA A FLORA LA BREVEDAD DE LA HERMOSURA, PARA NO MALOGRARLA
Sonetos Líricos de Quevedo
La mocedad del año, la ambiciosa
vergüenza del jardín, el encarnado
oloroso rubí, tiro abreviado,
también del año presunción hermosa:
la ostentación lozana de la rosa,
deidad del campo, estrella del cercado,
el almendro en su propia flor nevado,
que anticiparse a los calores osa:
reprensiones son, ¡oh Flora!, mudas
de la hermosura y la soberbia humana,
que a las leyes de flor está sujeta.
Tu edad se pasará mientras lo dudas,
de ayer te habrás de arrepentir mañana,
y tarde, y con dolor, serás discreta.
http://www.los-poetas.com
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