jueves, 21 de mayo de 2015

Don Segundo Sombra - Parte 4



Desde la cocina entreveíamos el galpón, al que iban llegando como avanzadas de fiesta algunos charrés y gente de a caballo. Adivinábamos risas de mujeres en los carruajes y poco a poco la cocina fue llenándose de paisanos que saludaban, alegres o taimados. 
Ya la gente se había amontonado por demás y salimos con Pedro a curiosear lo que sucedía en el salón del baile. 
Intimidados, a pesar de nuestros alardes, nos asomamos al recinto antes lleno de bolsas, maquinarias y cueros, entonces preparado con ostentación de lámparas, velas, candiles y banderitas, a contener la alegría de un centenar de parejas. 
El centro despejado y limpio, asustaba y atraía como un remanso. En las sillas que formaban cuadros, apoyadas contra la pared, había mujeres de todas las edades, algunas con chicos en las faldas, los que asustados miraban con grandes ojos, o cansados dormían sin reparar en conversaciones, ni luces, ni colores. 
Las mujeres, según la edad, vestían ropas oscuras o claras faldas floreadas. Algunas llevaban pañuelo en el pescuezo, otras en la cabeza. Todas parecían recogidas en una meditación mística, como si esperaran el advenimiento de un milagro o la entrada de algún entierro. Pedro me golpeaba disimuladamente el muslo con el puño: 
-Vamoh'ermanito, que aurita dentra el finao. 
Del galpón nos dirigimos a una carpa improvisada con las lonas de las parvas, donde nos tentó una hilera de botellas y misteriosas canastas, tapadas con coloreados pañuelos, que según nuestros cálculos debían esconder alfajores, pasteles, empanadas y tortas fritas. 
Pedro interpeló al muchacho, que se aburría entre tanta golosina con ojos hinchados de sueño: 
-Pase un frasco, compañero, que se van a redamar de llenos y nosotros estamos vacidos. 
-¿No serán ustedes los llenos? 
-De viento, puede ser. 
-Y de intenciones. 
-No sé mamarme con eso, mozo. 
-Ni quiere tampoco el patrón que naides se mame. 
-¿Y los pasteles? 
-Después que se hayan servido las señoras y las mozas. 
-Jue'pucha -concluyó Pedro-, usté nos ha resultao un chancho que no da tocino. 
El guardián de las golosinas y los licores se rió, y nos volvimos con propósito de asearnos un poco, porque ya los guitarreros y acordeonistas preludiaban y no queríamos perder el baile. 




Ricardo Güiraldes (1886-1927)
Fuente: Segunda edición, San Antonio de Areco, Proa, 1926.

http://www.biblioteca.clarin.com/pbda/novela/segundo_sombra/segundo_10.htm

Don Segundo Sombra - Parte 3




Mi fantasía empezó a trabajar, animada por una fuerza nueva, y mi pensamiento mezcló una alegría a las vastas meditaciones nacidas de la pampa. 
A esa altura de mis mecedoras evocaciones, el bayo Comadreja dio una espantada que casi me quita el maneador de entre las manos. 
Siguiendo su mirada vi en la orilla opuesta del río asomar la socarrona cabecita de un zorro. 
Me dio vergüenza, como si hubiera burla en la atención de aquel bicho astuto. 
Me levanté, tosí, acomodé las jergas del recado, enriendé el caballo y una vez montado emprendí el retorno a las casas. 
Saliendo de las barrancas, vi tendido delante mío un vasto potrero y a lo lejos divisé el monte. 
La estancia era grande y bien poblada. Diez leguas, ocho puestos, monte grande, con calles cuidadas, galpones; casa lujosa y un jardín de flores como nunca antes vi. Habíamos changado en unos trabajos de aparte, y ese día de Navidad el patrón daba un gran baile para mensuales, puesteros y algunos conocidos del campo. 
A la mañana había yo ayudado a limpiar y adornar el galpón de esquila, que quedó emperifollado como una iglesia, y mientras volvía, que era para la oración, prometíme una buena noche de parranda como no se presenta en muchas ocasiones. Además, allí, en un puesto medio perdido en los juncales de un bajo, había conocido una mocita con más coqueterías que un jilguero. No sería mal arrimar un poquito de leña a ese fuego. 
Entre tanto, mi bayo iba pisando con desconfianza entre matas de paja colorada y esparto. A mis espaldas quedaba la laguna cubierta por la bruma de un griterío confuso y ya tímido. Entré a una calle del monte. Los troncos vibraban aún de luz. Me encontré de improviso con otro jinete ante cuya semblanza mis ojos dudaron un momento. 
-¿Sos vos Pedro? 
-Barrales de apelativo. Yo mesmo soy. He sabido que andabas por acá y he venido a toparte solo pa que me contés de tu vida. 
-Y es claro que vos no más habías sido. Con razón cuando te vide las viruelas me dije: Esa es cara con hocico. 
-¿Y yo, hermanito? ¡Si te habré extrañao! ¿Creerás que dende que no te veo no puedo miar? 
Con qué gusto encontraba a mi bueno y viejo compañero del primer arreo, cuya alegría dicharachera había dejado en mi memoria la resonancia de un cencerro. 
Hasta llegar al palenque, me hizo decir cuanto quiso sobre lo sucedido en mi existencia desde que no nos habíamos visto, y comentaba a antojo mis relatos con ingeniosos parangones o burlas simpáticas. Convinimos andar juntos en el baile y comimos codo a codo, en cuclillas, al lado del asador rodeado por unos treinta hombres. 

miércoles, 20 de mayo de 2015

Don Segundo Sombra - Parte 2

También por él supe de la vida, la resistencia y la entereza en la lucha, el fatalismo en aceptar sin rezongos lo sucedido, la fuerza moral ante las aventuras sentimentales, la desconfianza para con las mujeres y la bebida, la prudencia entre los forasteros, la fe en los amigos. 


Y hasta para divertirme tuve en él a un maestro, pues no de otra parte me vinieron mis floreos en la guitarra y mis mudanzas en el zapateo. De su memoria saqué estilos, versadas y bailes de dos, e imitándolo llegué a poder escobillar ungatoo untriunfoy a bailar unahuella o unprado. Coplas y relaciones sobraban en su haber para hacer sonrojar de gusto o de pudor a un centenar de chinas. 

Pero todo eso no era sino un resplandorcito de sus conocimientos y mi admiración tenía donde renovarse a diario. 

¡Cuánto había andado ese hombre! 

En todos los pagos tenía amigos, que lo querían y respetaban, aunque poco tiempo paraba en un punto. Su ascendiente sobre los paisanos era tal que una palabra suya podía arreglar el asunto más embrollado. Su popularidad, empero, lejos de servirle, parecía fatigarlo después de un tiempo. 
-Yo no me puedo quedar mucho en nenguna estancia -decía- porque en seguida estoy queriendo mandar más que los patrones. 
¡Qué caudillo demontonera hubiera sido! 

Pero por sobre todo y contra todo, Don Segundo quería su libertad. Era un espíritu anárquico y solitario, a quien la sociedad continuada de los hombres concluía por infligir un invariable cansancio. 
Como acción, amaba sobre todo el andar perpetuo; como conversación, el soliloquio. 

Llevados por nuestro oficio, habíamos corrido gran parte de la provincia: Ranchos, Matanzas, Pergamino, Rojas, Baradero, Lobos, el Azul, Las Flores, Chascomús, Dolores, el Tuyú, Tapalqué y muchos otros partidos nos vieron pasar cubiertos de tierra o barro, a la cola de un arreo. Conocíamos las estancias de Roca, Anchorena, Paz, Ocampo, Urquiza, los campos de "La Barrancosa", "Las Víboras", "El Flamenco", "El Tordillo", en que ocasionalmente trabajamos, ocupando los intervalos de nuestro oficio. 

Una virtud de mi protector me fue revelada en las tranquilas pláticas de fogón. Don Segundo era un admirable contador de cuentos, y su fama de narrador daba nuevos prestigios a su ya admirada figura. Sus relatos introdujeron un cambio radical en mi vida. Seguía yo de día siendo un paisano corajudo y levantisco, sin temores ante los riesgos del trabajo; pero la noche se poblaba ya para mí de figuras extrañas y una luz mala, una sombra o un grito me traían a la imaginación escenas de embrujados por magias negras o magias blancas. 

Don Segundo Sombra - Parte 1



Capítulo X


Le saqué el freno que recién se estaba acostumbrando a cascar; le aflojé el maneador lo más posible para que bebiera tranquilo. 
El bayo se arrimó al agua, que tocó con cauteloso hocico, y apurado por la sed bebió a sorbos interrumpidos, sin apartar de mí su ojo vivaz. Era un buen pingo arisco aún y lleno de desconfiadas cosquillas. Lo miré con orgullo de dueño y de domador, pues estaba seguro de que pronto sería unchuzo envidiable. Los tragos pasaban con regularidad de pulso por su garguero. Levantó la cabeza, se enjuagó la boca, aflojando los belfos al paso de su larga lengua rosada. De pronto se quedó estirado de atención, las orejas rígidas, esperando la repetición de algún ruido lejano. 
-Comadreja -dije bajo, llamándolo por su nombre. 
El bayo se volvió hacia mí, resopló como inquieto y comenzó a mordisquear la fina gramilla ribereña. Tranquilizado, comió glotonamente, recogiendo entre sus labios movedizos los bocados, que luego arrancaba haciendo crujir los pequeños tallos. 
Mi vista cayó sobre el río, cuya corriente apenas perceptible hacía cerca mío un hoyuelo, como la risa en la mejilla tersa de un niño. 
Así, evoqué un recuerdo que parecía perdido en la aburrida bruma de mi infancia. 
Hacía mucho tiempo, cinco años si mal no recordaba, intenté una recopilación de los insulsos días de mi existencia pueblera, y resolví romperla con un cambio brusco. 
Era a orillas de un caserío, a la vera de un arroyo. A pocos pasos había un puente y hacia el medio del arroyo un remanso en el que solía bañarme. 
¡Qué distintas imágenes surgían de mi nueva situación! Para constatarlo no tenía más que mirar mi indumentaria de gaucho, mi pingo, mi recado. 
Bendito el momento en que a aquel chico se le ocurrió huir de la torpe casa de sus tías. Pero, ¿era mío el mérito? 
Pensé en Don Segundo Sombra, que en su paso por mi pueblo me llevó tras él, como podía haber llevado un abrojo de los cercos prendidos en el chiripá. 
Cinco años habían pasado sin que nos separáramos ni un solo día, durante nuestra penosa vida de reseros. Cinco años de esos hacen de un chico un gaucho, cuando se ha tenido la suerte de vivirlos al lado de un hombre como el que yo llamaba mi padrino. El fue quien me guió pacientemente hacia todos los conocimientos de hombre de pampa. El me enseñó los saberes del resero, las artimañas del domador, el manejo del lazo y las boleadoras, la difícil ciencia de formar un buen caballo para el aparte y las pechadas, el entablar una tropilla y hacerla parar a mano en el campo, hasta poder agarrar los animales donde y como quisiera. Viéndolo me hice listo para la preparación de lonjas y tientos con los que luego hacía mis bozales, riendas, cinchones, encimeras, así como para injerir lazos y colocar argollas y presillas. 
Me volví médico de mi tropilla, bajo su vigilancia, y fui baquiano para curar el mal del vaso dando vuelta la pisada, el moquillo con la medida del perro o labrando un fiador con trozos de un mismo maslo, el mal de orina poniendo sobre los riñones un cataplasma de barro podrido, la renquera de arriba atando una cerda de la cola en la pata sana, los hormigueros con una chaira caliente, los nacidos, cerda brava y otros males, de diferentes modos. 

jueves, 14 de mayo de 2015

Las manos ...y la mente



"A veces me miro mis manos y me doy cuenta que podría haber sido un gran pianista o algo así. Pero, ¿Qué han hecho mis manos?. Rascarme las pelotas, firmar cheques, atar zapatos, tirar de la cadena de los inodoros, etc., etc. He desaprovechado mis manos. Y mi mente." 


martes, 12 de mayo de 2015

Don Segundo Sombra – Parte 5

Mi morochita era indudablemente la prenda más vivaracha de la fiesta y, como ya el amanecer nos sugería un deseo de blando descanso, no dejaba de anegarme en sus ojos chispones y en la risa carnosa de sus labios, dispuestos a la contestación tierna. 

Un poco turbado por mis propios piropos y su consentimiento intenté apartarla, invitándola a tomar un refresco en la carpa. Cuando, con una hábil y costosa maniobra, pude llevarla hasta quedar escondido de la gente por la lona del improvisado boliche, le tomé la mano pretendiendo sin más aviso darle un beso. Luchamos un momento y me sentí rudamente apartado ante su mirada de enojo. 

Volvimos al baile sin que se me ocurriese una artimaña para desagraviarla, y aunque fuera yo a pedirle tres piezas consecutivas negóse con pretextos nimios. 

Rabioso, pensé en el trato benévolo de la de verde. 
Al rato estaba muy bien de relaciones con mi nueva amiga, y hasta me acusaba de haber sido un sonso en desperdiciar mi tiempo con la otra. 

Tiernamente, al concluir una polca, le oprimí los dedos; pero debía estar de mala pata esa noche porque se me cuadró en actitud altanera diciéndome: 
-¿Se ha creído que soy escoba'e barrer sobras? 
Adiós todos mis placeres de la noche. De pronto, la gente que me codeaba empezó a pesarme, como un caballo que lo ha apretado a uno en la rodada. 

Me abrigué en la sociedad de Perico. 
-Ve, ve -me decía éste señalando una pareja de gringos que pasaba bailando a saltos-. ¡Cha que son gauchitos, si van como arrancando clavos con los talones! 
Y al notar mi seriedad, volvió hacia mí sus bromas: 
-No ves que el andar saltando al pedo no lleva a nada güeno. ¿Te han basuriao, hermano? ¡Pobrecito! ¡Si te has quedao con la pontizuela caída! 

Y Pedro aflojaba el labio inferior con expresión que trataba de acercar, lo más posible, a la de un freno con pontezuela. 
De golpe me fui por el día ya alto a tender mi recado y dormir unas horas. 



Ricardo Güiraldes (1886-1927)
Fuente: Segunda edición, San Antonio de Areco, Proa, 1926. 

Don Segundo Sombra – Parte 4


El cuadro dio una vuelta, el cantor continuaba: 


                                   "Vuela la infeliz, vuela, ay que me embarco 
                                   en un barco pequeño, mi vida, pequeño barco." 

Las mujeres tomaron entre sus dedos las faldas, que abrieron en abanico, como queriendo recibir una dádiva o proteger algo. Las sombras llamearon sobre los muros, tocaron el techo, cayeron al suelo como harapos, para ser pisadas por los pasos galanos. Un apuro repentino enojó los cuerpos viriles. Tras el leve siseo de las botas de potro trabajando un escobilleo de preludio, los talones y las plantas traquetearon un ritmo, que multiplicó de impaciencia el amplio acento de las guitarras esmeradas en marcar el compás. Agitábanse como breves aguas los pliegues de los chiripases. Las mudanzas adquirieron solturas de corcovo, comentando en sonantes contrapuntos el decir de los encordados. 
Repetíase el paseo y la zapateada. Un rasgueo sólo batió cuatro compases. Otra vez los pasos largos descansaron el baile. Volvieron a sonar talones y espuelas en una escasa sobra de agitación. Las faldas femeninas se abrieron, más suntuosas, y el percal lució como pequeños campos de trébol florido, la fina tonalidad de su lujo agreste. 
Murió el baile sobre un punto final, marcado y duro. 
Algunas mujeres hacían muecas de desagrado ante las danzas paisanas, que querían ignorar; pero una alegría involuntaria era dueña de todos nosotros, pues sentíamos que aquélla era la mímica de nuestros amores y contentos. 
A mi vez fui parte del cuadro con Don Segundo y mi elegida. Era un gato con relación. 
Cuando quedamos aislados en el silencio, deletrié claramente mis versos: 


                                   "Para venir a este baile puse un lucero de guía, 
                                   porque supe que aquí estaba la prenda que yo quería." 

Por la derecha dimos una vuelta y zapateamos una mudanza. Quieto esperé la respuesta, que vino sin tardar: 


                                   "De amores me estás hablando, yo de amores nada sé. 
                                   Pero si en amor sos sabio, se me hace que aprenderé." 

A su vez tocó el turno a Don Segundo, que avanzó hacia su compañera retándola con firme voz de amenaza: 


                                   "Una, dos, tres, cuatro. 
                                   Si no me querés me mato." 

Concluida la vuelta, contestó con gran indiferencia y encogiéndose de hombros la voluminosa Doña Encarnación: 


                                   "Una, dos, tres. 
                                   Matate si querés." 

Entre burlas y galanteos siguió el juego de los versos. 
Bailamos un triunfo y un prado y enardecidos nos entreveramos cada vez más con mi morocha, lanzándonos palabras que por ir en rima nos parecían disimuladas. 
Una muchacha cantó. Un hombre tenía que contestar con una relación, porque era de uso. Pero ¿quién se atreve a declamar una versada jocosa, paseando de una punta del salón a la otra ante el silencio de los demás? 
Don Segundo quedó de pronto en el centro de la rueda. 
La curiosidad volvía mudos a los mirones. Mi padrino se quitó el chambergo y pasó el antebrazo por la frente, en señal de trabajoso pensamiento. Por fin, pareciendo haber encontrado inspiración, echó una mirada circular y prorrumpió con voz fuerte: 


                                   "Yo soy un carnero viejo de la majada'e San Blas." 
Dio una vuelta como prestándose a la observación: 


                                   "Ya me han visto por delante..." 
Y tomando dirección lentamente hacia la puerta de salida concluyó con desgano: 



                                   "...ahora mirenmé de atrás." 

Don Segundo Sombra – Parte 2

Sólo los alocados surtían el grito necesario de toda emoción. 

Yo me enervaba al lado de Perico, sorprendido como en una iglesia. Peleaban en mí los deseos de sacar a mi mocita de punzó y la vergüenza. Calló un intervalo el acordeón monótono. El bastonero golpeó las manos: 
-¡La polca'e la silla! 

Un comedido trajo el mueble que quedó desairado en medio del aposento. El patrón inició la pieza con una chinita de verde, que luego de dar dos vueltas, envanecida, fue sentada en la silla, donde quedó en postura de retrato. 
-¡Qué cotorra pa mi jaula! -decía Pedro; pero yo estaba, como todos, atento a lo que iba a suceder. 
-¡Feliciano Gómez! 
Un paisano grande quería disparar, mientras lo echaban al medio donde quedó como borrego que ha perdido el rumbo de un golpe. 
-Déjenlo que mire p'al siñuelo -gritaba Pedro. 

El mozo hacía lo posible por seguir la jarana, aunque se adivinara en él la turbación del buen hombre tranquilo nunca puesto en evidencia. Por fin tomó coraje y dio seis trancos que lo enfrentaron a la mocita de verde. Fue mirado insolentemente de pies a cabeza por la moza, que luego dio vuelta con silla, dejándolo a su espalda. 
El hombre se dirigió al patrón con reproche: 
-También, señor, a una madrinita como ésta no se le acollara mancarrón tan fiero. 
-¡Don Fabián Luna! 
Un viejo de barba larga y piernas chuecas, se acercó con desenvoltura para sufrir el mismo desaire. 
-Cuando no es fiero es viejo -comentó con buen humor. Y soltó una carcajada como para espantar todos los patos de una laguna. 
El patrón se fingía acobardado. 
-Alguno mejor parecido y más mozo, pues -aconsejaba Don Fabián. 
-Eso es; nómbrelo usted. 
-Tal vez el reserito ... 

No oí más y me sentí como potro sobre un maneador seguro, pero estaba contra la pared y no pude bandearla para encontrar la noche, en que hubiera deseado perderme. 

La atención general me hizo recordar mi audacia de chico pueblero. Con paso firme me acerqué, levanté el chambergo sobre la frente, crucé los brazos y quebré la cadera. 
La muchacha pretendió intimidarme con su ya repetida maniobra. 
-Cuanti más me mire -le dije- más seguro que me compra. 
Seguidamente salimos a dar, bailando, nuestras dos reglamentarias vueltas, orillando la hilera de mirones. 
-¿Qué gusto tendrán los norteros? -dijo como para sí la moza al dejarme en la silla. 
-A la derecha usamos los chambergos -comenté a manera de indicación. 
A la derecha dio ella tres pasos, volviendo a quedar indecisa. 
-Po'l lao del lazo se desmontan los naciones -insistí. 
Y viendo que mis señas no eran suficientemente precisas, recité el versito: 


                                   "El color de mi querida es más blanco que cuajada, 
                                   pero endiciéndole envido se pone muy colorada." 


Esta vez fui entendido y tuve el premio de mi desfachatez cuando salí con mi morochita dando vueltas, no sé si al compás. 

lunes, 11 de mayo de 2015

Don Segundo Sombra – Parte 1


  
Capítulo XI


En el camino de luz proyectado por la puerta hacia la noche, los hombres se apiñaban como queresas en un tajo. Pedro me echaba por delante y entramos; pero mis pobres ropas de resero me restaban aplomo, de modo que nos acoquinamos a la orillita de la entrada. 
Las muchachas, modestamente recogidas en actitud de pudor, eran tentadoras como las frutas maduras que esperan en traje llamativo quien las tome para gozarlas. 
Corrí mi vista sobre ellas, como se corre la mano sobre un juego de bombas trenzadas. De a una pasaron bajo mi curiosidad sin retenerla. 
De pronto vi a mi mocita, vestida de punzó, con pañuelo celeste al cuello, y me pareció que toda su coquetería era para mí solo. 
Un acordeón y dos guitarras iniciaron una polca. Nadie se movía. 
Sufría la ilusión de que toda la paisanada no tenía más razón de ser que la de sus manos, inhábiles en el ocio. Eran aquéllas unos bultos pesados y fuertes, que las mujeres dejaban muertos sobre las faldas y que los hombres llevaban colgados de los brazos como un estorbo. 
En eso, todos los rostros se volvieron hacia la puerta, al modo de un trigal que se arquea mirando viento abajo. 
El patrón, hombre fornido, de barba tordilla, nos daba las buenas noches con sonrisa socarrona: 
-¡A ver, muchachos, a bailar y divertirse como Dios manda! Vos Remigio y vos Pancho; usted Don Primitivo y los otros: Felisario, Sofanor, Ramón, Telmo..., síganme y vamos sacando compañeras. 
Un momento nos sentimos empujados de todas partes y tuvimos que hacer cancha a los nombrados. Bajo la voz neta de un hombre, los demás se sintieron unidos como para una carga. Y en verdad que no era poca hazaña tomar a una mujer de la cintura, para aquella gente que sola, en familia o con algún compañero, vivía la mayor parte del tiempo separada de todo trato humano por varias leguas. 
Un tropel se formó en el centro del salón, remolineó inquieto, se desparramó hacia las sillas estorbándose como hacienda sedienta en una aguada. 
Cada hombre dobló su importancia con la de la elegida. Arrancó el acordeonista a tocar un vals rápido. 
-¡A bailar por la derecha y sin encontrones! - gritó con autoridad el bastonero. Y las parejas tomadas de lejos, los pies cercanos, el busto echado para atrás, como marcando su voluntad de evitarse, empezaron a girar desafiando el cansancio y el mareo. 
Había comenzado la fiesta. Tras el vals tocaron una mazurca. Los mozos, los viejos, los chicos, bailaban seriamente, sin que una mueca delatara su contento. Se gozaba con un poco de asombro, y el estar así, en contacto con los géneros femeniles, el sentir bajo la mano algún corsé de rigidez arcaica o la carne suave y ser uno en movimiento con una moza turbada, no eran motivos para reír. 

Bukowski - Born Into This (Subtitulos Español)

domingo, 10 de mayo de 2015

Cruce de caminos



Recorriendo las páginas de la historia, desde una óptica negativa, podemos comprender que en el mundo siempre ha habido guerras, miseria, pestes y crueldades del hombre con el hombre. Y que en todos los tiempos, ha habido personas anunciando el fin o proclamando la llegada de tiempos de crisis imposibles de superar.
Érase una vez, un hombre que vivía muy cerca de un importante cruce de caminos.
Todos los días, a primera hora de la mañana, llegaba hasta allí donde instalaba un puesto rodante en cual vendía bocadillos que él mismo horneaba.
Era sordo, por lo tanto no escuchaba la radio, no veía muy bien, entonces ni un sólo día leía diarios. Pero eso sí, vendía exquisitos bocadillos.
Meses después alquiló un terreno, levantó un gran letrero de colores y personalmente pregonaba su mercancía gritando a todo pulmón:
“Compre deliciosos bocadillos calientes”, y la gente compraba cada día más.
Aumentó la compra de insumos, alquiló un terreno más grande y mejor ubicado y sus ventas se incrementaron día a día.
Su fama aumentaba y su trabajo era tanto que decidió buscar a su hijo, un hombre de negocios de una gran ciudad para que lo ayudara el negocio.
Al llamado del padre, su hijo respondió: “¡Pero Papá, no escuchás la radio ni lees los periódicos, ni ves televisión! ¡Este país está atravesando una gran crisis, la situación es muy mala, no podría ser peor!”.
El padre pensó: “Mi hijo trabaja en una gran ciudad, lee los periódicos y escucha la radio, tiene contactos importantes… Debe saber lo que habla…”
Así que revisó sus costos, compró menos pan y disminuyó la compra de cada uno de los ingredientes y dejó de promocionar su producto.
Su fama y sus ventas disminuyeron día a día.
Tiempo después desmontó el letrero y devolvió el terreno.
Aquella mañana llamó a su hijo y le dijo: “Tenías mucha razón, verdaderamente estamos atravesando una gran crisis”.
La historia de la humanidad demuestra que sólo triunfan aquellos que creen poder hacerlo.
Que no hay crisis o profecía alguna que pueda con un hombre que tiene la determinación de triunfar.
Que si enfrentamos la noche pensando en el fracaso, amaneceremos con el temor de fracasar.
El secreto de todo triunfo es creer en uno mismo, respetar nuestra intuición, saber escuchar, estudiar en profundidad cada situación, discernir,
actuar con confianza, certeza y seguridad.
Ser conscientes de que si logramos vencer las dificultades que se nos presentaron ayer, venceremos sin duda las de hoy, y que cuando llegue el momento tan temido, se dará en nosotros la fuerza, la voluntad y el criterio necesario para superar todas las dificultades.




lunes, 4 de mayo de 2015

El ingenio de una hormiga



Hace un tiempo me puse a observar detenidamente la vida de las hormigas, y confieso que quede asombrado al verlas trabajar con tanto orden y empeño. Pero una hormiga en particular atrajo mi atención. Negra y de tamaño mediano, la hormiga llevaba como carga una pajita que era seis veces más larga que ella misma.
Después de avanzar casi un metro con semejante carga, llegó a una especie de grieta, estrecha pero profunda, formada entre dos grandes piedras. Probó cruzar de una manera y de otra, pero todo su esfuerzo fue en vano. Hasta que por fin la hormiguita hizo lo insólito. Con toda habilidad apoyó los extremos de la pajita en un borde y otro de la grieta, y asi se construyó su propio puente, sobre el cual pudo atravesar el abismo. Al llegar al otro lado, tomó nuevamente su carga y continuó su esforzado viaje sin inconvenientes.
La hormiga supo convertir su carga en un puente, y así pudo continuar su viaje. De no haber tenido esa carga, que bien pesada era para ella, no habría podido avanzar en su camino… ¿Captamos la moraleja?
¿Cuántas veces nos quejamos por los problemas, las cargas y las pruebas que debemos soportar? Pero sin darnos cuenta, esas mismas cargas -bien tomadas- pueden convertirse en puentes y peldaños que nos ayudan a triunfar.

Desconozco su autor


jueves, 30 de abril de 2015

Dibujo a lápiz Cap. 10 "La nariz de frente"

El árbol confundido



Había una vez, en algún lugar que podría ser cualquier lugar, y en un tiempo que podría ser cualquier tiempo, un hermoso jardín, con manzanos, naranjos, perales y bellísimos rosales, todos ellos felices y satisfechos.
Todo era alegría en el jardín, excepto por un árbol profundamente triste.
El pobre tenía un problema: “No sabía quién era.”
Lo que le faltaba era concentración, le decía el manzano, si realmente lo intentas, podrás tener sabrosas manzanas.
“¿Ves que fácil es?”
No lo escuches, exigía el rosal. Es más sencillo tener rosas y “¿Ves que bellas son?”
Y el árbol desesperado, intentaba todo lo que le sugerían, y como no lograba ser como los demás, se sentía cada vez más frustrado.
Un día llegó hasta el jardín el búho, la más sabia de las aves, y al ver la desesperación del árbol, exclamó: No te preocupes, tu problema no es tan grave, es el mismo de muchísimos seres sobre la tierra. Yo te daré la solución:
“No dediques tu vida a ser como los demás quieran que seas…Sé lo que Dios quiere que seas, y para lograrlo, escúchalo.” Y dicho esto, el búho desapareció.
¿Lo que Dios quiere que sea…? Se preguntaba el árbol desesperado, cuándo de pronto, comprendió…
Y cerrando los ojos y los oídos, abrió el corazón, y por fin pudo escuchar:
“Tú jamás darás manzanas porque no eres un manzano, ni florecerás cada primavera porque no eres un rosal. Eres un roble, y tu destino es crecer grande y majestuoso. Dar cobijo a las aves, sombra a los viajeros, belleza al paisaje… Tienes una misión “Cúmplela”.
Y el árbol se sintió fuerte y seguro y se dispuso a ser todo aquello para lo cual había sido creado. Así, pronto llenó su espacio y fue admirado y respetado por todos.
Y sólo entonces el jardín fue completamente feliz.
¿Cuántos serán robles que no se permiten a sí mismos crecer?
¿Cuántos serán rosales que por miedo al reto, sólo dan espinas?
¿Cuántos, naranjos que no saben florecer?
En la vida, todos tenemos una misión que cumplir, un espacio que llenar… Solo hay que saber escuchar, en lo más profundo de nuestro ser para saber en verdad quienes somos….

Desconozco el autor.


miércoles, 22 de abril de 2015

El Reflejo de tus Actos

           
.
“Se dice que hace tiempo, en un pequeño y lejano pueblo, había una casa abandonada. Cierto día, un perrito buscando refugio del sol, logró meterse por un agujero de una de las puertas de dicha casa.
El perrito subió lentamente las viejas escaleras de madera. Al terminar de subirlas se topó con una puerta semi-abierta; lentamente se adentro en el cuarto. Para su sorpresa, se dio cuenta que dentro de ese cuarto habían 1000 perritos más, observándolo tan fijamente como él los observaba a ellos.
El perrito comenzó a mover la cola y a levantar sus orejas poco a poco.
Los 1000 perritos hicieron lo mismo.
Posteriormente sonrió y le ladró alegremente a uno de ellos. El perrito se quedó sorprendido al ver que los 1000 perritos también le sonreían y ladraban alegremente con él.
Cuando el perrito salió del cuarto se quedó pensando para si mismo:
“¡Qué lugar tan agradable… voy a venir más seguido a visitarlo!”
Tiempo después, otro perrito callejero entró al mismo sitio y se encontró en el mismo cuarto. Pero a diferencia del primero, este perrito al ver a los otros 1000 perritos del cuarto se sintió amenazado ya que lo estaban viendo de una manera agresiva.
Posteriormente empezó a gruñir; acto seguido vio como los 1000 perritos le
gruñían a él. Comenzó a ladrarles ferozmente y los otros 1000 perritos le ladraron también a él. Cuando este perrito salió del cuarto pensó:
“¡Qué lugar tan horrible es éste… nunca más volveré a entrar allí!”.
En el frente de dicha casa se encontraba un viejo letrero que decía: La casa de los 1000 espejos.
Todos los rostros del mundo son espejos. Decide cuál rostro llevarás por dentro y ese será el que mostrarás. El reflejo de tus gestos y acciones es lo que proyectas ante los demás.
“No eres responsable de la cara que tienes,
pero si eres responsable de la cara que pones”

Desconozco su autor.

sábado, 18 de abril de 2015

El árbol de los problemas



El carpintero que había contratado para ayudarme a reparar una vieja granja, acababa de finalizar un duro 
primer día de trabajo. Su cortadora eléctrica se daño y lo hizo perder una hora de trabajo y ahora su antiguo camión se niega a arrancar.

Mientras lo llevaba a casa, se sentó en silencio. Una vez que llegamos, me invito a conocer a su familia. Mientras nos dirigíamos a la puerta, se detuvo brevemente frente a un pequeño árbol, tocando las puntas de las ramas con ambas manos. Cuando se abrió la puerta, ocurrió una sorprendente transformación. Su bronceada cara estaba plena de sonrisas; abrazo a sus dos pequeños hijos y le dio un beso a su esposa.

Posteriormente me acompaño hasta el carro. Cuando pasamos cerca del árbol, sentí curiosidad y le pregunte acerca de lo que lo había visto hacer un rato antes. ‘Oh, ese es mi árbol de problemas’, contesto. Se que yo no puedo evitar tener problemas en el trabajo, pero una cosa es segura, los problemas no pertenecen a la casa, ni a mi esposa, ni a mis hijos. Así que simplemente los cuelgo en el árbol cada noche cuando llego a casa. Luego en la mañana los recojo otra vez.

Lo divertido es, dijo sonriendo, que cuando salgo en la mañana a recogerlos, no hay tantos como los que recuerdo haber colgado la noche anterior.


viernes, 17 de abril de 2015

Expresionismo - Historia del Arte





Historia del Arte del Expresionismo - Principio del Siglo XX. Este video enseña las distintas características del movimiento surgido en Alemania. Los artistas expresionistas se alejaron de todo academicismo y pintaron la preocupación y la angustia del periodo de preguerra. Pinturas violentas en sus formas y colores. Artistas como Franz Marc, Edvard Munch y Wassily Kandinsky, entre otros. Se estudia brevemente el movimiento del futurismo y sus características principales en un ejemplo del artista Carlo Carrá y la película de ciencia ficción Metrópolis.

Impresionismo - Historia del Arte





Historia del Arte del Impresionismo - Final del siglo XIX. Este video estudia un periodo muy importante en la historia del arte pues son los impresionistas los que inician una revolución en la pintura europea. Los artistas salen de su taller y pintan en el campo y en la ciudad con una pincelada más libre, estudiando los distintos momentos del día y la manera como la luz incide sobre los objetos y el paisaje. Artistas como Claude Monet, Camille Pissarro, Edgar Degas, Alfred Sisley, Auguste Renoir, Joaquín Sorolla.

martes, 14 de abril de 2015

¿Por qué gritamos?


Un día preguntó un sabio a sus amigos lo siguiente:
¿Por qué la gente se grita cuando están enojados? Los hombres pensaron
unos momentos:

Porque perdemos la calma – dijo uno – por eso gritamos.
– Pero ¿por qué gritar cuando la otra persona está a tu lado?, preguntó el sabio.
¿No es posible hablarle en voz baja? ¿Por qué gritas a una persona cuando estás enojado?
Los hombres dieron algunas otras respuestas pero ninguna de ellas satisfacía al sabio.
Finalmente él explicó:
Cuando dos personas están enojadas, sus corazones se alejan mucho. Para cubrir esa distancia deben gritar, para poder escucharse. Mientras más enojados estén, más fuerte tendrán que gritar para escucharse uno a otro a través de esa gran distancia.
Luego el sabio preguntó:- ¿Qué sucede cuando dos personas se enamoran? Ellos no se gritan sino que se hablan suavemente, ¿por qué? Sus corazones están muy cerca. La distancia entre ellos es muy pequeña.
El sabio continuó
Cuando se enamoran más aún, ¿qué sucede? No hablan, sólo susurran y se vuelven aun más cerca en su amor. Finalmente no necesitan siquiera susurrar, sólo se miran y eso es todo. Así es cuan cerca están dos personas cuando se aman.
Luego el sabio dijo:
Cuando discutan no dejen que sus corazones se alejen, no digan palabras que los distancien más, llegará un día en que la distancia sea tanta que no encontrarán más el camino de regreso.


Desconozco su autor.

viernes, 10 de abril de 2015

LIBROS Y PENSAMIENTOS


Viejos fantasmas que olvidó la muerte transportar
al otro lado del Leteo de los años
-he aquí mis amigos, pues ante sus lágrimas
lloro y con su júbilo me regocijo. 
Desde una atalaya, cuyas almenas
ponen todo el cielo ante mis ojos, 
en las largas noches estivales entro en trance, 
adormilado entre murmullos y fragancias
que manan de la tierra, en tanto el cielo sobre mí
con su paz funde la paz del alma mía, 
lo profundo hallando lo profundo. No hay agitación que conmoverme pueda, 
nada en mi liberación la calma rompe: 
en vano la iracunda luz del sol maldice
ante el silencio y la penumbra de las cavernas polares. 

ALDOUS HUXLEY

jueves, 9 de abril de 2015

El bicho de Kafka cumple un siglo - Parte 2


Un asunto nauseabundo que produce un miedo espeluznante. Kafka seguramente tenía razón cuando hablaba así de su pieza, pero lo paradójico del asunto, como ocurre con casi todo en su obra, es que el relato está también atravesado por un sutil humor y que habrá algunos a los que, más que miedo, lo que les inspira el viajante de comercio convertido en escarabajo es una tremenda ternura, simpatía, complicidad incluso. ¿De qué habla, en realidad, este cuento?

El responsable de la edición de las obras completas de Kafka en español, Jordi Llovet, ha escrito que hay algo esencial en su arte narrativo: “El sentido literal de un relato no es más que un armazón que sugiere, sino fuerza, una actividad interpretativa; y esa actividad no es sólo laberíntica, sino interminable”. Tiene razón, al mismo tiempo que se va leyendo la narración, van surgiendo hipótesis muy diferentes sobre el sentido de lo que cuenta. Hay, pues, muchas interpretaciones posibles. Y todas, además, perfectamente discutibles. Nabokov se enfadaba con aquellos que decían que el bicho era “muy apropiado para caracterizar el sentimiento de inutilidad frente al padre”: “Me interesan las chinches, no las chinchorrerías; así que rechazo esta clase de disparates”.

Eso sí, Kafka velaba constantemente por todos los detalles. Cuando el relato iba a publicarse en 1915, y supo que llevaría alguna ilustración, escribió de inmediato a los editores: “Resulta que se me ha ocurrido, dado de que Starke será realmente el ilustrador, que quizá esté en su deseo querer dibujar el mismísimo insecto. ¡Esto no, por favor! El insecto mismo no debe ser dibujado. Ni tan solo debe ser mostrado desde lejos...”. Conviene decir que en las ilustraciones de Antonio Santos del nuevo libro de Nórdica, el bicho no aparece por ninguna parte.

La transformación o La metamorfosis

Franz Kafka tituló su narración Die Verwandlung, cuya traducción literal es La transformación. Era un tipo extremadamente meticuloso, obsesivo incluso, con la utilización de las palabras, le interesaba su precisión y que dijeran exactamente lo que dicen. Así que no utilizó el término Metamorphose, que también existe en alemán y que acota el significado más general de “transformación” al referirlo específicamente al cambio que se produce cuando los seres humanos se convierten en animales, plantas, manantiales, etcétera.

“Yo traduje el libro de cuentos cuyo primer título es La transformación, y nunca supe por qué a todos les dio por ponerle La metamorfosis”, explicó Jorge Luis Borges en una entrevista publicada en EL PAÍS el 3 de julio de 1983. “Es un disparate. Yo no sé a quién se le ocurrió traducir así esa palabra del más sencillo alemán. Cuando trabajé con la obra, el editor insistió en dejarla así porque ya se había hecho famosa y se la vinculaba a Kafka”.

En el tercer volumen de las obras completas de Kafka que ha publicado Galaxia Gutenberg, se explica en las notas que el título procede seguramente de una precoz traducción (anónima) que se hizo de la narración en 1925 en Revista de Occidente. Fue ahí donde se tituló La metamorfosis. Sigue todavía teniendo fortuna.



El bicho de Kafka cumple un siglo - Parte 1


El 22 de noviembre de 1912 Max Brod, el amigo íntimo que desobedeció la orden de Franz Kafka de quemar todos sus escritos cuando hubiera muerto, le escribió a Felice Bauer, la entonces novia del escritor. Intentó explicarle que el autor pasaba una mala época y que sus padres no eran conscientes de que para un ser excepcionalcomo él “son necesarias condiciones igualmente excepcionales con objeto de que su delicada espiritualidad no se marchite”.
Ese ser excepcional, frágil, tremendamente nervioso, y básica y fundamentalmente obsesionado con la escritura, redactó entre el 17 de noviembre y el 7 de diciembre de 1912 una de las obras maestras de la literatura de todos los tiempos. Se publicó unos años después, en 1915, así que toca celebrar un siglo de vida de aquella singular historia que se inicia cuando el viajante de comercio Gregor Samsa, “tras despertar de un sueño intranquilo”, descubrió que se había transformado en “un monstruoso bicho”. La editorial Nórdica ha aprovechado la ocasión para estrenar una nueva traducción, de Isabel Hernández, en un volumen que ha ilustrado Antonio Santos, con prólogo de Juan José Millás y que ha optado por titular La metamorfosis. Navona se ha decantado en cambio por La transformación, y de llevar la narración del alemán al español se ha ocupado Xandru Fernández.

Kafka (1883-1924) había conocido a Felice en agosto de 1912 y en septiembre le escribió la primera carta. El 1 de noviembre ya le dejaba perfectamente claro cuál era su mayor obsesión: “Mi vida, en el fondo, consiste y ha consistido siempre en intentos de escribir, en su mayoría fracasados. Pero el no escribir me hacía estar por los suelos, para ser barrido”. Por entonces estaba trabajando en una novela, que Brod publicaría con el título de América. Pero se había atascado. Como a Felice le daba cumplida cuenta de todo lo que le ocurría, el 17 de ese mismo mes le anunció que se le había ocurrido un cuento que lo llevaba asediando desde “lo más hondo” de sí mismo.
Lo sorprendente de esta singular historia es la naturalidad con la que Gregor se toma su transformación. Las cosas han cambiado, parece que no lo entienden cuando se dirige a sus padres y a su hermana, va a llegar tarde al trabajo, no sabe muy bien todavía cómo va a bajar de la cama para ponerse en marcha, tiene un molesto dolor en el costado y cuando lo toca con una de sus patas siente escalofríos. Pero, en fin, Gregor es consciente de que algo tendrá que hacer, y se aplica a ello.
“También al héroe de mi cuento le han ido hoy las cosas excesivamente mal”, le contó Kafka a Felice en una carta del 23 de noviembre de aquel año. Le acababa de advertir que el cuento le daría “un miedo espeluznante”. El 24 insiste: “Mi amor, pero qué extremadamente repulsiva es la historia que acabo de apartar a un lado para recuperarme pensando en ti. Ha avanzado ya hasta un poco más de la mitad, y en conjunto no estoy descontento de ella, pero en cuanto a nauseabunda, lo es de un modo ilimitado, y cosas como esas, te das cuenta, provienen del mismo corazón en el que tú habitas y toleras como morada”.
El proceso de creación quedó consignado en las cartas a su novia.

Dibujo a lápiz Cap. 7 "El ojo de perfil y vistas"

viernes, 3 de abril de 2015

EL CHAMUYO (milonga)


Se bate, se chamuya, se parola,
se parlamenta reo, como "grilo",
y aunque la barra bufe y dé el "estrilo"
el lengo e' chile es un bacán de gola.

Si es vichenzo, escafaña y no la grola
lo catan pal' fideo manco dilo,
y hay cada espamentoso tirifilo,
más puntiagudo que zapallo angola.

El chamuyo cafiolo es una papa
cualquier mistongo el repertorio "ñapa"
y es respetao cuando lo parla un macho.

A veces si otro camba me lo emparda,
hay programa de espiche en la busarda
o se firma, con un feite, en el escracho.


Letra de Yacaré, música de Edmundo Rivero


Yacaré es el seudónimo de Felipe Fernández (1889-1929), un escritor popular de temas tangueros, especialmente versos o poesías.

bate, chamuya, parola, parlamenta: decir, hablar
grilo: bolsillo, robar del bolsillo
estrilar: irritarse, rabiar
lengo: pañuelo
lengo e’ Chile: posiblemente es el apodo de una persona (pañuelo de Chile)
vichenzo, escafaña: tonto, gil, otario
grola: revés de logra
manco dilo: no hace falta decirlo
tirifilo: petimetre, niño bien
cafiolo: rufián
papa: hermosa/o
ñapar: tomar, agarrar (es deformación de apañar)
camba: negro, compañero
espiche: herida en el vientre
busarda: estómago
feite: herida o cicatriz en la cara
escracho: rostro, cara